Crítica: Sonidos de Alemania y Toronto, en Madrid
Sonidos de Alemania y Toronto, en Madrid
Obras de Smetana, Elgar y Dvořák. Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Bamberg. J. Hrůša, director. S. Gabetta, violonchelo. Ciclo Ibermúsica. 26/I/2026. Madrid.
Obras de Rajmáninov y Prokófiev. Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Toronto. G. Gimeno, director. B. Liu, piano. Ciclo Ibermúsica. 27/I/2026. Madrid.

Jakub Hrůša y la Sinfónica de Bamberg. Foto: Marian Lenhard
Dos sinfónicas en Ibermúsica: la bien conocida de Bamberg, de sonido claro y profundo, y la de Toronto, que se ha presentado en triunfo en esta plaza. Los de Bamberg se apoyaron esta vez en las raíces checas tanto de su director, el moravo Jakub Hrůša, como de la propia orquesta. ¡Qué grande es Smetana y qué poco se programa!
Lo mejor de la noche fue su obertura de Las dos viudas, música andariega y pimpante que recibió de los bambergueses la limpieza de ejecución y el fraseo vivo y articulado que merece. De su Quinta de Dvořák, recordaremos el canto muy expresivo del tiempo lento.
La segunda noche fue también de ambiente eslavo, variedad rusa esta vez. En el comienzo del Concierto núm. 2 de Rajmáninov, dos minutos de unísono de las 50 cuerdas, oímos un empaste y una voluntad de sonar juntos solo al alcance de las primeras orquestas del mundo. La misma sensación de unidad de propósito mostró la orquesta en las melodías infinitas que copan este concierto/sinfonía.

Presentación en Ibermúsica de la Sinfónica de Toroto, con Gustavo Gimeno.
Foto: TSO.CA / Allan Cabral
En la Quinta de Prokófiev, sobre todo en el scherzo, donde Prokófiev orilla la retórica y se hace todo él ingenio y gracia, brilló la orquesta entera: desde los contrabajos, casi todos de agarre francés hasta el excelente caja, pasando por toda la madera, el arpa e, incluso, la pianista. El metal tiene el brillo de las grandes orquestas americanas.
Este sonido Toronto es obra, en buena medida, de Gustavo Gimeno, titular desde 2020. Aún recordamos su Prokófiev en el Teatro Real. Marca todos los compases en su sitio, abajo, a un lado, al otro y arriba, con gesto amplísimo, dos metros de envergadura, y polivalente, que determina no solo cuándo, sino cómo ha de sonar todo.
Ambas orquestas trajeron virtuosos de interés. Con Bamberg, Sol Gabetta tocó Elgar con el sonido hermoso y el canto elegante que le conocemos bien. Bruce Liu mostró con Toronto poderío técnico y notable contención expresiva, tanto en Rajmáninov como en la Fantasía-Impromptu de Chopin que dio de propina.






















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