Crítica: Estreno de Villa Rojo en Cuenca, un dragón en el estanque
Obras: Charpentier, Couperin, Muffat, Bach, Dozza; estrenos de Villa Rojo y Panisello. Intérpretes: El Gran Teatro del Mundo, Plural Ensemble. J. Caballero y F. Panisello, directores. Semana de Música Religiosa. 1/IV/2026. Cuenca.

Saludos para Villa Rojo tras el estreno, en Cuenca
El Miércoles Santo trajo la combinación de antigua y contemporánea que es propia de la Semana de Música Religiosa de Cuenca. En sus Lamentaciones, Charpentier no acentúa, como otros, la desesperación de Jeremías, sino la pondera con elegante cortesanía.
El Gran Teatro del Mundo, que dirige el clavecinista Julio Caballero, y el barítono Lisandro Abadía, las abordaron con adecuado comedimiento, matizando lo justo, y reservando la carga emotiva para la moraleja final: “Jerusalén, Jerusalén, ¡conviértete!” Fue en el Espacio Torner, la vieja iglesia de los Paúles reconsagrada al arte.
El Plural Ensemble, lujo del panorama contemporáneo español, presentó luego, en el Teatro Auditorio, piezas de Bach recreadas por Webern, Kurtág y Tarnopolski y estrenos de Jesús Villa Rojo y Fabián Panisello, el director del grupo. Además, la tensa música para voz noh y violonchelo que Bruno Dozza ha puesto a la Euridice de Rilke.
Canciones del alma en paz es una Noche oscura de san Juan de la Cruz compuesta para soprano (Celia Alcedo), contratenor (Carlos Mena) y grupo. Villa Rojo sitúa a los cantantes en un pianísimo agudo y eterno, incómodo para ellos, pero efectivo para redirigir a lo divino el amor humano, corporal, del poema. En esa musicación de la imagen mística reside el éxito de esta obra, encargo de la Semana.
Por su parte, Panisello contrapone en Change dos miradas a la amenaza del cambio climático: el pronóstico ominoso, en prosa extensa y fría, del Panel de Expertos, que recita/canta el barítono Andreas Jankowitsch, y la contemplación poética en breves textos japoneses del furioso dragón que duerme, no se sabe hasta cuando, en el estanque. Esto lo recita/canta en estilo noh la extraordinaria Ryoko Aoki.
El juego dramático entre ambas sonoridades, ruidosa la primera, melancólica la otra, alcanza una gran expresividad.





















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