Critica: Ars longa, vita brevis: La vida breve en Granada
Ars longa, vita brevis
75 Festival Internacional de Música y Danza de Granada. La vida breve (versión original de 1905), de Manuel de Falla. Silvia Tro Santafé, Belén Elvira, Leticia Rodríguez, Álvaro Gallegos, Alejandro Roy, Joan Martín-Royo, El Turry, Andrés Merino y Luis Mariano. Orquesta Ciudad de Granada. Coro de la Orquesta Ciudad de Granada. Director: Lucas Macías.

Fotografía Alex Cámara
La conmemoración de los ciento cincuenta años del nacimiento de Manuel de Falla ha servido para recuperar la primera versión, la ganadora en 1905 del concurso de la Real Academia de Bellas Artes, de su ópera en un acto La vida breve. Respecto a la versión canónica, la pasada por la experiencia francesa años más tarde, este Pre-Manuel de Ante-Falla presenta texturas más densas, más espesas, frente a la ligereza y la transparencia aprendida de Debussy. De todas formas, Lucas Macías hizo todo lo posible (que fue mucho) por aclarar el sonido de la OCG, por jugar con los colores, por aligerar las articulaciones y por establecer un sonido lo más transparente posible. Su fraseo fue siempre elegante, sin los excesos dinámicos y agógicos que tanto hemos escuchado en momentos como en la danza española, que en sus manos, sin perder el encanto y el perfume español, se mantuvo siempre dentro de los márgenes del comedimiento.
Silvia Tro fue una Salud de voz clara, color oscuro, perfecto apoyo incluso en las frases más graves, que sonaron con un color muy bello. El fraseo fue muy intenso, firmando un momento tan dramático como “Viva los que ríen” lleno de carga emocional con la voz plenamente firme. Todo lo contrario que la abuela de Belén Elvira, a quien era imposible adivinarle lo que cantaba si no fuera por los sobretítulos. La voz se queda dentro de la garganta, no corre, cambia de colores a lo largo de los registros y los ataques suenan violentos y ácidos. Alejandro Roy fue el tenor valiente y de voz poderosa de siempre, sin fisuras y hasta con algún atisbo de matización. Estupendos Martín-Royo con su voz contundente, oscura pero sonora, y Andrés Merino, una voz baritonal en continuo crecimiento y de un color muy seductor. Correctos Álvaro Gallegos y Leticia Rodríguez en sus breves cometidos. La parte flamenca corrió de parte de El Turry, en plenitud de facultades al cante, y de Luis Mariano, guitarra plenamente integrada en el discurso estético de Falla.
La velada se abrió con un intermedio de Cavalleria rusticana todo delicadeza y transparencia (soberbias las cuerdas de la orquesta granadina) y del Preludio y Muerte de Isolda. Pudo ser una versión algo morosa, pero a cambio Lucas Macías nos dejó paladear cada frase y cada momento, con esas leves pero expresivas retenciones antes de la aparición del “Acorde de Tristán” o con la manera sutil de poner de relieve los trémolos en piano con sordina de violas y chelos en el inicio del Liebestod. La administración de las dinámicas en el crescendo que nos lleva al clímax de la muerte de Isolda fue medida compás a compás, preparando la sublimación sonora del amor por excelencia de la Historia de la Música. Andrés Moreno Mengíbar


























Últimos comentarios