Críticas
Ultimas críticas musicales. Las críticas de espectáculos musicales de Gonzalo Alonso se publican también en "La Razón".

"Don Giovanni" en Valencia: El discreto encanto de la ópera

28-01-2012


"Don Giovanni" en Valencia
El discreto encanto de la ópera
N.Ulivieri, A.Samuil, D.Korchak, A.Tsymbalyuk, S.Ganassi, D.Bizic, S.Lim, R.Feola. Orquesta de la Comunitat Valenciana y Cor de la Generalitat Valenciana. J.Miller, dirección escénica. Z.Mehta, dirección musical. Palau de les Arts. Valencia, 27 de enero.
No siempre los teatros pueden contar con grandes figuras en sus repartos y menos en la época de estrecheces económicas que viven. En estos casos lo inteligente es plantear una producción en la que reine la homogeneidad y exista una razón de reclamo. Es a lo que recurre el Palau de les Arts en la recuperación de un "Don Giovanni" que en 2006 no se pudo ver completo a causa del hundimiento del escenario que entonces se produjo. En aquella ocasión se recurrió a bajar el telón cortafuegos, adelantar la boca de escenario sobre el foso y que los intérpretes cantasen allí rodeados de un panel negro, cinco puertas y dos ventanas. El atractivo vestuario y la iluminación hacían el resto. Poco más se exhibe ahora, tan sólo la sustitución del panel negro por tres paredes insulsas entre las que se encaja toda la acción sin apenas añadidos adicionales. Producción barata y de fácil exportanción técnica, pero de discutible atractivo. La sapiencia escénica de Jonathan Miller pasa desapercibida dentro de unos conceptos de otros tiempos que también comparte la dirección musical de Zubin Mehta, el reclamo al que me refería al inicio de estas líneas, pero que nunca ha sido un mozartiano de referencia. Gracias a su indudable buen oficio saca adelante la representación mostrando el discreto encanto de la ópera.
El reparto tiene la virtud de la homogeneidad de una calidad media muy aceptable, con la única excepción de la buena pero descontrolada voz de Anna Sammil como Doña Anna, que perjudica algunos concertantes. Dentro de esa redondez cabe destacar a la Doña Elvira de Sonia Ganassi, el Don Ottavio de Dmitri Korchak y el rotundo Comendador de Alexánder Tsymbalyuk. Nicolai Ulivieri aporta una voz importante y formas, pero le queda camino que recorrer para adquirir personalidad como Don Giovanni, para hacer que "La ci darem la mano..." suene embaucador, para que "Fin ch’han dal vino" suponga una desafiante explosión de su credo o para que la "Serenata" seduzca.
Sobre todo ello vuela impoluta la música de Mozart, genial de principio a fin, aunque esta vez esté a falta de un toque de distinción que la aporte más vida y gracia. Gonzalo Alonso


Gonzalo Alonso


DEL PIANO MÁS EXQUISITO

26-01-2012


DEL PIANO MÁS EXQUISITO

Obras de Schubert, Debussy y Chopin. Javier Perianes, piano. Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo. Auditorio Nacional, Madrid. 24-1-2012.

Hay que calificar de maduro un arte, como el de Javier Perianes, que es capaz de analizar, digerir y exponer con tanta seriedad y nobleza una obra grande como la “Sonata D 960” de Schubert, que el pianista entiende desde muy adentro y que enuncia muy serenamente, con un tempo largo, que permite al resignado tema inicial brillar en toda su contemplativa belleza. Como manda la partitura, el intérprete la toca “legato-pianissimo”. El toque del onubense es delicado y está en el secreto de los reguladores, que realiza con refinamiento y exquisitez, quizá, para nuestro gusto, en exceso, hasta el punto de que en ocasiones nos parece que los elementos femeninos basculan sobre los masculinos, que finalmente aparecen en el momento justo, durante el dramático desarrollo. Con sencillez fue articulado el Andante y el Scherzo tuvo el preciso y contagioso aire danzable. Explicado con suma claridad el Rondó-sonata final.
La sensación de que un mayor vigor y una expresión más apasionada habrían mejorado aún más la recreación –en la que Perianes no hace la repetición a fin de aligerar la Sonata-, desapareció en los cuatro “Preludios” de Debussy –“La sérenade interrompue”, “Le vent dans la plaine”, “La cathédrale engloutie” y “Minstrels”-, tocados y acariciados con primor, con un gran dominio del “sfumato”. También cuatro fueron las “Mazurkas” de Chopin, expuestas son minuciosidad y legato inconsútil, dejándose mecer por el ritmo. El concierto concluyó con la “Balada nº 4” del polaco, que tuvo en este caso la intensidad y energía necesarias. Los complejos contrapuntos y el adensamiento de la escritura de los últimos compases fueron resueltos con naturalidad y una certera digitación, sin que la cálida sonoridad del artista perdiera enteros. “La muchacha de los cabellos de lino” de Debussy y el finale de una sonata de Haydn, tocado con una agilidad pasmosa, coronaron una magnífica sesión. Arturo Reverter


Arturo Reverter


"Don Carlo" en Munich: Delirio de 20 minutos

23-01-2012


"Don Carlo" en Munich
Delirio de 20 minutos
"Don Carlo" de Verdi. J.Kaufmann, A.Harteros, R.Pape, B.Daniel, A.Smirnova, E.Halfverson,etc. J.Rose, dirección de escena. A.Fisch, dirección musical. Opera de Munich, 22 de enero
Viajar siempre proporciona anécdotas y hechos que analizar. Entre estos últimos varias sorpresas. En plena crisis casi todas las representaciones que ofrece diariamente la Ópera de Munich tienen agotadas sus entradas y para el primer día de venta de su conocido Festspiel hay una cola que lleva siete días formada. Las entradas no son baratas, pero sí en relación con algunos teatros españoles. Valga como ejemplo que el precio de una butaca para el espectáculo que aquí se comenta es de 163€. Merece una meditación especial en uno de mis artículos de sábado el hecho de que Munich tenga la que posiblemente sea la mayor tienda de discos de música clásica de Europa y Estados Unidos. Entre las anécdotas el breve dialogo con un espectados madrileño sentado en la fila siguiente a la mía. Comentaba a la ocupante de la butaca contigua, alemana pero española parlante, "Vengo aquí porque en Madrid nos ha echado del teatro el nuevo director". Sonriendo me volví en defensa del Real "No se queje usted tanto que el próximo año tendrá tres Mozart, dos Wagner, un Verdi y un Puccini", a lo que el indignado aficionado me respondió "Será porque alguien le ha retorcido el pescuezo a Mortier". Textual.
Munich ha preparado para esta edición de "Don Carlo" un reparto difícilmente superable que ha atraído la atención de todo el mundo operófilo y ha dejado claro que la ópera es ante todo la voz. Cierto que ninguno de los cantantes llegarían a ocupar un lugar en mi reparto ideal configurado con artistas a quienes he visto en los mismos papeles - éste sería Corelli, Caballé, Christoff, Capuccili y Verret- pero los cinco intérpretes principales cantaron "a la antigua", exhibiendo caudales vocales difíciles de escuchar actualmente y, en el caso de Anja Harteros, combinando una impecable línea de canto, una técnica perfecta y una voz totalmente adecuada a la parte. Es artista casi desconocida en España y de las mejores que pisan los escenarios. René Pape está dotado de un instrumento de calidad y amplísimo volumen, que impacta en escenas como la del Auto de fe si bien hay quien, como Furlanetto, canta el aria de forma más convincente. Tanto el barítono Boaz Daniel como la mezzo Anna Smirnova lucieron más poderío vocal que matiz, pero con esa arma la segunda apabulló en el "O don fatale". Jonas Kaufmann es sin duda el tenor más interesante de hoy día. Tiene todo: voz, presencia, corazón, técnica... y se esfuerza por entregar todo ello al público. De ahí su éxito. Ahora quizá ya no sea el infante el papel más idóneo para el timbre de tenor heroico, casi baritonal, que ha desarrollado y ello se perciba especialmente en los pianos del dúo final con su madrastra.
El conjunto, con un acompañamiento orquestal eficaz de Asher Fisch, provoca la "standing ovation" en incontables salidas individuales, a duo, en trío y en conjunto que superan los veinte minutos. Ello al margen de la oscuridad de una producción a base de suelo, techo y tres paredes en negro con un enorme Crucificado inclinado sobre una de ellas que sólo desaparece en el Auto de fe y que se iluminan exclusivamente justo cuando no deberían, durante el dúo Rey/Gran Inquisidor, perjudicando notablemente la sombría atmósfera del mismo. La típica "genialidad" de uno de esos que no reconocen lo que es obvio: la primacía de la propia música y la voz. Gonzalo Alonso


Gonzalo Alonso


MANDO EN PLAZA

23-01-2012


MANDO EN PLAZA
Obras de Beethoven y Berlioz. Orquestas Nacional. Director: Rafael Frühbeck de Burgos. Auditorio Nacional, Madrid. 20-1-2012.

Ha vuelto Rafael Frühbeck, director emérito de la Nacional, al podio de la orquesta de la que fue titular durante 15 años, de 1963 a 1978. Nunca ha perdido el contacto con ella y regresa con frecuencia para dejar demostrado que su estilo directorial sigue siendo el mismo, para bien y para mal. Por supuesto y en primer lugar exhibiendo aquello que Fernández Cid denominaba “mando en plaza”. Su autoridad continúa siendo indiscutible, por seguridad, memoria, gesto imperante, claro en su permanente subdivisión del compás, ajuste y contundencia.
Nunca fue un maestro exquisito, de musicalidad reconocible, pero sí un experto modelador de estructuras sinfónicas, que levanta con pericia y singular firmeza, aunque en la construcción de las líneas básicas peque por defecto. Su mirada, dirigida a la totalidad del edificio, suele marginar valores no aparentes, sutilezas que también intervienen en los entresijos de la música y que van de la aplicación de una dinámica, de una gradación de intensidades bien aquilatada a la exposición de un fraseo elegante, un legato adecuado o un colorido orquestal depurado. En el concierto que comentamos hemos visto la mejor versión del director.
La “Sinfonía Fantástica” de Berlioz, obra excesiva, descriptiva de hechos y de emociones, que no plantea la elaboración de un código constructivo que nazca de las tensiones y distensiones que la forma sonatístico-sinfónica exige, es magnífico banco de pruebas. Hizo sonar bien a la Nacional, dibujó el panorama melodramático de la obra con tino y edificó los accidentes de la narración sin problemas. Interpretación musculada, cantada con intención a ratos y con detalles de interés, como el de la participación del excelente primer trompeta en unas intervenciones desconocidas. Cuatro arpas apuntalaron el conjunto. Nos convenció menos la interpretación del “Concierto nº 5, Emperador”, de Beethoven, más bien cuadriculada y pesante, donde tocó, no siempre limpiamente, el pianista Emanuel Ax, de sonido atractivo pero digitación discutible. Arturo Reverter


Arturo Reverter


Homenaje a Celibidache: La "Cuarta" de Bruckner en Madrid con Barenboim y en Munich con Haitink

21-01-2012


Ciclo de Ibermúsica
Barenboim con prisas
"Cuarta sinfonía" de Bruckner. Staatskapelle Berlin. Daniel Barenboim, director. Auditorio Nacional. Madrid, 19 de enero
Obras de Mozart y Bruckner. Maria Joao Pires. Bayerische Rundfunk. Bernard Haitink, director. Gasteig. Munich, 20 de enero
Alfonso Aijón ha querido tener un recuerdo muy especial en su centenario a Sergiu Celibidache, persona tan ligada a Ibermúsica como estuvo, con dos conciertos de homenaje a cargo de Daniel Barenboim con dos sinfonías de Bruckner. Las casualidades del destino me han permitido escuchar la "Cuarta" en Madrid y, al día siguiente, en Munich en la sala en la que acabó su carrera el maestro rumano. Hay un refrán que dice que "Dios da pan al que no tiene hambre" y eso le sucedió a Celibidache. Él mismo, tan amante del sonido, se quejaba de haber terminado de titular en un auditorio de acústica fatal, como es el Gasteig. De ahí que la "Cuarta" sonase mucho mejor en el Auditorio Nacional, desde el punto de vista exclusivamente acústico, con una orquesta discreta, como es la Staatakapelle Berlin, que en el Gasteig con una formación muy superior, como lo es la Bayerische Rundfunk.
Posiblemente Celibidache hubiera reaccionado con su habitual sarcasmo si hubiera levantado la cabeza y puesto oídos a la trepidante lectura que Barenboim realizó del primer movimiento de la sinfonía. Le duró 16 minutos, frente a los 20 de Haitink en Munich o los 25 que podía alcanzar el director recordado. La simple comparación del sonido de las trompas en el inicio marcaba la diferencia entre ambas agrupaciones, mucho más segura y precisa la bávara. Barenboim ofreció una versión de estructura coherente y buena articulación en tempos y emotividades, pero muy lejana al concepto celibidachiano. A las dininas longitudes de éste le fue más fiel Haitink, con una arquitectura mucho más amplia y con un reposo excelente en los bellísimos motivos líricos del segundo y, muy especialmente, cuarto tiempo.
Barenboim, que empezó concierto a las siete y media, tenía citada a la prensa a las nueve en la sede de la Fundación March para promocionar su proyecto Beethoven. Le acuciaba la prisa y quizá de ahí tanto la veloz lectura como la supresión del concierto para piano de Mozart que tocó en una primera parte del concierto en las capitales europeas de su gira y no en Madrid. El cada vez más impresionante KV 466 mozartiano llegó en Munich en una versión íntima, directa al corazón, de Maria Joao Pires. En esto también nos ganó Alemania o, mejor dicho, Munich derrotó a Berlín. Gonzalo Alonso


Gonzalo Alonso


Toda una experiencia para Leticia Moreno

20-01-2012


Ciclo Juventudes Musicales
Toda una experiencia
Obras de Shostakovich y Rachmaninov. Leticia Moreno, violín. Orquesta Filarmónica de San Petersburgo. Yury Temirkanov, director. Auditorio Nacional. Madrid, 18 de enero.
Nada es lo que fue. Un espectador maduro comentaba por su móvil a una amistad “Me gusta el Rachmaninov de los conciertos, pero no tanto el de las sinfonías… Bueno, tocan unos rusos”. Treinta años atrás ningún espectador se hubiera referido a la Filarmónica de Leningrado como “unos rusos”, porque era una de las agrupaciones más admiradas del mundo, por su calidad y por venir de donde venían y a aquello se apuntaba toda la progresía. El conjunto tampoco tiene la calidad del de entonces, por más que aún cotice alto, y el nivel ha mejorado mucho en todo el mundo. En aquellos años setenta visitaban Madrid con Mravinsky de la mano de Ibermúsica y, en una ocasión, el titular enfermó y le sustituyeron Jasons y Temirkanov, dos jóvenes que prometían. Hoy día el primero se encuentra en la élite de los de la batuta y el segundo, no tan promocionado, en el escalón inmediatamente inferior.
Temirkanov es director de lecturas arrebatadas y así lo fue la de la “Segunda sinfonía” de Rachmaninov, con unos espectaculares tiempos segundo y cuarto, pero que tampoco descuida el lirismo. Acompañó con cuidado exquisito a Leticia Moreno, a quien Juventudes brindaba una ocasión única en su todavía joven carrera. Aprendió con Rostropovich el primero de los dos conciertos para violín de Shostakovich, por cierto estrenado por los de San Petersburgo, Oistrakh y el citado Mravinsky. Conoce por tanto el concepto y virtudes no le faltan, especialmente la delicadeza con la que abordó primer y tercer tiempo, resultando el sonido quizá un punto duro en los pasajes más briosos. Fue merecidamente ovacionadísima y va asentando una carrera en cuyos inicios fueron fundamentales los apoyos de la Escuela Reina Sofía y Juventudes Musicales. Ambas instituciones y todos nosotros podemos sentirnos orgullosos de Leticia. Gonzalo Alonso


Gonzalo Alonso


Schwanewilms, saber decir

18-01-2012


XVIII Ciclo de lied
Schwanewilms, saber decir
Obras de Debussy, Wolf y Strauss. Anne Schwanewilms, soprano y Manuel Lange, piano. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 16 de enero.
Anne Schwanewilms dejó un gratísimo recuerdo cuando debutó en este ciclo en la temporada 2007/8, reafirmando la calidad de su previo protagonismo en la “Ariadna en Naxos” del Real. Luego vino otra magistral interpretación de la Mariscala en el último “Caballero de la rosa” del mismo coliseo y ahora una nueva presencia en el veterano e imprescindible ciclo de lied. El programa, integrado por canciones de Debussy, Wolf y Strauss, combinaba la seriedad de los lieder en torno a la muerte sobre textos de Mörike con otros más ligeros de Strauss o la misma fuent. Pudo así mostrar una gran versatilidad, enganchando al público con una envidiable presencia a la que se añade un excepcional saber decir. Dio gusto escuchar su fraseo en “Ay, pesar, tormento y penas” o en la “Canción del Elfo”. Si Lauri Volpi escribiese unas nuevas “Voces paralelas”, quizá hubiese comparado la de esta soprano alemana con la de la inglesa Margaret Price. Muchas cosas unen los estilos de ambas, como técnica y musicalidad, además de la citada dicción o, lo que es especialmente de agradecer en este ciclo, un instrumento de auténtica lírica. Esta voz poderosa, quizá un punto justa arriba, resulta vehículo ideal para Strauss o Wagner y permite llenar por completo sin esfuerzo un aforo como el de la Zarzuela, pasando de la exhuberancia al recogimiento con la misma expresividad. Redondeó la magnífica actuación con un par de propinas entre las que destacó la “Mañana” del compositor bávaro.
Llegan alarmantes noticias según las cuales Caja Madrid podría suprimir sus actividades musicales, incluyendo los “Siglos de oro” y los ciclos de cámara y lied. Sinceramente esperamos una reflexión, pues lo cincuenta mil euros que le supone el lied son una minucia con lo que subvenciona alguna otra institución musical y una inversión que ha rentabilizado e identificado enormemente ciclo y Fundación Caja Madrid a lo largo de dieciocho años. No puede perderse. Gonzalo Alonso


Gonzalo Alonso


Ceremonia de la confusión: Peter Sellars, ¿Por qué?

15-01-2012


“Iolanta” y “Persephone” en el Real
Ceremonia de la confusión: Peter Sellars, ¿Por qué?
“Iolanta” de Tchaikovsky. D.Ulianov, A.Markov, P.Cernoch, W.White, V.Eimov, P.Kudinov, E.Scherbachenko, etc.
“Persephone de Stravinsky. P.Groves, D.Blanc.
P.Sellars, dirección escénica. T.Currentis, dirección musical. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real. Madrid, 14 de enero.
Ayer y hoy ha llenado páginas y páginas de cultura de los diarios la noticia de otro posible ERE en el Liceo –anunciado en uno de mis artículos sabaderos hace un mes- y su cierre durante dos meses, así como el contagio al Palau de les Arts. No hay dinero para nada.
Pero a veces sí… de momento. La nueva propuesta del Teatro Real une dos obras de protagonista femenina: Iolanta y Persephone, con la escusa de la poesía que ambas encierran. También se unirán la próxima temporada “Suor Angélica” y “El prisionero”. Cuando queremos todo se conecta o todo se desconecta. Quienes asistan saldrán convencidos de haber asistido a un espectáculo de los que hoy se consideran internacionalmente de primer nivel. Esto es un hecho. Como lo es el impecable trabajo de la orquesta, el soberbio del coro –incluyendo en el caprichoso añadido “a capella” perteneciente a la Liturgia de San Juan Crisóstomo Op.41 del propio Tschaikovsky- bajo la dirección de un efusivo y también detallista Teodor Currentis. El mismo nivel se da en el canto, desde la lírica Ekaterina Scherbachenko al amplio cometido de Paul Groves, pasando por la veteranía de Willard White o la contundencia expresiva de Dmitry Ulianov. Todos primera clase, sabiendo sobrevolar algunas limitaciones por las alturas de la tesitura y por eso se aplaude con entusiasmo “Iolanta”.
Sin embargo niego la mayor. El espectáculo es un clarísimo ejemplo de la ceremonia de la confusión que vive el mundo artístico en general y no sólo el musical. Nos dedicamos a programas óperas en concierto y, para compensar, a escenificar cantatas, oratorios u óperas menores. Puede llegar a entenderse que, en épocas de vacas gordas, podamos emplear recursos en “adornar” o “reinterpretar” los segundos, pero no hoy. ¿Qué sentido tiene ofrecer en concierto una ópera del contenido argumental de “Pescadores de perlas” o “Fausto” y, en cambio, escenificar la nula acción de “Iolanta” o “Persephone”? El Liceo y el Real, como algunos otros, desorientan su rumbo. El Real ha contratado a Peter Sellars para convertir en posible lo imposible. Podrá decirse que para tal fin se precisa un genio y Sellars ha demostrado serlo sobradamente –inolvidables sus reveladores “Orlando” o “Don Giovanni”- pero la genialidad suele ser cara y Sellars lo será, si bien Moscú y Valencia participan en el proyecto. Su propuesta adolece de debilidades: la pretendida poesía se diluye por una iluminación de buscados aires caseros pero llena de sombras reiterativas, los marcos de las ficticias puertas embarullan más que inspiran, Stravinsky y el Circo del Sol no acaban de conjugar… Por eso he de terminar preguntándome: “¿Por qué ambas obras en escena y por qué Peter Sellars?”. Mejor habría sido contratarle para una ópera de dimensión auténtica que para una producción de muy superiores costes de oportunidad que los resultados artísticos que reporta. Estamos en vacas flacas, conviene no olvidarlo, y más vale gestionar hoy cautelosamente que caer mañana en lo del Liceo o el Palau. Por eso, quizá, se pita “Persephone”. Posdata: vean este vídeo http://www.youtube.com/watch?v=8MIm95N7L00 y piensen qué más hace falta. Gonzalo Alonso


Gonzalo Alonso


La madurez de Frühbeck

15-01-2012


Temporada de la OCNE
La madurez de Frühbeck
“La infancia de Cristo” de Berlioz. Susanne Mentzer, Gilles Cachemaille, Roman Trekel, Agustín Prunell-Friend, Alain Coulombe. Orquesta y Coro Nacionales de España. Rafaél Frühbeck de Burgos, director. Auditorio Nacional. Madrid, 15 de enero.
Frühbeck regresa al podio de la Nacional, de la que es director emérito, para dos tandas de conciertos con programas de envergadura: “La infancia de Cristo” de Berlioz en la primera y la “Fantástica” y el “Emperador” en la segunda. En la primera de las citadas, que dirigió hace diez años en la misma sala, volvió a dejar constancia de lo bien que se le dan las obras con coros y orquesta y lo hizo dirigiendo con suma elegancia una obra de Berlioz que, llevando su firma, se aleja de las grandilocuencias a las que estamos habituados. “La infancia de Cristo” es una partitura amable, de perfiles suaves, delicada y, hasta cierto punto, incluso empalagosa en algunos números. No es una obra difícil para la orquesta, aunque presenta algunos solos siempre arriesgados. En ellos hubo calidad, especialmente en el conocido “trío” para flautas y arpa, al igual que en el conjunto de la orquesta, con buenos detalles en la “marcha nocturna” y en la obertura de “La huída a Egipto”. Sí en cambio es problemática para el coro a causa de la página a capella final, uno de los momentos más interesantes de toda la producción del compositor. Resolvió el escollo con gran suficiencia el coro de la OCNE que dirige Joan Cabero y que pasa por uno de sus mejores momentos. La partes solistas quedaron cubiertas con dignidad, con una lectura de autoridad para Herodes a cargo de Roman Trekel y otra entregada del narrador Agustín Prunell-Friend . Las ovaciones, tanto en la recepción a un maestro siempre querido como en la conclusión, rubricaron una jornada de éxito de la OCNE. Gonzalo ALONSO


Gonzalo Alonso


EL HOMBRE QUE DISFRUTABA CON LA MÚSICA

01-01-2012


EL HOMBRE QUE DISFRUTABA CON LA MÚSICA

Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena
Obras de Johan STRAUSS (padre e hijo), Josef y Eduard STRAUSS, Joseph HELLMESBERGER, Carl Michael ZIEHRER y Piotr I. TCHAIKOVSKY. Orquesta Filarmónica de Viena. Director: Mariss Jansons. 1 de enero de 2012, Goldenen Saal, Musikverein, Viena

Al día siguiente del concierto de Año Nuevo de 2011, el 2 de enero, con celeridad nunca vista, la Filarmónica de Vena anunció que el programa del primer día de 2012 sería dirigido por Mariss Jansons. Con ello se quiso dejar claro –cruelmente claro- que el nuevo titular de la Ópera de Viena, Franz Welser-Möst, no repetiría podio, al menos de manera inmediata; se había rumoreado que el artista austríaco, al igual que Lorin Maazel en su etapa al frente de la institución de la Ringstrasse, se haría cargo de la sesión en las ediciones inmediatas. Pero la Filarmónica jugó la baza de buscar el más alto nivel artístico y solicitó la nueva comparecencia del director del Concertgebouw de Armsterdam y de la Sinfónica de la Radio de Baviera, Mariss Jansons (Riga, 1943), que ya había dirigido el concierto en el 2006.
El músico letón es una de las personalidades más apreciadas del mundo musical. No parece que haya gran orquesta que no le haya pedido que sea su responsable artístico, pues su nivel de competencia musical es excepcional; pero a ello se une que Jansons es persona extraordinariamente abierta, comunicativa, sencilla y simpática, lo cual le convierte en una ‘rara avis’ en el ámbito en el que se mueve. Por encima de todo, disfruta con lo que hace, se le ve feliz ejerciendo la profesión musical, transmite entusiasmo, confianza y, no menor que todo esto, seguridad.
La polka de Johann Jr. “¡Uno u otro!” fue ya una exhibición de la capacidad comunicativa de Jansons y del nivel de excelencia, inalcanzable, que la Filarmónica de Viena puede obtener cuando está dirigida por “uno de los suyos”. La “Danse diabolique” de Hellmesberger fue una despliegue de fogosidad del director y de virtuosismo en la orquesta. Las páginas menos transitadas fueron el precioso vals de Carl Michael Ziehrer “Gentes de Viena” –que en su estreno tuvo más éxito que el propio Johann Strauss, que lo acompañaba en el programa-, el galop del “Sperl” –el local multiuso, café y salón de baile, donde trabajó durante años Strauss padre-, y el inefable “Ferrocarril a vapor de Copenhague” del danés Hans Christian Lumbye, el llamado “Strauss del Norte”, autor de páginas que en nada desmerecen a lado de la dinastía vienesa, y cuyo tren, que arranca, trota y frena con humor indecible, recibió una interpretación mayestática de Jansons y los Filarmónicos.
Algunas piezas presentaron la curiosidad de advertir como la familia Strauss se citaba a sí misma con arte e ingenio: por ejemplo, Johann y Josef, los dos hermanos, parafraseando al fundador de la dinastía, Johann Sr., y su “Marcha Radetzky” en la “Marcha patriótica” de 1859, o Johann hijo transcribiéndose a sí mismo, nada menos que con el “Danubio azul”, en las “Danzas del baile Ayuntamiento” de 1890.
La doble intervención de los Niños Cantores de Viena fue excelente, entusiasta pero con algún confusionismo en la soberbia polka “Tritsch-tratsch” –llevada por Jansons a ritmo endiablado- y perfecta en el “Feuerfest” de Josef Strauss, en donde el maestro letón hizo una exhibición de duplicidad musical al percutir, martillos en vez de batuta, los yunques colocado a los lados del podio, tarea normalmente encomendada al percusionista de turno, pero que el de Riga prefirió reservar para sí mismo.
Pero fue en los grandes valses, el portentoso “Delirien” de Josef Strauss, el Vals de “La bella durmiente” de Tchaikovsky, o el “Disfruta de la vida” de Johann hijo, donde Jansons marcó su hondura de calado musical. La apoteosis, cosa que no siempre ocurre en el “Neujahrskonzert”, llegó, precisamente, con un “Danubio azul” graduado con tiralíneas, en donde perfección no significó frialdad sino al revés, que fue fraseado con un ‘rubato’ vienés patrimonio de los Boskowski, Karajan o Kleiber, y cuyos clímax llegaban como descargas catárticas de tensión acumulada. Fue la interpretación de un maestro absoluto, sí, pero también de un hombre feliz. José Luis Pérez de Arteaga


José Luis Pérez



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