Recomendación – Beckmesser https://www.beckmesser.com Revista de musica clasica, noticias, críticas y comentarios de música clásica y ópera Thu, 23 Jan 2020 15:25:47 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.2.5 https://www.beckmesser.com/wp-content/uploads/2018/10/favicon-beck.png Recomendación – Beckmesser https://www.beckmesser.com 32 32
Recomendación: Leonidas Kavakos y Enrico Pace en Ibermúsica con las Sonatas para violín y piano de Beethoven https://www.beckmesser.com/recomendacion-leonidas-kavakos-enrico-pace-ibermusica/ https://www.beckmesser.com/recomendacion-leonidas-kavakos-enrico-pace-ibermusica/#respond Fri, 24 Jan 2020 07:03:16 +0000 https://www.beckmesser.com/?p=160826 LEONIDAS KAVAKOS Y ENRICO PACE EN IBERMÚSICA

El violín de un pianista

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Leonidas Kavakos con el pianista Enrico Pace

El modelo de Beethoven para el género es Mozart, que escribió sus primeras sonatas para violín a los siete años. Ya en estas piezas de niñez, la norma barroca, basada en la utilización del bajo continuo, se ve alterada, pues el salzburgués supera la idea de acompañamiento opcional para pasar a otro de carácter obligado. Esas piezas de 1764, no obstante, son solo ensayos, para los que seguramente Leopoldo Mozart prestó mucha ayuda. Las siguientes seis, para clave y acompañamiento de violín, siguen los pasos de Johann Christian Bach, y son las publicadas en Mannheim, ya  en 1778,  las que dan el salto hacia el modelo de sonata para violín y piano en el que se fijaría Beethoven. Mozart seguiría utilizando la fórmula durante toda la década de los 80, cuando ya Beethoven había empezado a escribir adaptando el modelo, que usó reiteradamente durante la década de los 90: ocho de sus diez sonatas para violín fueron escritas entre 1798 y 1802. Ninguna fue de encargo, y lo que nadie hasta ahora ha sabido explicar es por qué un pianista que tocaba el violín bastante mal, pudo sufrir tal atracción por esta forma: ¿una manera de venerar a su ídolo?

20 años; ese es el período que abarca la composición de las obras para violín y piano de Beethoven: las Variaciones sobre ‘ Se vuol ballare’  de Las bodas de Fígaro, un Rondó, seis danzas alemanas y las diez sonatas para violín y piano. Desde las tempranas Sonatas op.12 (1797-98)  hasta la última, la Op.96, de 1812, se observa, como es lógico, una gran evolución, pero desde la primera Beethoven es Beethoven. Es un gran ejercicio la escucha de la serie completa ininterrumpidamente (recuerdo: el disco sigue existiendo), pero es cierto que las últimas precipitan muchos acontecimientos. La volcánica y a la vez equilibrada Op.30/3 abre el recital de Kavakos, que desde luego ha montado yendo al grano sin contemplaciones, pues incluye, ahí es nada, las tres últimas, por este orden: la mencionada núm.8 op.30/3, la Núm.9 op.47 ‘Ktreutzer’ y la Núm.10 op.96.

La Ktreutzer, que se escuchará en segundo lugar, tiene que ver con la opus anterior, tres piezas dedicadas al zar Alejandro I de Rusia, de las que la tercera se sitúa como antesala de aquella. Ambas son igual de pasionales y líricas al cincuenta por cierto, pero la segunda da un  paso más en la literatura violinística del autor. Se ha dicho alguna ver que a Beethoven le pudo estimular contar con un buen violinista para su estreno (la escribió a toda prisa). Sin embargo, musicalmente es tan inspirada que más bien parece resultado de uno de esos ataques de creatividad con que el primer Beethoven llama a la puerta de su primera madurez. Esta, en el repertorio violinístico del autor, es la medalla de bronce de las dos siguientes, el Concierto para violín, de 1806, y la Sonata núm.10. Esta data de 1812, pero fue revisada tres años más tarde y no se publicó hasta 1816. Con esta pieza Beethoven está ya al borde de la gran puerta de la complejidad que abrirá su último período compositivo. Beethoven empieza comienza a mirar hacia su interior, el lugar –quizá único- en el que empezaba a sentirse verdaderamente a gusto tras el esfuerzo épico que supuso su larga observación del hombre cara a cara; un  agotador ejercicio de humanismo a flor de piel. Esta es su mejor sonata para violín, y la que más habla de sí mismo, a veces cordialmente, otras de manera menos generosa. El Adagio Expressivo parece adentrarse en los pantanosos terrenos de sus últimas sonatas para piano.

Kavakos, tiene, qué duda cabe, un duro hueso que roer. Pero la primera y anticipada felicitación debe referirse al hecho mismo de enfrentase a este repertorio en vivo, que apenas se programa en nuestras salas de concierto. Bueno, el mérito es también, naturalmente, de Ibermúsica por impulsar estas cosas. Pedro González Mira

BEETHOVEN: Sonatas para violín y piano núms. 8, 9 ‘Kreutzer’ y 10.  Leonidas Kavakos, violín; Enrico Pace, piano. Auditorio Nacional de Música, Sala sinfónica. Miércoles 29, 19.30. Entre 20 y 83 €.

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Recomendación: La flauta mágica en el Teatro Real https://www.beckmesser.com/recomendacion-flauta-magica-teatro-real/ https://www.beckmesser.com/recomendacion-flauta-magica-teatro-real/#respond Fri, 17 Jan 2020 07:05:03 +0000 https://www.beckmesser.com/?p=160423 Recomendación: La flauta mágica en el Teatro Real

Una de sus dos posibles lecturas

 

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Escena de La flauta mágica

La flauta mágica es seguramente la ópera más moderna de Mozart. Y sin embargo es una obra que nace mirando hacia atrás, al mundo de la alegoría, cuya observación tan abundantes y buenos resultados dio al género durante el siglo XVIII. También el primer Mozart se ocupa de ello: una manera de no mirar la vida de frente; una buena forma de decir lo que se debe decir sin que se adopte un compromiso moral o pedagógico. La trilogía Da Ponte rompe todo eso, pues se enzarza en la denuncia, en la inmersión en el mundo real para ejercer la crítica política, e incluso un cierto planteamiento dicotómico entre lo que es moral y lo que no lo es, pasando por lo que es directamente amoral. Sin embargo, ni antes ni después, Mozart ejerce de sacerdote; nunca se plantea impartir reglas o leyes sino más bien la observancia de una determinada laxitud ética muy bien defendida por una maravillosa estética: la que surge de la  genial dramaturgia que aplica a sus partituras musicales. La Flauta es otra cosa; todo un experimento construido alrededor de un cuento infantil, que encierra, como todos los grandes cuentos infantiles, una mensaje moral de mucho calado, del que, no obstante se  puede hacer una doble lectura: una directa, desde una perspectiva adolescente, y otra de gran calado, como una lección acerca del bien y del mal. Esto, que quizá durante el siglo XIX se entendió malamente, adquiere en nuestros tiempos una dimensión y una verdad auténticamente admirables. En una sociedad que ha perdido el hábito de escuchar, lecciones como las que se imparten aquí devienen necesarias para recomponer la educación no de nuestros jóvenes sino, precisamente, de nuestros mayores. De ahí la modernidad de la pieza, una ópera de la que  algún director se debería ocupar para trazar una versión escénica absolutamente clásica, plagada de un cartón-piedra que, como pocas veces en la ópera de hoy, recuperara la esencia, las enseñanzas, los consejos, de los sabios maestros.

La flauta mágica es un cruel relato infantil, una alegoría sobre el bien y el mal como fuerzas en continuo enfrentamiento, organizadas y gestionadas por un poder superior que nada ha de explicar acerca de su autoridad. Bajo una pátina moral que eleva la palabra al cielo, bajo esa bóveda invisible, se mueven personajes como Pamina, la hija buena de la malvada Reina de la Noche, en busca de su amado Tamino, un príncipe japonés que ya estaba enamorado de ella antes de que los tiempos comenzaran. Y bajo ese mismo cielo, el inocente Papageno, el pajarero que trabaja para la Reina de la Noche, que también busca a su preciosa Papagena. El mundo estricto y cerrado de los sacerdotes, que representan las fuerzas de la ética, el orden, la disciplina, e incluso la lógica, choca con el de la candidez de los personajes de carne y hueso que buscan el amor de carne y hueso. Las damas, el malvado Monostatos, el recto y casi ungido por la gracia superior  Sarastro (portentosa, llena de nobleza y de contenido moral su aria “In diesen heil´gen Hallen”- ‘En el interior de estas sagradas salas’), los geniecillos conforman un fantástico mundo paralelo que Mozart pone en marcha bajo la estricta norma masónica, una puesta en práctica de su ideología al servicio de una elucubración musical fabulosa. Y, efectivamente, tendría todo el sentido una lectura literal de todo ello, aun estando en el año 2020. Pero eso probablemente significaría estar en otro mundo. Hoy la ópera seguramente ya no pueda plantearse en términos de esa naturaleza. Así, la versión –del director australiano Barrie Kosky–  que repone este domingo el Teatro Real y ya pudimos ver hace cuatro años-  se basa más bien en la primera de esas dos posibles lecturas. Sobre un escenario pelado los personajes dicen sus partes mientras al fondo vemos una película de carácter fantástico, que de alguna manera explica el significado de la historia. Hay pues una concordancia entre cine y música que puede recordar al teatro negro, pero que más bien alude directamente al cine mudo. Recuerdo que los diálogos están acompañados por partes de dos fantasías para piano del propio Mozart. El resultado es brillante y original en su estilo. Inteligible y disfrutable al cien por cien. De la dirección musical y los cantantes ya se ha ocupado en la sección de ‘Previos’ de estas páginas mi admirado José María Irurzun – lea los comentarios previos aquí . Pedro González Mira

MOZART: La flauta mágica. Andrea Mastroni/Rafael Siwek, Stanislas de Barbeyyrac/Paul Appleby, Sabine Devieilhe/Rocío Pérez, Anett Fritsch/Olga Peretyatko, etc. Coro y Orquesta del Teatro Real. Director musical: Ivor Bolton. Dirección de escena: Barrie Kosky. Domingo 18, 18.00. Entre 69 y 398 €. Resto de funciones: 21, 25 y 30 de enero; 2,7,10, 13, 15, 17, 20 22 y 24 de febrero.

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Recomendación: Christian Gerhaher en el Ciclo de Lied https://www.beckmesser.com/christian-gerhaher-ciclo-lied/ https://www.beckmesser.com/christian-gerhaher-ciclo-lied/#respond Fri, 10 Jan 2020 07:04:46 +0000 https://www.beckmesser.com/?p=160501 Recomendación: Christian Gerhaher en el Ciclo de Lied

La despedida eterna

Es la segunda vez que el barítono alemán Christian Gerhaher visita el Ciclo de Lied en esta temporada, ya en su XXVI entrega. Es una gran noticia, pues hablamos de una de las autoridades liederísticas masculinas más relevantes hoy, herencia de la gran tradición alemana que desarrollaron, explicaron y propagaron Dietrich Fischer-Dieskau y Elisabeth Schwarzkopf, ambos maestros de Gerhaher. Una vez más, será acompañado al piano por el excelente Gerold Huber. Y redondeará una faena que comenzó en su primer recital de la temporada, en el que comenzó un repaso al Lied mahleriano con la interpretación de los Lieder eines fahrenden Gesellen (Canciones del camarada errante) y Kindertotenlieder (Canciones de los niños muertos), además de una selección de Des Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico de la juventud). Programa de enjundia, que sin embargo es superado ahora, a mi entender con creces: segundo y sexto números de Das Lied von der Erde (La canción de la tierra), los cinco Rückert Liedery otras tres canciones de Des Knaben Wunderhorn: Revelge (Diana), Der Tamboursg’ sell (El tamborilero) y Wo die schönen Trompeten blasen (Donde suenan las magníficas trompetas).

Gerhaher es una autoridad en Schubert, Schumann y Mahler. Pero también es un gran cantante de ópera, siguiendo en esa doble condición la pauta de su maestro Fischer-Dieskau. Del que es un heredero natural, y que, como él hizo, está desarrollando una muy inteligente carrera. Las virtudes de Gerhaher son muchas y muy obvias: técnica depurada, línea de canto perfecta, estilo, expresión, lógica discursiva, capacidad interpretativa… Y unas cuantas más, incluida un color vocal muy adecuado para este repertorio. Por eso, y por el inmenso programa que plantea,  esta semana no puedo dejar de rogar a quien me lea que no se pierda este auténtico supermomentazo (perdón por el palabro, pero utilizándolo meto más el dedo en la gozosa llaga) que va a suponer cómo este hombre se va  a despedir de todo y de todos en la eterna Der Abschied con que se cerrará el recital, pero no antes de explicarnos los contornos de la media noche, para después apartarse del “bullicioso mundo” (en boca de Rückert) : “Vivo solo en mi cielo, en mi amor, en mi canción”.  Pedro González Mira

Christian Gerhaher, barítono: Gerold Huber, piano. Obras de Mahler. Teatro de la Zarzuela. Lunes 13, 20.00. Entre 4 y 35 €.

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Recomendación: Lisiecki en el Ciclo Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo https://www.beckmesser.com/recomendacion-lisiecki-ciclo-grandes-interpretes-fundacion-scherzo/ https://www.beckmesser.com/recomendacion-lisiecki-ciclo-grandes-interpretes-fundacion-scherzo/#respond Fri, 03 Jan 2020 07:03:10 +0000 https://www.beckmesser.com/?p=160322 Recomendación: Lisiecki en el Ciclo Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo

Cuestión de madurez

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Jan Lisiecki

Regresa Jan Lisiecki  al Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo, algo más de un año después de su debut. No pude asistir a aquel recital. Y no he escuchado a Jan Lisiecki en vivo nunca. Solo conozco sus discos, a través de los cuales he podido conocer su Chopin, su Mendelssohn, su Schumann… O mejor dicho, lo que él entendió de todo eso cuando lo grabó: tiene ahora 24 años, así que muchas de esas versiones son las de un veinteañero, y, por consiguiente, muy cambiables. ¿Significa esto a priori algo? Pues si se escucha la música sin prejuicios, nada. Pero suele suceder, sin embargo, que a esa edad los muy buenos suelen tener ya una notable técnica y una más que admirable musicalidad, pero, usualmente, una madurez muy justa para dar respuesta a las grandes páginas pianísticas. Hay excepciones, sin duda.

Lamentablemente, al menos para quien escribe, Lisiecki no está en esa lista, y sí en la larga de pianistas jóvenes que atacan sus interpretaciones  dando la espalda a la tradición establecida por sus mayores, basándolas en exceso en fórmulas que pretenden ser nuevas y diferentes. La personalidad de un joven ha de manifestarse en ideas, desde luego, pero cuando se roza la iconoclastia es muy fácil caer en rebuscamientos  vanos. Es el caso de lo que le he escuchado al joven canadiense. Por ejemplo, me ha gustado poco esa especie de alergia que tiene a los silencios y a planificar las transiciones con más perspectiva expresiva.

Entonces, ¿por qué recomiendo este concierto?  Pues por dos razones. La primera, porque lo que sí tiene ya Lisiecki (a mi entender) es una muy buena técnica (aunque el sonido en la zona aguda necesite mejoras) y una excelente línea de canto para el repertorio que suele visitar. Y la segunda que, precisamente  por ser tan joven, los cambios en los conceptos interpretativos pueden variar, y cambiar, en meses; es muy conveniente, así, observar si esos cambios se producen o no. Este es un músico con proyección. Pero, a mi juicio,  no ha llegado todavía al punto que parece puede alcanzar. Sin duda se trata de una cuestión de madurez, no de talento.  De las compañías que frecuente, de los consejos que reciba, de lo que estudie (que también), dependerá mucho su futura carrera.  Pedro González Mira

Jan Lisiecki, piano. Obras de Bach, Mendelssohn, Chopin, Beethoven y Rubinstein. Auditorio Nacional de Música, Sala sinfónica.  Jueves 09, 19.30 h. Entre 20 y 50 €.

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Recomendación: Concierto de Año Nuevo 2020 https://www.beckmesser.com/concierto-de-ano-nuevo-2020/ https://www.beckmesser.com/concierto-de-ano-nuevo-2020/#respond Fri, 27 Dec 2019 07:05:46 +0000 https://www.beckmesser.com/?p=158008 Tules rojos, gasas blancas

Al lado de mi casa hay una peluquería. La dueña, que no goza de una especial sensibilidad hacia la música clásica, está, sin embargo, entusiasmada porque este año va a ir a Viena y ha podido conseguir entradas para el Concierto de Año Nuevo. Ya ven; así se las gasta el evento: sin duda a una mayoría de la gente que lo consume  le importa más bien poco las lindezas sinfónicas (a veces maravillosas lindezas) que lo adornan, pero queda boquiabierta ante el brillo de las cariátides de la gran sala dorada y borracha por los efluvios de decenas de miles de flores frescas que invaden el espacio. El espectáculo lo desborda todo. Pero, ¿qué otros elementos conjuga? Sin duda, salvado el principal, la misma música que se interpreta, hay otros.

La sustancia musical que se exhibe  puede llegar a fascinar hasta al más sesudo conocedor, pero su mítica es más que suficiente para desarmar emocionalmente hasta al más común de los mortales. Por eso en los muchos años que lleva funcionando el invento se han hecho todas las pruebas posibles en lo que a elección de repertorio se refiere, sin duda para los buenos aficionados auténtica madre del cordero. Para los que están de paso, sin embargo, este no es un asunto a tener muy en cuenta; no es plan de complicarse la vida, con tal de que al final se puedan dar palmas después de escuchar el bellísimo Danubio.  Los entendidos, sin embargo, hacen sonar la alarma pues están ya un poco hartos de que se escudriñe el baúl de las partituras para programar músicas nuevas, casi siempre bastante malas. Es posible que tengan razón cuando defienden que es mejor repetir lo muy bueno conocido que lo malo por conocer, pero la polémica persiste, aun en su esterilidad, porque el evento se sigue poniendo en pie como si nada. Alerto, no obstante, que este año, con la inclusión de las Contradanzas WoO 14 de Beethoven, germen de otros más grandes logros de su carrera, las cosas pintan bastante bien para las novedades. Habrá una pieza de Ziehrer, el vals Saludos de amor, de Josef Strauss; dos polcas (De golpe y porrazo, Flor de escarcha) del siempre ausente Eduard; piezas de Hellmesberger, Von Suppé y Lumbye,  y bastante Strauss Jr.: la polca Fiesta de las flores, los valses  Donde florecen los limoneros, ¡Abrazaos millones!,  Disfrutad de la vida y Dínamos. Etc. Músicas que no están entre los grandísimos títulos, pero que no son de relleno.

 Para quien esto escribe hay en el Concierto de Año Nuevo, fuera de la música interpretada, tres elementos que se repiten invariablemente y que otorgan al espectáculo una personalidad única. El primero apareció desde el primer momento, el segundo es más reciente y el tercero acaso sea el que más morbo aporta. En primer lugar, está la presencia de la Orquesta Filarmónica de Viena, el instrumento ideal y perfecto para este repertorio; en realidad, es el único que persevera en brillantez e idoneidad suceda lo que suceda en cada entrega. El segundo no aparecía en origen y ha ido a más cuanto más valor televisivo ha ido alcanzando el concierto al paso de los años. Se trata del reportaje que ofrece la Radiotelevisión austríaca en el descanso del concierto. A veces parece más un anuncio publicitario que otra cosa, pero siempre está realizado con un estilo y una limpieza únicos. Y siempre es muy bello. Cuenta con la participación de músicos de la orquesta, que invariablemente tocan de escandalosamente perfecta manera. Por último el tercer elemento es el director invitado. ¿Por qué tiene bemoles su elección? Pues porque, naturalmente, son siempre batutas famosas, que aceptan a exponer sus posibles, y a veces muy plausibles, debilidades ante millones de personas, así, sin más, en vivo y en directo.  En todo caso, este es solo asunto para la crítica, que cada vez pinta menos, para qué nos vamos a engañar, ante los millones de aficionados (¿) que siguen el concierto. Pero los críticos tenemos la obligación de seguir manejando referencias necesarias. Por el Concierto de Año Nuevo han desfilado en las últimas temporadas maestros que poco tienen que decir en este repertorio a pesar de su gran nombre. Para dirigir a los Strauss y aledaños se ha de ser un buen estilista en el género (que ya es difícil) y un gran director sinfónico. Este año subirá al podio Andris Nelsons, un director de  mucho talento, que en teoría tiene los mimbres correctos para interpretar esta música de enormes tules y gasas: canta bien y su espíritu sinfónico centroeuropeo es magnífico. Pero ir de la garantía a la realidad es todo un paso. Veremos.

Por último, unas palabras acerca de las opciones para aquellos que no estarán en la sala vienesa. Una vez más acudiremos a la retransmisión;  en España, a Radio Clásica y TVE, por supuesto. Y, una vez más, nos acordaremos de José Luis Pérez de Arteaga, ahora transmutado en Martín Llade, a quien alguna vez se le ha criticado que imita a José Luis. De ser así, sería virtud más que defecto. Pedro González Mira

CONCIERTO DE AÑO NUEVO, 2020.  Orquesta Filarmónica de Viena. Dir.: Andris Nelsons. Obras de Johann I, Johann II, Jozsef y Eduard Strauss; Ziehrer, Von Suppé, Charpentier, Hellmesberger, Lumbye y Beethoven. Miércoles 1 de enero de 2020. Primera parte: a las 11.15 h. Reportaje: a las 11.51 h. Segunda parte: a las 12.15 h.

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Recomendación: Jeux de Miroirs, el nuevo disco de Javier Perianes y Josep Pons https://www.beckmesser.com/recomendacion-jeux-de-miroirs-el-nuevo-disco-de-javier-perianes-y-josep-pons/ https://www.beckmesser.com/recomendacion-jeux-de-miroirs-el-nuevo-disco-de-javier-perianes-y-josep-pons/#comments Fri, 20 Dec 2019 07:00:54 +0000 https://www.beckmesser.com/?p=157271 Recomendación: ‘Jeux de Miroirs’, Javier Perianes y Josep Pons. Harmonia Mundi

Soberbio ejercicio estético

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Javier Perianes y Josep Pons

Si hace un par de semanas incluí en esta sección una crítica de un libro, esta vez haré lo mismo con un disco. Me siento mucho más estimulado con esta recomendación.

Está en plena faena en nuestro país una generación de pianistas jóvenes muy notable. Pianistas jóvenes, o todavía jóvenes si se quiere, pero no jóvenes pianistas, que no es lo mismo; la frase, entonada así exime de compromisos con la excelencia. Pero los que no solo amamos la música sino que sabemos que existen categorías interpretativas que deben de ser tratadas aparte, o sea, esa especie formidable pero poca cosa llamada críticos, tenemos claro que uno de ellos se aparta de los estándares de manera elocuente. Javier Perianes es, sin la menor duda, el mejor y más completo pianista de esa generación. Y desde luego su arte es, en muchos repertorios vitales,  homologable a los pocos que andan por ahí, fuera de nuestra querida España, tomándose esto en serio. La crisis hace tiempo que ha obligado a ‘rompepianos’, impostores y cursis de toda índole a montar un circo al que públicos mal informados acceden impávidos. Perianes está entre esos pocos de su tiempo cuyo único objetivo al sentarse al piano es hacer música como se ha hecho toda la vida, desde la propia verdad de las notas, sin añadidos que la hagan ‘más fácil y asequible’ o inventos que la transformen en ‘algo nuevo’. Es fiel al pasado de la historia de la interpretación pianística, lo vive desde un presente pleno de gozo, y parece que desea abrir ventanas a un futuro que, definitivamente, debe de recuperar las normas clásicas. Dicho de otra manera: una vez más alucino con  la madurez pianística de este señor.

Ha pasado por Schubert, por Beethoven (todavía resuenan en mi mente los resultados de sus sorprendentes y ya lejanas clases magistrales con el maestro Barenboim), por Mendelssohn, por Grieg, por Chopin, por Debussy, más los españoles, y ahora recala en Ravel. ¿Qué ve en Ravel? Pues a mi entender una oportunidad para realizar una reflexión introspectiva distinta –que no distante- a la realizada con Debussy. Y acertada, porque el mundo de Ravel es en algunos aspectos paralelo, pero muy otro en la expresión; más inocuo pero también más encantador e imaginativo. Perianes matiza esto como pocos haya podido escuchar nunca, porque su inmersión en el tenue pero fantasioso lenguaje sonoro de Ravel es sencillamente perfecto. Uno, al escuchar esta Tombeau, recibe la impresión de que no puede tocarse ni sonar de otra manera. Es una cuestión de lógica; de la lógica que une línea y color en una misma idea. A mí me parece que eso es el piano de Ravel, que tantas veces resulta aburrido o aparentemente insustancial cuando no aparece esa especie de milagrosa fusión, una especie de unión entre belleza melódica, línea de canto y color. Para mí, Perianes lo tiene claro en el piano a solo de La Tombeau de Couperin y la Alborada del gracioso,  de las que traza auténticas versiones de referencia. Ahí es nada.

El disco se titula ‘ Jeux de Miroirs’ porque incluye la orquestación de la cuarta de las cinco  piezas del cuaderno Miroirs: Alborada del gracioso; junto a la de cuatro de las piezas de La Tombeau de Couperin. Con lo que se produce un juego de espejos entre el piano y la orquesta que Perianes y Josep Pons han ideado de forma harto original, pues entre medias han colocado el maravilloso Concierto en Sol, del que componen una no menos extraordinaria interpretación. El resultado total es brillante, redondo, pues si el pianista de Nerva se siente como en casa tocando esta música, Pons no está menos a gusto en ella. Pero lo sustantivo es poder disfrutar de todo el programa del disco con la alta calidad interpretativa alcanzada (la Orquesta de París está soberbia), haciéndolo por partida doble, en versiones para piano y para orquesta. Constituye un ejercicio estético de primer orden. Pedro González Mira

RAVEL: La alborada del graciso (versiones para piano y para orquesta). Le Tombeau de Couperin (versiones para piano y, parcialmente, para orquesta). Concierto en Sol mayor. Javier Perianes, piano. Orquesta de París. Dir.: Josep Pons. HARMONIA MUNDI, 902326

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Recomendación: Músicas navideñas https://www.beckmesser.com/recomendacion-musicas-navidenas/ https://www.beckmesser.com/recomendacion-musicas-navidenas/#respond Fri, 13 Dec 2019 07:04:08 +0000 https://www.beckmesser.com/?p=157141 Músicas navideñas

Un breve apunte para recordar lo que siempre sucede en la Navidad madrileña: los promotores de conciertos aprovechan la circunstancia para ofrecer mesías por aquí, creaciones por allá, bachs por el otro lado. Bien está.

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Robert King

La obra más recurrente es, qué duda cabe, el oratorio de Haendel El Mesías. No hay, desde luego, ningún motivo para no programar semejante obra maestra en otras épocas del año, pero lo cierto es que, como el turrón, siempre llega por estas fechas. Debe ser bienvenida en todos los casos.

Esta semana tenemos dos. Uno de corte digamos más popular,  que se presenta el sábado, y otro musicalmente más interesante, el del martes, pues tendrá en el podio a Robert King, que es un valor seguro en este repertorio. Es, pues, más recomendable este, pero sin hacer ascos al otro, que a lo que verdaderamente aspira es a llenar la sala de gentes menos cultivadas en música clásica. Lo que es excelente.

Frente a estos conciertos (más bien junto a ellos) tenemos otros dos que rezan en otra dirección. Por un lado, tres de las cantatas del Oratorio de Navidad, de Bach, músicas siempre presentes en el imaginario de los buenos aficionados a la música coral del alemán, pero en absoluto en la cima de su producción religiosa. Y, por otro, esta vez sí, una obra maestra de libro que debería estar más presente en nuestras salas de concierto sin esperar a que llegaran las Navidades: otro oratorio, La creación, de Haydn. Todo ello se podrá escuchar en versiones protagonizadas por artistas lo suficientemente interesantes. Y si no, no pasa nada; estamos en Navidad. Pedro González Mira.

HAENDEL: El Mesías. Rocío Martínez, Víctor Sordo, Adriana García Mayer, David Cervera. Sociedad Coral Excelentia de Madrid. London & Vienna Kammerorchester. Dir.: Ilia Korol. Auditorio Nacional de Música, sala sinfónica. Sábado 14, 11.00. Entre 35 y 65 €.

HAENDEL: El Mesías. Keri Fuge, Hilary Summers, Nick Pritchard, Edwars Grint. King’s Consort. Dir. Robert King.  Auditorio Nacional de Música, sala sinfónica. Martes 17, 1930.  Entre 30 y 90 €.

HAYDN: La creación. Alicia Amo, Diego Neira, Mario Villoria. Coro de la Universidad Politécnica de Madrid. Orquesta Filarmónica de España. Dir.: Javier Corcuera.  Auditorio Nacional de Música, sala sinfónica. Sábado 14, 22.30.  Entre  8 y 30 €.

BACH: Oratorio de Navidad: Cantatas 1,2, 3 y 6. Chorwerk Ruhr. B’Rock Orchestra. Dir.: Florian Helgath.  Auditorio Nacional de Música, sala sinfónica.  Miércoles, 19.30.  Entre  30  y 115 €.

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Recomendación: El anillo de la verdad, de Roger Scruton https://www.beckmesser.com/recomendacion-anillo-verdad-roger-scruton/ https://www.beckmesser.com/recomendacion-anillo-verdad-roger-scruton/#comments Fri, 06 Dec 2019 07:00:54 +0000 https://www.beckmesser.com/?p=156954 Filosofía y Música

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Sir Roger Scruton

Esta semana  no va a ser un concierto el protagonista de la sección sino un libro. Es una publicación importante.

Sir Roger Scruton, 75 años, filósofo, ensayista incansable, músico, activista, es políticamente un conservador que ha asesorado al gobierno británico en los últimos tiempos hasta que sus polémicas declaraciones sobre el islamismo y su defensa de Viktor Orbán aludiendo a los ´invasores musulmanes’ que arrasan Europa le supusieron su destitución. Antimarxista declarado, muchas veces parece más buscar la polémica vía escándalo que defender posturas en exceso ultras. Su centrismo declarado, no obstante, se encuadra en un terreno que flirtea con el populismo. Es un cerrado defensor del Brexit. Scruton ha publicado multitud de ensayos sobre estética y arte, ha escrito dos óperas, un curioso libro titulado Bebo, luego existo, que reivindica la identidad a partir de la calidad de los vinos, y un ensayo sobre el Tristán wagneriano, Death-Devoted Heart, que todavía no ha sido traducido al castellano. Sí en cambio lo ha sido su aclamado How to Be a Conservative (Cómo ser conservador), de 2014, quizá su trabajo más conocido en España.

Con  estos previos, a nadie le debe extrañar que este El anillo de la verdad resulte ser un libro cuya militancia deba de ser examinada con lupa. Desde su propio título: les confieso que, una vez leído con toda la atención que merece su prosa, no he llegado a descubrir a qué verdad se refiere. La sustancia que encierra las palabras del señor Scruton es de una apabullante ilustración; está trufada  de  pasión y versatilidad,  y como el asunto al que sirve no se queda atrás en exuberancia y riqueza de oportunidades para la interpretación, el resultado es de una brillantez inmediata. Sin embargo, un libro así debe estar sujeto a una crítica desde fuera del incondicional wagnerismo que respira, si es que ello es posible, una vez más dada las laberínticas características del asunto tratado. ¿A qué militancia me refiero?

Es un libro escrito por un filósofo, y aunque las referencias musicales son abundantes y acertadas –y objetivas- queda muy claro a través de sus páginas que el terreno analítico en el que más a gusto se encuentra el autor es el de la interpretación del Anillo como un compendio  y una consecuencia de las corrientes filosóficas que influyeron en Wagner a la hora de escribir la epopeya. Aunque  también un análisis basado en el propio encuadre del ensayista en cada una de esas corrientes. Lo que, cuando se trata de Wagner, encierra unos cuantos peligros, entre los que no es el menos importante llegar a pensar que lo que declama su interpretación es la que quiso dar Wagner. En otras palabras: Scruton interpreta la filosofía wagneriana del Anillo utilizando como herramientas sus ideas personales acerca de los inductores: de Kant (maestro indiscutible de Scruton y padre espiritual de las ideas de Johann Gottleb Fichte); de Hegel, su sucesor; de los Jóvenes Hegelianos, hijos díscolos de la marca; de Feuerbach, de Schopenhauer… Pero también, siguiendo la secuencia, de Karl Marx. Claro, es embelesador pensar que los despropósitos en los que día sí día también se embarca Wotan; o que las decisiones del indolente y a la vez irascible carácter del bello Sigfrido, nunca bien comprendidas; o que el campeón del resentimiento por negación del amor sea todavía capaz de encontrar las suficientes bondades en el sexo como para engendrar una alimaña como Hagen; o que la mujer-walkiria Brunilda dirija una operación que es la antítesis de ella misma, etc., etc.; es embelesador, digo, que todo eso sea consecuencia de un tan largo y profundo estudio antropológico y cosmológico y no simplemente un genial acto de creación pura  y dura, producto de la imaginación literaria y del genio musical. Y punto. Scruton no lo ve así (lógico; no habría escrito este tocho si no), aunque es cierto que da cierto protagonismo a los detractores más sangrantes de Wagner. A Nietzsche o a Adorno. Pero nos  recuerda el pensamiento de estos en unas pocas páginas, reservando el resto del libro, o sea todo el libro, a hacer una cerrada defensa de la idea bajo cuya cúpula él se instala, eso sí, con un conocimiento exhaustivo de los temas: el hecho de que el Anillo haya sido el resultado de un pensamiento que va desde Feuerbach hasta Schopenhauer, lo que quiere decir que se trata de una obra que debe ser leída y entendida como un ensayo musical sobre un conjunto de verdades humanas como resultado de la transformación de una serie de mitos; un camino que va desde el mito al dios, y que acaba en el ser humano.  Esta es una línea muy recurrente, y hasta conservadora, a la hora de valorar la obra. Y contraria  a la marcada por aquellos que piensan que Wagner lo que hace es disfrazar de palabrería una música absoluta y cósmicamente inigualable. (La única referencia a un montaje concreto del Anillo que se hace en el libro es al de Chéreau: para ponerlo a parir).  Por ello este libro marca una perspectiva  analítica que no supone más que la prolongación de una discusión ya clásica: ¿Wagner poeta y después músico? o ¿músico con un añadido poético de bajo contenido?

El esfuerzo de Scruton  para definir una base teórica, que corone con éxito y buena recompensa aleccionadora, es muy importante. Y encomiable. Y admirable. Bien merece un reconocimiento. Scruton se comporta al escribir como un generoso apóstol de la causa wagneriana, regalándonos razonamientos y análisis que, si bien son a veces difíciles de seguir (como muchas veces sucede con las largas y repetitivas líneas declamatorias en el relato wagneriano), debemos de agradecer por la cantidad de ideas sugeridas acerca de las diversas relaciones y niveles que propone el Anillo. Los mundos de los dioses, de los semidioses, de los mortales, de las cotas de los universos en los que se sitúan, de la evolución  en cada uno de ellos, de sus roles; la forma de exponer las relaciones entre los símbolos, el oro, el anillo, la lanza, el yelmo, etc.; la disquisición acerca de los pactos, de la ley, de los contratos en que está enfrascado el dubitativo y a la vez autoritario Wotan; el análisis que se hace de los temas del resentimiento de Alberich, del motivo del poder, del de las manzanas (al que, acertadamente, otorga mucha importancia), del personaje  de la conservadora Fricka, del rol de los gigantes; la radicalidad defensiva de Loge, etc., etc., todo ello y mucho más es objeto de una fina disección filosófica que, ya digo, si bien acaba abatiéndonos por prolija e interminable, no deja de imponer.

Me ha parecido, por otro lado, muy apropiado extraer del estudio general al personaje de Sigfrido, regalándole a él solo un capítulo. Para  tratar de desvelar la contradicción más grande del Anillo, que es él mismo, y explicar muy elocuentemente que tal cosa sucede por, primero, el cambio de perspectiva que sufre Wagner al cambiar el proyecto inicial y, segundo, por la salvaje interrupción a que sometió la composición de la obra para escribir Tristán e Isolda y Los maestros cantores de Nuremberg. Quedan muy bien explicados los matices que van desde La muerte de Sigfrido hasta El joven Sigfrido: para Wagner, casi toda una vida; los años suficientes para enfrentarse al, en mi opinión, verdadero protagonista del Anillo, un  individuo que, en su búsqueda de la libertad, no repara en el precio que ha de pagar para no ya conseguirla sino solo entenderla: el uso sistemático no del engaño, como hace su abuelo, o del sexo, como su padre, sino de la violencia con el enano, con el dragón, con el dios y con la mujer que le hace conocer el miedo. Sigfrido va a ‘cargarse’ a todo el mundo. Todo un chicarrón.

Hablábamos antes de la militancia filosófica de Scruton al explicar la gestación del Anillo. Sería injusto, no obstante, no referirnos al soberbio resumen que hace del argumento, apoyado por la selección de los motivos conductores que se reproducen al final del libro (él mismo recomienda la página www.wagnerheim.com para poder escucharlo a golpe de ratón). Es decir, que, aunque como buen wagneriano conservador no llegue a proclamar a los cuatro vientos una y otra vez (como merece) que  la música de Wagner está a años-luz de su verborrea, no se priva de hundir sus garras analíticas en los recovecos musicales más ocultos de la obra, no otros que los delineados por los casi doscientos motivos conductores que él mismo selecciona. Pero, si bien eso es todo un mérito, no avanza más sobre la música; no se detiene en el portentoso e irrepetible mensaje sinfónico que envuelve al Anillo. Porque fuera de los motivos conductores hay vida; hay una estructura, un discurso sonoro (¡qué mundo sonoro!),  que es el alma, porque es el que hace pensar a los personajes, en incluso aquello que no dicen en la marca del texto. Scruton siempre muestra  más interés por ofrecer más claves filosóficas que musicales para sus interpretaciones. Y buen ejemplo de ello es el capítulo (soberbio) titulado ‘Historia y cultura’, un auténtico manual de instrucciones al respecto.  Al final del mismo nos cuenta que  es necesario detenerse en aspectos como la política nacionalista, el amanecer de la nueva Alemania, la teoría post kantiana del yo, la filosofía revolucionaria de los Jóvenes Hegelianos, la tragedia griega, las influencias de BeethovenAsuntos todos ellos solo esbozados ahí, pero de los que se echan en falta más noticias luego. Pero en fin, quizá eso habría conducido a otro libro, y seguramente no el que Scruton ha querido escribir.

Una última mención a la traducción de Juan Lucas. No conozco el original (aunque de poco me serviría), pero no quiero dejar de dar constancia de su más que evidente esforzado trabajo, tratándose de la traslación de un conjunto de ideas formuladas muchas veces de manera críptica y en clave altamente especializada en una materia en la que las palabras, los conceptos y las ideas se escapan entre nuestras neuronas, cada vez menos avezadas para la comprensión de este tipo de lenguajes. Enhorabuena. Pedro González Mira

SCRUTON, Roger: El anillo de la verdad. Editorial Acantilado. Traducción de Juan Lucas. 513 págs. 27,55 €.

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