Crítica: Travesuras y algo más, con la ORCAM y Alondra de la Parra
TRAVESURAS Y ALGO MÁS
Obras de Strauss, Mahler, Bizet, Hankash y Mahler. Fatma Said, soprano. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección: Alondra de la Parra. Madrid, Auditorio Nacional, 26 de mayo de 2026.

Alondra de la Parra
Un concierto desarrollado bajo el título Alegres travesuras, no hay duda de que conectado con la primera obra programada, Las travesuras de Till Eulenspiegel de Richard Strauss, aunque no tanto con la partitura base de la sesión, la Cuarta Sinfonía de Mahler, una suerte de caleidoscopio que, en el fondo, como dice en sus notas la musicóloga Teresa Cascudo, lo que nos plantea son preguntas existenciales sobre la vida y la muerte. Partitura que es sin duda la más auténticamente vienesa de las salidas del magín del músico, que aúna y combina milagrosamente humor refinado, sarcasmo, beatitud y sonrisa beatífica. Aspectos que en esta ocasión creemos que fueron bien destacados por la batuta.
Prudente, como marca la propia partitura, fue la exposición del primer movimiento, desarrollado mansamente, con adecuados reguladores y una ejecución muy solvente. Esperábamos una dicción y un espectro sonoro algo más vitriólicos en el segundo, que dibuja un paisaje más bien ácido con el pasajero y episódico empleo de un violín desafinado.
En el tercer movimiento (Tranquilo, poco adagio) nos convenció el pulso, la acentuación, el aire expositivo, el tempo impuestos por De la Parra a una Orquesta que se meció gustosa ante sus siempre claras, amplias de gesto, bien dibujadas indicaciones. La música discurrió serena, recogida, bien trazada en la senda practicada por otros movimientos mahlerianos de este tipo (Sinfonías nº 3 o 9, por ejemplo), aunque sin la misma carga emocional.
Todo bien llevado hasta el estallido que da paso a la exacerbada llamada de las cuatro trompas (muy acertadas) y la apertura de la puerta que nos lleva al jardín encantado y un tanto ácido del Muy cómodo (Sehr behaglic) final, con esas canciones populares que nos pintan un mundo de falso ensueño y donde escuchamos a la soprano Fatma Said, que dio intención a su fraseo, acentúo con propiedad, pero con un timbre de lírico-ligera más bien apagado, falto de penetración y de intensidad, con lo que la intencionalidad del canto quedó bastante desdibujada.
La soprano había interpretado previamente una canción de Bizet, Adieux de l’hôtesse arabe, arreglada por Jochen Neuffer, y otra del libanés Najib Hankash, Aatini Al Naya Wa Ghanni, arreglada por Tim Allhof. Lo hizo con estilo adaptándose a los meandros del pentagrama.
El concierto había comenzado, como se ha dicho, con las Travesuras de Till Eulenspiegel de Strauss, que fue bien enfocada desde el principio a pesar de las pequeñas irregularidades de la trompa solista. El aire pícaro, los acentos, la “irreverencia orquestal” de la que habla Cascudo, los súbitos accelerandi, los ataques fulmíneos, los crescendi y el aire de sátira permanente estuvieron seguramente bien dibujados en el ánimo de la directora, pero no acabaron de quedar bien explicitados por falta de claridad y de transparencia. Hubo un exceso de acumulación de texturas y de evidentes borrosidades, como en el impresionante crescendo que anticipa la ejecución del pícaro. Hay que aplaudir, no obstante, el esfuerzo y la buena intención.























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