Críticas
Ultimas críticas musicales. Las críticas de espectáculos musicales de Gonzalo Alonso se publican también en "La Razón".

Goerne, bella monotonía

02-02-2010


XVI Ciclo de Lied
Bella monotonía
Lied de Schubert. Matthias Goerne, barítono y Alexander Schmacz, piano. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 1 de febrero
Matthias Goerne parece haber sacado abono al ciclo de lied de la Fundación Caja Madrid, con nada menos que once presencias en sus dieciséis ediciones, si bien en esta ocasión se ha traído un pianista debutante, Alexander Schmacz, que no ha desmerecido de sus anteriores acompañantes.
Con más peso y aspecto de haber perdido la maleta y tenido que salir al escenario con lo puesto, desgranó un programa monográfico Schubert que no respondía a ciclo alguno, pero que mantenía, sobe todo en su primera parte, un mismo tono vital. En el enorme repertorio liederístico schubertiano hay mucha mayor variedad musical del que ofrecieron los dos artistas. Ello se tradujo en una más que evidente monotonía, por cuanto además Goerne no puso la carne en el asador en ningún momento. Cantó sin forzar lo más mínimo, ni siquiera en ese “Canto en la vejez” de profunda y hermosa belleza, buscando afanosamente en el armario de las medias voces y algo engolado. Este enfoque, junto con la incoherente capacidad para permanecer señorialmente sobre el escenario, se tradujeron en una cierta afectación que perjudicó la siempre imponente línea canora.
El público se fue desinflando a pesar del mayor colorido de la segunda parte, con el conocido “An Sylvia” como concesión, y tan sólo logró colocar dos propinas. No hay duda del gran liederista que es Goerne, pero tampoco de que esta vez no ha sido su más brillante actuación en Madrid. Gonzalo Alonso


Gonzalo Alonso


Montiel debuta como Carmen en Murcia

31-01-2010


“Carmen” en Murcia
Montiel debuta como Carmen
“Carmen" de Bizet. M.J. Montiel, J. de León, S. Puertolas, J.J. Frontal, C. Lavilla, M. Pardo, etc. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Coro del Teatro Villamarta de Jerez y Orfeón Infantil Fernández Caballero de Murcia. F. López, dirección de escena. J.M. Rodilla, dirección musical. Auditorio Victor Villegas de Murcia. 30 de enero
Cuatro óperas de repertorio – “Tosca”, “Don Pasquale”, “Carmen” y “Flauta Mágica”- componen la temporada lírica de Murcia. ¡Cómo han cambiado las cosas en España! Ya no es sólo que haya estupendos locales, como es el caso del auditorio murciano de absolutamente envidiable acústica, orquestas o artistas, sino que hay también quienes se dedican a ensamblar convenientemente todo ello y sin quienes no sería posible una “Carmen" como la presente. Un esfuerzo inmenso para una sola representación con ensayos entre Jerez y Murcia. La producción, firmada por Francisco López y Jesús Ruiz Moreno, ha girado bastante gracias a su inteligente planteamiento. Los conceptos en “Carmen" son siempre discutibles. Aquí corresponden a lo tradicional, con algunas “moderneces” añadidas innecesariamente y perjudiciales en ocasiones. José Miguel Rodilla dirigió con tempos irregulares a una orquesta eficiente que rinde bastante más que los coros.
El mayor atractivo del cartel lo componía la pareja protagonista. Maria José Montiel está en plena madurez vocal y el papel le viene como anillo al dedo. Ya sabíamos que la habanera es especialidad de la casa pero en el aria de las cartas, que supone siempre una piedra de toque, mostró su precioso centro y sus notables capacidades dramáticas, desarrolladas plenamente en el dúo final, con un Jorge de León también pletórico. Montiel, a pesar de ser su debut español, es una gran Carmen vocalmente y lo será también escénicamente cuando coincida con un director que pula más personaje y entorno. Sucederá así con Bieito en el Liceo. De León es un tenor lírico puro, con una voz importante, llamado a ocupar un buen lugar en el escalafón lírico. Cantará un par de Chenier en las próximas representaciones del Teatro Real. Soledad Puertolas convenció plenamente como Micaela, imprimiéndola la dulzura que se requiere. Juan José Frontal abordó con línea un papel que no es el más adecuado para su voz, más de barítono lírico que de bajo-barítono, contando con la ayuda de las tijeras en el tenso dúo del duelo. Cecilia Lavilla y Marina Pardo son siempre nombres reclamo en un reparto.
Una representación recibida con entusiasmo que obliga a meditar sobre la ampliación a dos funciones de alguno de los títulos de la temporada. Gonzalo Alonso


Gonzalo Alonso


Gardiner, multado con seis puntos por exceso de velocidad

29-01-2010


Gardiner en Ibermúsica
Un Beethoven trasgresor
Obras de Beethoven. María Joao Pires, piano. Coro Monteverdi y Orquesta Sinfónica de Londres. John Elliot Gardiner, director. Auditorio Nacional. Madrid, 27 y 28 de enero.
Vaya por delante mi admiración por Gardiner, uno de los directores cuyos conciertos procuro no perderme nunca. Vaya también por delante la contenida reacción del público tras el “Concierto para piano n.2” y, sobre todo, la “Sexta” en la primera jornada y la explosión jubilosa tras la “Novena”. Sin embargo no puedo compartir en modo alguno el concepto beethoveniano expuesto en sus dos últimos conciertos madrileños, aún admitiendo los múltiples detalles de interés.
Gardiner, que conoce bien el Auditorio, realizó diferentes colocaciones de atriles en ambos días, consciente de que los instrumentos situados en la parte trasera siempre proyectan más su sonido que los colocados en la delantera. Eso le funcionó bien. Sus lecturas se caracterizaron por la ausencia de vibrato en los arcos; la curiosa simultaneidad de sonidos pretendidamente historicistas con otros, como el de los timbales o las trompas mucho más modernos; con el abuso de “staccatos” en perjuicio del “legato” y por unos tempos de rapidez absolutamente imposible que, como decía mi maestro de cálculo infinitesimal y disculpen la expresión, obligaban a ir a los músicos, solistas y al buen Coro Monteverdi como “putas por rastrojo”. Podía intentarlo porque contaba con una agrupación de primero orden, porque con otra más normal habría resultado un desastre. Aún así hubo sus fallos, como las trompas al final del segundo tiempo de la “Novena”. La parte del tenor en la minimarcha con los platillos era irreconocible y es que Gardiner se dedicó a resaltar planos que nunca se escuchan y sumergió otros. Ganas de buscar una absurda originalidad. Al final, una “Novena” de infarto y la guardia civil a la salida para quitarle a Gardiner seis puntos por exceso de velocidad.
Mejor le fue con la “Pastoral”, porque los “staccatos” encajan con la escena de la tormenta y porque ofreció un tiempo lento de carácter haydiano y camerístico en el que todo sonaba pasmosamente diáfano. Maria Joao Pires mostró su clase en el segundo concierto y especialmente con su muy musical fraseo del adagio, aunque el acompañamiento de Gardiner volviera a resultar tosco. Para los abonados sin duda resultó curioso comparar la versión de la obertura “Egmont” tocada un par de días antes por la Filarmónica de Nueva York y la ofrecida por el inglés. Gonzalo Alonso


Gonzalo Alonso


Zimerman, la perfección al teclado

26-01-2010


XV Ciclo Grandes Intérpretes
Zimerman, la perfección al teclado
Obras de Chopin. Krystian Zimerman, piano. Auditorio Nacional. Madrid, 25 de enero
Krystian Zimerman (Zabrze, Polonia 1956) comunicó a última hora, como siempre, que en esta ocasión abordaría un programa monográfico centrado en Chopin e incluso anunció el contenido básico: las sonatas 2 y 3, a las que en Madrid añadió para completar las mismas piezas que en Oviedo: un nocturno, una barcarola y un scherzo.
Fue quizás éste, el “Scherzo n.2 en si menor”, donde el extraordinario pianista polaco alcanzó el súmmum de una velada inolvidable, como casi todas las suyas. Fueron diez minutos prodigiosos a los que no se podía poner objeción alguna. Sí cabe sólo al criterio de concluir el recital con una barcarola, cuando lo más serio habría sido terminar con la tercera sonata. Zimerman estaba de excelente humor. Dedicó su actuación a su admirada Alicia de Larrocha y no le molestaron ni las toses ni una puerta de acceso que chirrió un buen rato.
Ambas sonatas no pueden tocarse con mayor perfección, aunque ciertamente plantease lecturas que algunos pudieron tachar de un tanto personales. Esto último simplemente porque las indicaciones dinámicas se siguieron con exactitud y, por ejemplo, los fortes de la “Marcha fúnebre” eran auténticos fortes. O porque Zimerman es uno de los contadísimos pianistas capaces de dar todo su ímpetu al primer movimiento de la misma obra que, no lo olvidemos, lleva la connotación de “Grave agitato”, al “Presto” del final o al “Molto vivace” del scherzo de la tercera sonata. A esa velocidad quizá incluso a algunos oyentes les sería más difícil escuchar todas las notas que al solista tocarlas.
Todos los espectadores hubimos de sufrir un absurdo por inoperante control de seguridad al acceder a la sala sinfónica por el hecho de que en la de cámara se hallaba la Reina. Y vienen a mi recuerdo sus lágrimas en el entierro de Don Juan en el Monasterio de El Escorial. Esa humanidad, esa nota emotiva en medio de la exactitud del protocolo, es quizá lo único que le falta a Zimerman, cuya perfección es tal que puede llegar a resultar distante. Gonzalo Alonso


Gonzalo Alonso


La NFilarmónica de Nueva York con Gilbert

25-01-2010


Ciclo de Ibermúsica
Melancolía, tristeza y tragedia
Obras de Haydn, Adams, Schubert y Berg. Orquesta Filarmónica de Nueva York. Alain Gilbert, director. Auditorio Nacional. Madrid, 24 de enero.
Expresa acertadamente González Lapuente en sus extensas y densas notas al segundo de los conciertos de la Filarmónica de Nueva York que el programa se encontraba “entrelazado a través de una extraña coherencia argumental en la que importa lo subjetivo y la aparente sencillez, la mezcla de los sensible y razonado , lo íntimo, lo trágico y lo triste”. Efectivamente el programa resultaba triste y hasta trágico y desde luego poco adecuado para desvelar claramente si el nuevo titular del conjunto se encuentra al nivel del mismo. Cuatro obras en la que la más larga era la “Incompleta” schubertiana y que se abría con la sinfonía n.49 “La Passione” de Haydn, para completarse con “El curador de heridas” de Adams y las “Tres piezas para orquesta Op.6” de Alban Berg.
Tanto Haydn como Schubert sonaron equilibrados, expresivos y la orquesta lució un espléndido sonido que culminaría potentísimamente en el Alban Berg, obra que resulta todo un lujo para una gira dado que requiere más de cien músicos para sus apenas veinte minutos de duración. Algunos de los espectadores, que llenaban totalmente la sala, abandonaron ésta entre Schubert y Berg, perdiéndose una portentosa interpretación. Seguro que Berg no les habría parecido tan “duro” como temían. Completaba el programa, en vez de un Bernstein que quizá habría satisfecho más a todos, una partitura de John Adams con un texto de Walt Whitman imposible de musicalizar, con frases como “Del muñón del brazo, de la mano amputada, quito el vendaje ensangrentado, elimino la piel muerta, limpio de pus y sangre…”. Al final, la composición no pasa de ser una tragedia light y la presencia de Thomas Hampson para recitar, más que cantar su texto, no deja de ser todo un desperdicio. La obra resulta además incómoda de tocar para la cuerda y muy especialmente para una trompeta que siempre se mueve en la zona más aguda de su registro.
La obertura “Egmont” coronó un concierto en el que Alain Gilbert (New York, 1967) causó una buena impresión, especialmente tras la “Segunda” de Sibelius de la jornada anterior, pero al que aún hay que escuchar con una gran obra de repertorio. Gonzalo Alonso


Gonzalo Alonso


“Lucia di Lammermoor” en Valencia

24-01-2010


“Lucia di Lammermoor” en Valencia
Habemus tenor
“Lucia di Lammermoor” de Donizetti. V.Stoyanov, N.Machaidze, F.Mrli, A.Antonio Poli, D.Randes, E.Cossutta, N.Lunar. Coro de la Generalitat Valenciana y Orquesta de la Comunitat Valenciana. G.Vick, dirección de escena. K.M.Chichon, dirección musical. Palau de les Arts. Valencia, 23 de enero.
El bel canto llegó a Valencia con “Lucia di Lammermoor”, la más bella entre las óperas trágicas de Donizetti. Posee dos emblemáticas y largas escenas para la pareja protagonista, amén de uno de los sextetos más famosos en la historia del género, arias, dúos y coros por doquier. Todo ello combinado con una importante sustancia dramática que, si bien explota en la célebre escena de la locura, cierto es que apenas desde el inicio se presenta como violencia de género de un hermano a una hermana en la que al final sale malparado el pretendiente de ésta. Todo ello hay que saberlo reflejar.
El importante punto débil de estas representaciones es la dirección musical de Karel Mark Chichon, marido de Elina Garanza. Resulta lo más parecido a un tanque musical, aplastando toda la partitura. Sonidos fuertes, sin matizar o contrastar y ni una sola frase en la que se escuche algo más que unas notas altas. La orquesta suena bien y la flauta magnífica en su escena. La producción de Graham Vick, de carácter clásico y vista ya en el Real, aporta refinamiento y elegancia pero no llega a sumergirse en el drama sino que asiste a él como un espectador más.
Funcionan bien los personajes menos protagonistas, con un abaritonado pero correcto Raimondo y un sobresaliente Arturo de Angelo Antonio Poli. Vladimir Stoyanov cumple como Enrico sin mostrar especiales maldades o línea de canto. Nino Machaidze lleva ya una importante carrera a pesar de su juventud. Reúne una voz notable de ligera y posee las notas requeridas. Cosechó un gran éxito pero, con el papel aún por acabar de perfilar, se encuentra lejos de admirar en las coloraturas como una Gruberova o de emocionar en su dramatismo como una Sills. La gran revelación del reparto es sin duda el tenor lírico Francesco Meli, que posee todo lo preciso para ser una de las grandes figuras del panorama futuro. Voz bella en toda su extensión, caudal, fraseo impecable, capacidad de comunicación… El futuro de la ópera pasa por él. Gonzalo Alonso


Gonzalo Alonso


Un “Ernani” de carencias en ABAO

23-01-2010


Verdi en la temporada de ABAO
Un “Ernani” de carencias
“Ernani” de Verdi. A. Machado, D. Theodossiou, Z. Lucic, O. Anastassov. Orquesta Sinfónica de Bilbao. M. Znaniecki, dirección de escena. M. Elder, dirección musical. Palacio Euskalduna. Bilbao, 22 de enero.
“Ernani” (Venecia, 1844) es obra que se programa poquísimo en nuestros días, fundamentalmente por requerir, como decía Franco Corelli, cuatro leones para cantarla. Es uno de los ensayos generales más completos en toda la producción verdiana de la llamada “época de galeras” de cara a la gran Trilogía de 1851-53. Posee un coro de gran exaltación patriótica, aunque en Bilbao su texto pudiese no sentar bien a algunos, magníficas arias y por doquier circula la firma del gran Verdi. El dúo del acto segundo entre Carlos V y Elvira adelanta claramente aquel entre Germont y Violeta de “Traviata” y la misma música festiva de la boda es eco premonitorio de la de la fiesta del tercer acto de la citada obra. Además logra emocionar cuando se arranca con frases como “Y bien, yo la amo…” del bajo Silva o con concertantes como el final del acto tercero. Así pues hay mucho, pero mucho que disfrutar en esta partitura y se agradece que la ABAO la presente, como no podía ser menos, dentro del “Toda Verdi”.
Quien firma se lamenta de lo mismo que Rigoletto: ¿Por qué el pasado perturba aún mi mente?”. Mi primer “Ernani” -1972 en Verona- incluyó a Corelli, Ligabue, Cappuccilli y Raimondi. No he vuelto a escuchar uno igual. En 1982 fue en la Scala con Domingo, Freni, Brusón, Ghiaurov, Ronconi y Muti. Resultó un total desastre: a Plácido no se le oía, Brusón precisó de apoyo electrónico y Freni lloraba en su camerino en los entreactos, lamentándose de haberse equivocado de papel. Más tarde recuerdo otro en el Metropolitan con Pavarotti, Mitchel y Milness, de nivel aún inferior. No siempre los tiempos pasado han sido mejores, pero sí con “Ernani”. El mismo de la Scala sería hoy todo un éxito y es que no hay voces para ópera como ésta o como “Trovador”. Aquiles Machado, que ha adelgazado muchísimo y cuya voz suena fresca y bella, resuelve el papel con soltura, pero no puede hacer justicia a todas las exigencias del personaje. Dimitra Theodossiou se halla lejos de revalidar su fama. Estridente arriba e inaudible abajo, ofrece una Elvira debilísima. Zeljko Lucic cuenta con una buna voz, pero abusa del “forte”, cala en los momentos más líricos y la línea de canto carece de nobleza para Carlos V. Orlin Anastassov, que no acaba de redondear su carrera, sobresale sobre los anteriores en poderío.
Mark Elder plantea una lectura fiel a la partitura, con todas las repeticiones de cabalettas, y obtiene una razonable respuesta de coro y orquesta. Falla totalmente la puesta en escena dirigida por Michal Znaniecki. Recurre en los dos primeros actos a un rosetón en plano inclinado de 40 grados, que obliga a los artistas a preocuparse más por el equilibrio que por cantar. No hay dirección de actores ni de masas, el vestuario es incomprensible y todo lo que rodea a Carlos V –horrible peluca zanahoria- le convierte en un bufón en vez de un emperador.
A pesar de todo lo expuesto, quien escribe vibró una vez más en muchos momentos y es que la genialidad verdiana es capaz de superar todo. Gonzalo Alonso


Gonzalo Alonso


LANG LANG: CRECIMIENTO IMPARABLE

19-01-2010


LANG LANG: CRECIMIENTO IMPARABLE

Ciclo de Juventudes Musicales
Obras de Beethoven, Albéniz y Prokofiev. Lang Lang (piano). Auditorio Nacional de Música, Madrid, 18 de enero de 2010.

“Considerado el mejor pianista y el más mediático del momento”. Así de clara es la publicidad que desde su discográfica se hace de Lang Lang, 27 años (Shenyang, 1982), todo un fenómeno del marketing y hasta el ‘merchandising’ (sus bufandas y zapatillas hacen estragos en ventas), que incluso acaba de editar en castellano su autobiografía; por cierto, nada desdeñable como relato, redactado por un artista que de tonto no tiene un pelo. Pero obviemos toda esta parafernalia para concentrarnos en la actuación que abría su gira española por cinco ciudades, que culminará dentro de dos semanas de nuevo en Madrid, con el estreno español del “Concierto de fuego” de Tan Dun que ha de ofrecer con la Orquesta Nacional. Y su recital en el Auditorio fue, sin reservas, magnífico. La madurez progresiva de Lang es incuestionable, y cada nueva actuación revalida que el un día pulpo tocador de miles de notas se va transformando en un hiper-virtuoso, obvio, pero además en un artista que gana profundidad, sabiduría y, sustancial, musicalidad. Los otrora gestos orgásmicos se han moderado considerablemente –Lang empieza a parecer un trasunto oriental de Glenn Gould, pero sin el acompañamiento canoro que el canadiense se procuraba- y la tendencia al amaneramiento casi se ha extinguido: ahora, cuando Lang “exagera” –el Adagio de la “Sonata 3” de Beethoven-, recrea, y en ocasiones hasta crea, como en el matizado ‘ad infinitum’ final de “El Corpus Christi en Sevilla” de Albéniz, que estuvo a medio camino entre Liszt, Debussy y Messiaen, algo insólito, sí, pero no disparatado.
En su Beethoven, sobre todo en la formidable lectura de la “Appasionata”, la “Sonata 23”, se nota la positiva influencia que sobre Lang han tenido sus mentores, grandes pianistas y directores beethovenianos, Eschenbach y Barenboim. El artista no oculta que Alicia de Larrocha ha sido su gran inspiración en esta “Iberia”, primer cuaderno, que Lang pretende abordar un día completa. En la “Sonata 7” de Prokofiev, Lang arrasa ,claro, en el turbulento Finale, pero sabe alejarse de ese “pianismo motórico” del ruso, como lo define admirablemente García del Busto en sus notas al programa, para hacer melodismo puro en el Andante de la obra.
Lang Lang, si, fenómeno mediático, pero cada día más artista y más músico. Eso es lo que cuenta, el resto es anécdota. José Luis Pérez de Arteaga


José Luis Pérez


Vivir es soñar

13-01-2010


Vivir es soñar
ABC, 11 de enero
A uno le gustaría que el coro y la orquesta de su pueblo fueros los mejores del mundo. Si la ciudad quiere serlo, la Comunidad debería.... ¿ por qué no estos? Al fin y al cabo, la Orcam (Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid) asume uno de los proyectos artísticos más interesantes, plurales y ambiciosos de toda la geografía nacional y también del exterior.
Y no es momento de explicar hasta qué grado benefician a los ciudadanos de toda condición las inversiones en buena cultura. . Este detalle debería ser conocido por los políticos gestores que nos gobiernan pues de sus decisiones depende que el proyecto lo sea de verdad o acabe convirtiéndose en la aventura de unos pocos con fe, como lo ha sido hasta ahora: Groba, Encinar, Palomero, Culla.... los músicos.
El caso es que no sé si esto está asumido, especialmente después de ver cómo nuestros representantes salían extasiado del concierto aniversario de la Orcam porque Joaquín Achúcarro había tocado un nocturno de Scriabin "¡Sólo con la mano izquierda!".
La realidad es que la Orcam no es la mejor orquesta del mundo. Es mucho más de lo que puede ser con los medios de que s le dota. El concierto del 25º aniversario lo ha vuelto a confirmar. Extraordinario el estreno de José Luis Turina sobre el "Quintettino" de Boccherini, el de la "Ritirata", digna obra de alguien que hace lo que le de la gana, se ríe, disfruta, está de vuelta y lo contagia.
Formidables las "Noches" de Falla y Achúcarro, propias de un gran maestro. Emocionante el estreno del madrileño Julián Bautista, exiliado en Argentina para desgracia suya de todos. Y entusiasta la "Misa" de Beethoven porque no podía ser de otra forma. Al fin y al cabo, esta es la vitamina que en 25 años ha hecho posible a nuestra Orcam. Alberto González Lapuente



No basta una gran orquesta

12-01-2010


XXVI Festiva de Canarias
No todo lo es una orquesta
Obras de Webern, Mahler y Strauss. Thomas Quasthoff, barítono. Zubin Mehta, director. Auditorio de Tenerife, 11 de enero.
“Como decíamos ayer” no era un inicio tan triste como el de la primera parte de este concierto el más adecuado para abrir una cita festiva, pero sanos doctores tiene la iglesia. Las “Seis piezas para oquesta Op.6” de Webern supusieron un formidable avance en 1913, años increíbles para la música en los que convivían –tal y como apunta Guillermo García Alcalde en sus serias notas del programa de mano- tardoromanticismo, impresionismo, expresionismo y atonalismo. Aún hoy día, cien años después, suenan “demasiado modernas” para gran parte del público, que las aplude sin demasiado convencimiento, aunque las escuche en una versión tan impecable como la que tradujo Zubin Mehta aprovechando los mil y un extraordinarios mimbres de la Staatskapelle Dresden. Es además una obra que le viene como anillo al dedo al maestro hindú, puesto que exige un control total sobre una muy amplia orquesta, uno de sus puntos fuertes.
El programa continuó con el lujo de un Thomas Quasthoff cantando los “Kinderttenlieder” de Mahler, en los que brilló a excelente altura, especialmente por el sentimiento imprimido y la matización en todos los amplios contrastes emotivos de unas canciones que tentaron al diablo. Escritas con sus dos hijos en vida, poco más tarde moriría de difteria su hija Maria Anna. La voz del barítono alemán no sonó como otras veces, si bien siguen siendo admirables sus graves aterciopelados y la firmeza de unos agudos casi de tenor dramático. La culpa provenía de la acústica del auditorio de Calatrava, espectacular por fuera pero poco práctico por dentro, y ésta incidiría aún más en la siguiente obra de la noche.
La orquesta que presume e ser la más antigua del mundo tuvo muchas veces a Richard Strauss en su podio e incluso fue destinataria de varios de sus estrenos. El inicio del poema sinfónico “Así habó Zaratustra” lo conoce casi todo el mundo, aunque muchos menos sepan de qué van los compases que siguen a los que nos dejó Kubrick en la obertura de su “2001”. Los de Dresde volvieron a lucir la pastoso y suntuoso empaste de su cuerda, la dulzura de sus vientos -metales incluidos- los pianos etéreos y los fortes sin acritud alguna. Mehta se esforzó, con y sin batuta, para hacer toda una demostración de las sonoridades del poema. Conseguidas éstas a pesar de la distante acústica de la sala, quedaron más apagadas las dudas metafísicas que nutren su base. Hay auditorios en los que las diferencias entre una buena orquesta y una excepcional apenas se perfilan. El de Tenerife es uno de ellos. Gonzalo Alonso

“Como decíamos ayer” no era un inicio tan triste como el de la primera parte de este concierto el más adecuado para abrir una cita festiva, pero sanos doctores tiene la iglesia. Las “Seis piezas para oquesta Op.6” de Webern supusieron un formidable avance en 1913, años increíbles para la música en los que convivían –tal y como apunta Guillermo García Alcalde en sus serias notas del programa de mano- tardoromanticismo, impresionismo, expresionismo y atonalismo. Aún hoy día, cien años después, suenan “demasiado modernas” para gran parte del público, que las aplude sin demasiado convencimiento, aunque las escuche en una versión tan impecable como la que tradujo Zubin Mehta aprovechando los mil y un extraordinarios mimbres de la Staatskapelle Dresden. Es además una obra que le viene como anillo al dedo al maestro hindú, puesto que exige un control total sobre una muy amplia orquesta, uno de sus puntos fuertes.
El programa continuó con el lujo de un Thomas Quasthoff cantando los “Kinderttenlieder” de Mahler, en los que brilló a excelente altura, especialmente por el sentimiento imprimido y la matización en todos los amplios contrastes emotivos de unas canciones que tentaron al diablo. Escritas con sus dos hijos en vida, poco más tarde moriría de difteria su hija Maria Anna. La voz del barítono alemán no sonó como otras veces, si bien siguen siendo admirables sus graves aterciopelados y la firmeza de unos agudos casi de tenor dramático. La culpa era de la acústica del espectacular auditorio diseñado por Calatrava ésta incidiría aún más en la siguiente obra de Strauss.
La orquesta que presume e ser la más antigua del mundo tuvo muchas veces a Richard Strauss en su podio e incluso fue destinataria de varios de sus estrenos. El inicio del poema sinfónico “Así habó Zaratustra” lo conoce casi todo el mundo aunque muchos menos sepan de qué van los compases que siguen a los que nos dejó Kubrick en su “2001”. Los e Dresde volvieron a lucir la pastoso y suntuoso empaste de su cuerda, la dulzura de sus vientos, metales incluidos, los pianos etéreos y los fortes sin acritud alguna. Mehta se esforzó, con y sin batuta, para hacer toda una demostración de las sonoridades del poema. Conseguidas éstas a pesar de la distante acústica de la sala, quedaron más apagadas las dudas metafísicas que nutren su base. Hay auditorios en los que las diferencias entre una buena orquesta y una excepcional apenas se perfilan. El de Tenerife es uno de ellos. Gonzalo Alonso


Gonzalo Alonso


Dresde en Canarias, una orquesta que toca sola

10-01-2010


XXVI Festival de Canarias
Una orquesta que toca sola
Obras de Brahms. Staatskapelle Dresden. Zubin Mehta, director. Auditorio Alfredo Kraus. Las Palmas de Gran Canaria, 9 de enero.
La crisis también ha llegado, como era lógico, al Festival de Canarias. Su duración y espectáculos se han reducido casi a la mitad, al igual que su presupuesto que ha pasado de siete millones a tres. Quizá no sea mal asunto concentrar actos para retomar el concepto clásico de festival en vez del de temporada corta. Un mes, una docena de conciertos con solistas, agrupaciones y directores de primer nivel se antoja suficiente. Lo que el Festival de Canarias no debe perder es su carácter esencialmente clásico, así como mantener la calidad, tal y como sucede en la presente edición. Thomas Quasthoff, Zubin Mehta y la Staatskapelle de Dresde suponen un gran pistoletazo de salida para una programación que incluye a la Filarmónica de Londres, la Orquesta Nacional Rusa, Dudamel, Pletnev, Jurowski, Lif Ove Andsness, Uchida, etc sin olvidar la atención al capítulo de estrenos, con obras de Laura Vega, Benzecry o Turnage.
Los conciertos de Dresde fueron apalabrados por Rafael Nebot, capitán de 22 ediciones del certamen, y mantenidos por sus sucesores Juan Mendoza y Candelaria Rodríguez. Alguno de ellos debería haber caído en la cuenta de que las “Seis piezas para orquesta Op.6” de Webern y las “Canciones a los niños muertos” son sin duda grandes obras, pero pecan de tristes para abrir un festival. Hubiera sido quizá más acertado empezar por el segundo programa, un monográfico Brahms, comentado a continuación.
El sonido de la Staatskapelle Dresden es esplendoroso en todas sus secciones, aunque podría resaltarse el lujo de la cuerda, justo algo fundamental en el tejido brahmsiano. La “Cuarta sinfonía” sonó portentosa, brillantísima y en ella se lucieron todos los instrumentistas, empezando por la flautista. Es una orquesta que toca sola y no dejó de percibirse. Brahms le va mucho más a la agrupación que al director, a quien le falta un punto de entrega. Mehta posee una gran técnica y controla la orquesta como pocos, pero esa facilidad perjudica a veces la profundización y la “Cuarta” requiería más alma en su magnífica sonoridad. Algo anodinas, por la misma causa, resultaron la “Obertura trágica” y, sobre todo, las “Variaciones sobre un tema de Haydn”. La danza de Dvorak regalada vovió a dejar asombrado al público que llenaba el auditorio. Poquísimas veces se puede escuchar con tal plenitud. Esto s una orquesta. Gonzalo Alonso


Gonzalo Alonso


25 Aniversario de la Orquesta de la CAM

10-01-2010


CUMPLEAÑOS COMUNITARIAMENTE FELIZ
 
Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid
Obras de J. L. Turina, Bautista, Falla y Beethoven. Joaquín Achúcarro (piano), Coro y Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dir.: José Ramón Encinar. Auditorio Nacional de Música, Madrid, 9 de enero de 2010.
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25 años es, para un coro y una orquesta, una edad no sólo juvenil, casi significa entrada en la adolescencia sinfónica. Miguel Groba (Ponte Areas, 1935) creó en 1984, a fuerza de tesón y paciencia, un coro de 32 voces para la entonces incipiente Comunidad de Madrid, al que en 1987 se añadió una orquesta de cámara. Tomás Marco, en espléndidas notas al programa de mano de este concierto conmemorativo, explica toda la historia fundacional de los conjuntos, teñida a veces con ribetes novelescos. En 1990 cantores e instrumentistas se constituyen en Asociación Cultural, en 1997 la orquesta, ya con el tamaño de una “orquesta clásica”, se vincula al Teatro de la Zarzuela, y en el 2000, tras la jubilación de Groba, José Ramón Encinar recoge un testigo artístico, que en lo administrativo también ha tenido nombres que no pueden darse de lado: Alfonso Carraté, Félix Palomero y Jorge Culla, a los que, desde hace semanas, se añade el de Roberto Ugarte.
Para festejar al maravilloso coro que hoy dirige Jordi Casas, José Luis Turina ha concebido un extraordinario divertimento vocal de 10 minutos, “Ritirata Notturna”, basado en el célebre Quintetino de Boccherini, citado y solfeado en el curso de la pieza, amén de incardinarse en la misma efectos percutivos que van desde la caja al taconeo y, fundamental, una parte recitada de las Ordenanzas de Carlos III. La perenne vena investigadora de José Ramón Encinar recuperó, y hasta estrenó, la suite de Julián Bautista para “La dama duende”, película argentina de 1945 basada en Calderón y en cuyo final se maridan en el canto los versos del clásico con los de Alberti, vinculado al proyecto fílmico de Luis Saslavsky.
El gran repertorio entró en escena con las “Noches en los jardines de España” de Falla, con la sabia musicalidad del bilbaíno Joaquín Achúcarro y un matizadísimo acompañamiento de Encinar, que cerro velada con el “otro” gran repertorio, la poco transitada “Misa en Do mayor” de Beethoven, en donde el coro repitió protagonismo irreprochable, con el valor añadido de que tres de los cuatro solistas (Musa, Gancedo y López) fueran miembros de la institución, a los que se añadió el bajo argentino Muruaga. Si hasta ahora la historia es buena, el futuro se adivina aún mejor. José Luis Pérez de Arteaga


Jose Luis Pérez


Damrau en Grandes Voces del Real

01-01-2010


Damrau en Grandes Voces del Real
¡Viva la coloratura!
Obras de Mozart, Rossini, Ravel, Massenet y Bellini. Diana Damrau. Orquesta Sinfónica de Madrid. Jesús Lópz Cobos, director. Teatro Real. 23 de diciembre.
Tras una primera parte centrada en Mozart y en la que ni cantante, ni director, ni público se llegaron a encontrar, llegó la Rosina de “El barbero de Sevilla” y Diana Damrau se hizo con el teatro. Cantó muy bien la dificilísima y larga aria “Al destin che minaccia” de “Mitridate”, un punto por debajo de lo que es capaz el “Exsultate, jubilate” y con gran musicalidad y sentimiento la página de Pamina “Ach, ich fühl’s”. Quizá alguna parte de la audiencia había echado en falta esa Reina de la noche con la que tantas veces ha triunfado y bastante de más la “Kleine Nachtmusik” con la que López Cobos abrió el programa, pasando por alto que en estos conciertos la gente quiere escuchar la voz solista y no un atracón de orquesta y, además, un atracón aburrido. ¿Qué pintaban sus más de quince minutos en la presentación de Damrau? Absolutamente nada, como tampoco la “Pavana para una infanta difunta” de la segunda parte aunque, todo hay que decirlo, aquí sí se alcanzó un buen nivel musical. Por si fuera poco la “Maurerische Trauermusik” no era la pieza más adecuada para alegrar y caldear el ánimo.
Menos mal que tras la pausa salió Rosina con todo su garbo. Se escuchó “Una voce poco fa” un tanto exagerada en el fondo y en las formas. Demasiados gestos y demasiadas pirotecnias ornamentales. El aria queda mucho mejor en voz de mezzo, pero encandiló al público y desde entonces los aplausos se transformaron en ovaciones. Más agilidades en “Je marche sur Tous les chemins” de esa “Manon” que debutará pronto y, como colofón, una impecable escena final de “La sonnambula” belliniana, muy contenida la primera parte y con bravura la cabaleta.
Las propinas de Mozart, Massenet y Puccini acabaron de redondear una tarde de triunfo, pero todos esperamos en el Real a Damrau en una ópera completa. El próximo abril cantará en el Liceo “Rapto en el serrallo”. Gonzalo Alonso


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Gonzalo Alonso


PRÊTRE VOLVIÓ A SENTAR CÁTEDRA

01-01-2010


PRÊTRE VOLVIÓ A SENTAR CÁTEDRA

Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena
Obras de Johan STRAUSS (padre e hijo), Josef STRAUSS, Eduar STRAUSS; Jacques OFFENBACH, Otto NICOLAI y Hans Christian LUMBYE. Orquesta Filarmónica de Viena. Director: Georges Prêtre. 1 de enero de 2010, Goldene Saal, Musikverein, Viena

En el 2008 rompió la barrera de la longevidad filarmónica: nadie había dirigido el Concierto de Año nuevo de la Filarmónica de Viena con 83 años; pero ayer Georges Prêtre (París, 1924) pulverizó su propio record, al ponerse delante de público y orquesta con 85 primaveras que hacen palidecer de envidia salutífera a humanoides dos y tres décadas más jóvenes. El músico francés, parece innecesario afirmarlo, es una fuerza de la naturaleza, pero lo es sobre todo del espíritu, que empieza con su mismo talante lúdico, risueño: Prêtre se dedica a dirigir música porque, es obvio desde que sale a escena, es lo que más le divierte en el mundo, y, al igual que hace dos años, dejó claro que nadie se lo pasa mejor que él en el “Neujahrkonzert”. Es, seguramente, una de las razones por las que es uno de los “amados” de la Filarmónica de Viena: la agrupación le adora, con esa complicidad recíproca que en el pasado fue patrimonio de Hans Knappertsbusch, de Clemens Krauss, de Willy Boskowski -que además era de la familia, o sea, de la orquesta-, de Karajan, de Karl Böhm, de Carlos Kleiber, de Bernstein y que hoy, acaso, sólo Zubin Mehta comparte con el maestro francés.
Pero, como ya se ha escrito por activa y por pasiva, Prêtre no es sólo el mas vienés de los franceses por antigüedad, contumacia o persistencia, y tampoco por simpatía personal y empatía profesional con los “Philharmoniker” –que ambas tiene con creces-, sino por una singular sabiduría musical que descansa en su dominio total del llamado “estilo vienés” –expresividad, acentuación, fraseo, y por encima de todo la flexibilidad del `rubato’-, técnica, manera, modo, llámese como se quiera y pueda, que fuera propiedad casi exclusiva de algunos de los maestros previamente mentados (pero sobre todo de cuatro de ellos, Knappertsbuch, Boskowsky, Karajan y Kleiber). Si un director al uso, o sea, el 95 por ciento de los que se encuentran en activo, se permitiera “rubatear” “Vino, mujeres y canciones”, “El murciélago” o el mismo “Danubio azul” tal como Prêtre se faculta, sería tildado de artificioso, afectado y antinatural, y de inmediato sería arrojado al erebo del rebuscamiento y la torpeza; de nada de esto se puede acusar al que fuera director predilecto de Maria Callas o amigo entrañable de Francis Poulenc, porque esa forma de Prêtre de controlar/liberar la pulsación emana con perfecta naturalidad, con musicalidad absoluta, con “vieneseidad” inusitada.
Como en el 2008, el artista se marcó ayer un “Danubio azul” para las antologías, pero no menor fue su impronta en la portentosa Obertura de “El mucielago” o en similar página de “Die Rheinnixen” de Offenbach –pronúnciese “pre-Barcarola” de “Los cuentos de Hoffmann”-, o, tercera Obertura, “Las alegres comadres de Windsor” de Otto Nicolai, el fundador de la Filarmónica, por no hablar de su bis dramática, de gran director de ópera, en estas últimas obras, o en las páginas “pequeñas” de la sesión, “En el bosque de Krapfen”, la “Champagner –Polka” o, joya en miniatura del concierto, el “Perpetumm Mobile”, piezas todas de Johann Strauss hijo.
Prêtre es directo, practica la retórica de la concisión, por ello, a diferencia de otros colegas y predecesores, no entra en consideraciones políticas o arengas especulativas al felicitar el año con la orquesta, y se limita al tradicional “La Filarmónica de Viena y yo les deseamos ¡Feliz Año Nuevo!” Sabe de qué va este concierto, no lo necesita como palanca para nada; y es que, año tras año –y ya son muchos-, el artista programa Bruckner o Mahler en los conciertos de abono de la formación, o sea, un repertorio, no radicalmente distinto -no es tanta la diferencia estilística o cronológica de estos autores con los Strauss, a los que idolatraban-, pero sí de una sustancia musical, artística, que no se pide el 1 de enero. Hasta en este saber estar en cada situación Prêtre da clases a buena parte de la profesión. Si los vieneses vuelven a pedirle “tercera edición” dentro de dos años –tendrá entonces 87, pero ese dato, en su caso, no parece relevante-, no habrá por qué extrañarse. José Luis Pérez de Arteaga


José Luis Pérez



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