Crítica: En busca de la transparencia. La JORCAM culmina la temporada de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid
EN BUSCA DE LA TRANSPARENCIA
Obras de Shostakovich y Brahms: Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid, JORCAM. Director: Dayner Tafur-Díaz. Auditorio Nacional, Madrid. 7 de julio de 2026.

Dayner Tafur-Díaz
La Orquesta de la Comunidad de Madrid tiene un buen punto de apoyo en la Joven Orquesta, un tierno pariente fundado en 2009. Muchos de sus miembros han entrado a formar parte con los años del conjunto senior. No está nada mal que de vez en cuando la joven formación eche su cuarto a espadas y ofrezca algún que otro concierto. Es la mejor manera de ir cogiendo soltura y afirmándose. De ahí que nos parezca de perlas la organización de una sesión como la que comentamos en estas líneas.
La JORCAM ha mostrado en esta ocasión sus buenas maneras, sus posibilidades, su entusiasmo y disciplina y nos ha hecho ver que ahí hay material de primera. Para poner esto de manifiesto se ha contado con la joven batuta del peruano Dayner Taur-Díaz (1998), que a pesar de su corta edad tiene ya sobre sus espaldas una amplia carrera y una formación de primera, con colaboraciones del más diverso pelaje y actuaciones al frente de orquestas del más variado signo. En esta presentación madrileña hemos podido observar muy interesantes rasgos en su activa gestualidad y en sus movimientos en el podio.
Desde su breve estatura se muestra muy activo y ágil y da continuas indicaciones a diestro y siniestro. El gesto es variado y conminativo, aunque puede llegar a ser indicativo y sugerente. Despliega su actividad, fogosa y contagiosa en todos los planos. Lo mostró en su animada versión, cargada de electricidad, de la Sinfonía nº 9 de Shostakovich, ese extraño y diríamos que jocoso y scherzante producto de un compositor dubitativo.
El Allegretto final tuvo verdadera dinamita y el Moderato, segundo movimiento, una muy interesante ligereza. Observamos adecuadas indicaciones de la batuta en relación con las múltiples dinámicas. Aunque la claridad de texturas y de voces no fuera en todo momento la mejor.
Estos problemas de encaje y claridad se acusaron en la bastante más difícil de ejecutar y explicar Sinfonía nº 2 de Brahms, que presenta una atmósfera pastoral y transparente de la que, pese a todo, no están ausentes las penumbras y la agitación.
Enseguida fue bautizada como Sinfonía vienesa; sin mucho fundamento, a pesar de que, como decía el autor, la obra estaba edificada en gran parte sobre una serie de valses. Dos de sus movimientos están en 3/4. Aunque lo que prevalece más bien, como se ha apuntado, es el carácter soleado, pastoral, melodioso; lo que le ha valido asimismo el remoquete de Sinfonía mozartiana.
Estos atributos pudieron ser observados y degustados solo de vez en cuando a lo largo de la interpretación de la JORCAM y Tafur-Díaz. Sí hubo aciertos, como el comienzo en piano, bien regulado de la obra o la entrada en el primer movimiento del segundo tema en las voces de los chelos, bien ajustados aquí. Como en la parte más lírica del Adagio non troppo.
No estuvo nada mal el arranque del Allegro con spirito final, llevado con donosura y elasticidad, pero sin evitar borrosidades, pasajeros desajustes y aceleraciones. El lirismo pastoral quedó, también por lo agreste de la sonoridad, diluido. Aunque hubo actuaciones solistas muy dignas de ser resaltadas. Así, la de la primera trompa, que dibujó con acierto las notas que abren la coda del primer movimiento. Mucho éxito final y bravos. Había una exultante juventud en la sala.

























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