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Cooperation contract between Salzburg Easter Festival and Teatro Real, Madrid, has been achieved
A contracorriente
Por Publicado el: 12/04/2011Categorías: En la prensa

Antonio Iglesias habla de la 50 edición de cuenca y de Mortier

«Lo de Cuenca
es ya un festival”
Tiempo
Cuenca celebra este año la edición número 50 de su Semana de Música Religiosa. Su creador, Antonio Iglesias, hace balance
Después de iniciar una carrera
internacional en el piano, que
aprendió con José Cubiles y le
llevó al Town Hall neoyorquino
o la Salle Gaveau de Paris,
Antonio Iglesias (Orense, 1918) dejó todo
por la pedagogía musical. Creador de
Música en Compostela, que aún dirige, a
él se debe el nacimiento de la Semana de
Música Religiosa de Cuenca, a cuyo frente
permaneció más de dos décadas. En la
misma línea hizo brotar otra propuesta:
«Junto al presidente de la Diputación
creamos el Instituto de Música Religiosa,
que ha editado más de veinte libros», dice.
«Todo ello en un lugar como Cuenca,
tan humilde, pero con una enorme sensibilidad».
Por esa afección la ciudad le
nombró el pasado año hijo adoptivo. Hoy
no conoce a quien dirige su Semana. Ni
al presidente del Patronato que firma la
carta preguntando en qué dos días acepta
la invitación que se le cursa.
Con deslumbrante lucidez, en su despacho
de secretario general honorífico de
la Real Academia de Bellas Artes de San
Fernando, Iglesias recuerda cómo surgi6
aquella idea que, consolidada como
una de las cinco grandes convocatorias
musicales de España, entra en su 50 edición.
«Todas las cosas se hacen en España
cuando a una persona poderosa le interesan
porque estima que son necesarias.
Hace cincuenta años los gobernadores
civiles eran propietarios de la cultura en
su ciudad. El de Cuenca, Eugenio López
López, orensano como yo, era un amigo
mío fraternal. Cuando le nombraron
me pidió ideas para potenciar la oferta
cultural conquense. En aquel momento,
quizá alentada por Enrique Franco desde
el Arriba, había una queja unánime de
que no se cultivaba la música de Victoria,
Morales, Guerrero.. . Que los grandes
polifonistas estaban olvidados. Era cierto.
Lo puse en relaci6n con la fama de Cuenca
por sus procesiones y surgió el binomio
música-religión. La idea consistiría
en potenciar allí, en la Semana Santa, la
música religiosa española».
El arranque no fue fácil. Faltaba dinero
para materializar los seis conciertos originariamente
propuestos, coincidiendo
con distintas procesiones. Se quedaron
en cuatro. Recuerda cuál fue el primero:
«Od6n Alonso dirigiendo a la Filarmónica
de Madrid un programa de música
religiosa española, sin limitarse a los polifonistas».
La repuesta fue clamorosa.
«Aquello estaba hecho. Aparte de idear
el nombre, simplemente lo organice. Creí
que era una idea muy buena y tendría un
magnífico desarrollo. Así sucedió mientras
estuve al frente. Con gran generosidad,
la Caja de Ahorros prácticamente
mantenía la Semana de Música Religiosa
(nunca quise llamarla festival), porque
crey6 en ella. Fue todo estupendamente.
Con gran esfuerzo, como todo lo que
tiene que ver con la música en España.
Aunque se ha conseguido bastante, todavía
no existe en nuestro país una sensibilidad
musical».
El público acudió masivamente a Ios
conciertos, en los primeros tiempos gratuitos.
La iglesia de San Miguel, el único
lugar adecuado para tal propósito, se llenaba.
«Después descubrí la de Arcas, y
algunos sitios más».
Pronto los pentagramas pasaron a ser
siete, coincidiendo con los días de la
Semana Santa. En la actualidad, la cifra
casi se cuadruplica: «Me parece que se
ha desvirtuado la idea inicial, que para
mi era, insisto, religión-música y pasos
de la Semana Santa. Nada más». Iglesias
se sintió satisfecho con el modo en que
aquel acontecimiento fue creciendo:
«Muy satisfecho hasta que lo tuve que
dejar. Todo cambió cuando nombraron
nuevo director con otra visión. En ese
momento se produjo un gran vacío, porque
quienes me sucedieron ni siquiera
tuvieron la gentileza de contar comigo
para encadenar las cosas». En pocas
palabras: tabla rasa. «Eso es. Se acabó.
Mucho tiempo después volví a Cuenca
como crítico. Hoy todo es distinto: las
procesiones tampoco son lo que fueron.’
Aunque sigo creyendo en la belleza y en
el interés de la Semana». El espíritu religioso
en la programación parece mantenerse:
«Tal vez algo se podría escapar,
pero en líneas generales continúa respondiendo».
Otra cosa es si ha crecido
bien la criatura. «En mi opinión, está
desmesurada. Creo que hay conciertos
con poquísimo público. Deficitarios,
con seguridad. Se ha desbordado
aquella idea humilde de complementar
‘ + . las procesiones, que parecían estar pidiéndolo.
Veinticinco conciertos en tan
pocos días, algunos coincidentes, al haber
más propuestas que fechas, no los
aguantan Madrid ni Barcelona. Me parece
que en este momento coincide con
la idea de festival, término del que siempre
huí. Para mí no era ni más ni menos
que una semana de música religiosa en
la que podían ocurrir cosas como que el
crítico francés de Le Monde tuviera que
venir a Cuenca para escuchar una obra
tan fundamental en el repertorio de su
país como los Oficios de Tinieblas de
Couperin» .
Marca de la Semana ha sido la política de
encargos. «En la primera estrenamos una
obra encargada a Alberto Blancafort. A
partir de ese momento, cada año hubo
una petición. Esa política la he aplicado
allí donde he podido, en el convencimiento
de que la música española estaba
muy mal atendida. Como sigue ocurriendo.
Gerard Mortier, en su nueva temporada
para el Teatro Real, argumenta que
Mercadante, de quien se ha programado
I due Figaro, estaba en España cuando
la escribió. Eso no lo convierte en español.
Tenemos la obligación de cultivar lo
nuestro, que es muy bello. Siempre ha
habido obras interesantes en la historia
de la música española. He creído en ella y
luchado por ella.-Por eso, a mi edad continuo
al frente de Música en Compostela,
un curso universitario que alcanza 55
años. Puse el dedo en la llaga y triunfé,
{qué vamos a hacerle? Pero eso lo tienen
a mal los que no lo hacían. La música
española no se cultiva en la forma que
se merece. Tenemos de todo, muy bien
hecho, y Mortier se descuelga con que
Mercadante se formó en España.. . Que
no haya música española en la pr6xima
temporada del Real me parece no mal,
sino muy mal. Si no son los centros oficiales
quienes deciden apostar por ella,
quién lo va a hacer? ¡Que no se le caiga la
cara de vergüenza excluyendo la música
española!. . . ¡Hombre, no!».
Juan Antonio Llorente

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