Critica: Enjundia y éxito en el Palau de la Música que homenajea a García Navarro a los 25 años de su muerte
Enjundia y éxito. El Palau de la Música homenajea a García Navarro a los 25 años de su muerte
CONCIERTO EXTRAORDINARIO HOMENAJE A LUIS ANTONIO GARCÍA NAVARRO. Programa: Obras de Bellini, Verdi, Falla, Barbieri, Vives, Luna, Wagner y Strauss. Solista: Jacquelyn Wagner (soprano). Director: Martín Baeza. Lugar: Palau de la Música. Entrada: 1.600 espectadores). Fecha: viernes, 10 julio 2026.

Jacquelyn Wagner & Martín Baeza
En plena canícula veraniega y a la misma hora en que España y sus futbolistas nacionales se batían con los belgas en los cuarto de final de la Copa del Mundo, el Palau de la Música y su Orquestra de València han rendido homenaje al maestro valenciano Luis Antonio García Navarro (1941-2001), con motivo del 25 aniversario de su muerte. Ni el calor ni el fútbol mermaron el éxito, con un Palau de la Música que rozó el lleno para recordar a quien fue director titular de la Orquestra de València “y uno de los músicos que más han paseado el nombre de España, València y Chiva por el mundo”, como recordó el alcalde de Chiva -localidad natal de García Navarro- en las alocuciones que precedieron el concierto. Para la hija del desparecido director de orquesta, Estela García, “Toni, mi padre, que así era como le llamábamos en casa y en Chiva, era un hombre bueno y entregado a sus ideales, que sigue vivo en todos nosotros”.
García Navarro fue, efectivamente, unos de los grandes directores de orquesta españoles; no de “su tiempo”, sino de todos los tiempos. Eran talento, energía, ilusión, vehemencia, pundonor y temperamento. Precisamente las mismas virtudes que ha lucido la soprano estadounidense Jacquelyn Wagner en este concierto del que fue brillante solista, ante un programa que, además de diverso y atractivo, era una prueba de fuego para cualquier cantante. Desde Bellini a Wagner y Strauss, con Verdi, Barbieri y Luna de por medio. Un tour de force del que ella salió por la puerta grande con esas virtudes que comparte con García Navarro, y con la complicidad en el podio del maestro almanseño Martín Baeza, quien además de atento acompañante y cómplice en el escenario, es su marido.
La Wagner es un punto y aparte en el panorama lírico contemporáneo. Diva y antidiva a un tiempo, su canto derrocha inteligencia, saber estar, empatía y una profesionalidad que es referencia. De memoria y con gestualidad contenida ajena a cualquier circo, se mutó en cada uno de los personajes por los que transitó en este programa, desde la Norma herida de Casta diva, a la Paloma de la Canción de El barberillo de Lavapiés o la mística Desdemona del Ave María de Otello.
Todo eso y más lo cantó en la primera parte del programa, que cerró con la Canción española de El niño judío, de Pablo Luna, que recreó con el garbo y salero de quien ha nacido en Triana o en Almansa. Luego, en la segunda, su voz y su grandeza de cantante total alcanzaron el cénit al adentrarse en tres caballos de batalla del repertorio en alemán tan prodigiosos y universales como el “Sueño de Elsa” de Lohengrin y las escenas finales de Arabella y de Salome.
Aquí, en Wagner y Strauss, la artista total transfiguró “garbo y salero” en una escenificación e interpretación vocal cargada de matices expresivos y sentido dramático. Se adentró en el tuétano de las tres heroínas hasta convertirse en la más ensoñadora Elsa, la más nostálgica Arabella y la más afilada Salome. Puntos culminantes de un actuación en la que la Wagner, con su voz lírica y vigorosamente proyectada, fue ella misma tan heroína como las tres protagonistas wagneriana y straussianas. Sin necesidad de cargar tintas ni sobreactuar. Sin partitura ni poses. ¡Desde el alma! Con la naturalidad de quién, más que interpretar, es. Voz y verdad. Estilo, escuela y clase.
Contó con el apoyó de una Orquestra de València que volvió a lucir su notable estado actual. Todas las secciones brillaron bajo el gobierno de Martín Baeza. Los metales se lucieron de lo lindo tanto en la maravilla del Fandango de Doña Francisquita como en el no menos (ni más) maravilloso preludio del acto tercero de Lohengrin; como también -y además- la percusión y la cuerda en su conjunto en la vibrante, bien recreada y popular Danza de los siete velos, en la que Martín Baeza, tan ducho en menesteres operísticos -no en vano fue durante años trompeta solista de la Deutsche Oper de Berlín- mostró su cercanía con un repertorio que también ha rodado desde el atril instrumental.
Cocinero antes que fraile, todo lo volcó el maestro de Almansa con desenvoltura, oficio y tablas. De la obertura de Norma que abrió el programa a la primera danza de La vida breve o la extensa y delicada introducción del Ave Maria de Otello, Baeza detalló la versatilidad y registros de un programa que aunó lo popular como la mejor música. Fue la noche en la que, a la sombra señera de García Navarro, las músicas de Vives o Luna hablaron de tú a tú a las de Wagner y Strauss.
Es la universalidad sin idiomas ni banderas del verdadero arte. Exactamente como lo entendió en su día García Navarro y hoy lo han expresado los protagonistas de este concierto de enjundia, éxito y homenaje. Con sus más y sus menos, “Toni” hubiera aplaudido con ganas este programa que él tanto transitó. Justo Romero
Publicado en el diario Levante el 11 de julio de 2026.


























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