Critica: Strauss y Wagner, las costuras de un programa de alto riesgo en Les Arts con Mark Elder
Strauss y Wagner, las costuras de un programa de alto riesgo
ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. Mark Elder (director). Pavel Kolésnikov (piano). Programa: Obras de Wagner (preludio de Lohengrin), Chaikovski (Primer concierto para piano y orquesta), y Strauss (Don Juan. Till Eulenspiegels), Lugar: Palau de les Arts (Auditori). Entrada: Alrededor de 1.490 personas (lleno). Fecha: Viernes, 16 octubre 2026 (repetido ayer sábado en el Auditori de Castelló).

Pavel Kolésnikov Y Mark Elder Fotografía: Miguel Lorenzo
La Orquestra de la Comunitat Valenciana y su titular, Mark Elder, han inaugurado el ciclo de abono de la nueva temporada del Palau de Les Arts con un programa exigente, comprometido y de alto riesgo, en el que se divisan con peligrosa nitidez las más sutiles costuras. Desde el desnudo y siempre expuesto preludio de Lohengrin de Wagner, a la exuberante suntuosidad orquestal de dos poemas sinfónicos straussianos tan geniales y categóricos como Don Juan y Till Eulenspiegels. En medio el arrebato romántico del Primer concierto para piano de Chaikovski, con el siberiano Pavel Kolésnikov (Novosibirsk, 1989) como singular y pintoresco solista.
La estupenda sección de cuerdas de la OCV mostró imprecisiones y leves desajustes en una página de perfecciones casi tan imposibles como el preludio de Lohengrin. Los largos y tenidos fraseos, en unos pianísimos que han de rozar el silencio, y casi siempre en el registro agudo, fueron resueltos con evidente solvencia y profesionalidad, sí, y posiblemente como ninguna otra orquesta española pueda hacerlo, pero sin la perfección total de las orquestas punteras, de Berlín a Dresde, de Viena a Ámsterdam.
Sí alcanzaron altura, relieve y calidad sobresaliente las lecturas straussianas, particularmente la de un Till Eulenspiegels cuajado de fuste orquestal, excelencias solistas y un humor y sentido irónico que Max Elder (1947) aderezó con sapiencia y solera propias del avezado maestro que es. Impresionante la respuesta de una orqueta que vibró y se involucró con virtuosismo y ambición artística en una lectura admirable y redonda, henchida de chispa, humor, brillantez y calibrado sentido narrativo. Versión de referencia y plena de méritos, más si se considera que era la primera vez que la OCV, tan curtida en el repertorio straussiano de la mano de Maazel y Mehta, paradójicamente jamás había interpretado el gran poema straussiano.
No le fue a la zaga la interpretación que bordaron de Don Juan, brillante, chulesca, insolente y decididamente entonada con el carácter y la sangre del burlador de Sevilla. Elder se metió en su piel y condujo a los profesores de la orquesta en una interpretación implacable, vehemente y arrolladora. También seductora, ¡es Don Juan!, y teñida de lirismo y ensoñación. Se siente al libertino, pero también sus amoríos, engaños y zalamerías. Versión con firma. Del maestro, pero también de una briosa orquesta que dio todo lo mejor de sí. En su conjunto y en individualidades solistas. Cum laude para el gran solo de oboe firmado por Christopher Bouwman; pero también para el concertino Gjorgi Dimcevski en su sustancial cometido, el trompa Bernardo Cifres y su sección en pleno, y para unos trombones que estuvieron toda la tarde pletóricos y pletóricamente empastados (particularmente en su gran momento en Lohengrin), y unos timbales (Gratiniano Murcia) y sección de percusión en su conjunto que bordaron tan acaba interpretación.
Para el Concierto de Chaikovski Elder y Pavel Kolésnikov optaron por tiempos vivos y dinámicas extremas y pronunciadas. En ocasiones, la brillantez sinfónica se impuso al sonido del piano solista, particularmente en los compases iniciales, donde Kolésnikov parecía sentado ante un teclado mudo, quizá debido a la errada opción de tocar arpegiados los en otras ocasiones majestuosos acordes, y no plaqué, como dejó establecido Chaikovski en el manuscrito definitivo y último del concierto. Pianista virtuoso, con criterio singular y temperamento a flor de piel, su versión adoleció de un excesivo y en ocasiones hasta emborronador uso del pedal de resonancia. Así ocurrió con el famoso pasaje de octavas del primer movimiento, y en otros episodios de una lectura que, en cualquier caso, encontró su momento de mayor interés en el Andantino central, donde se lució, y mucho, la flauta cantable de Magdalena Martínez.
Gran y bien merecido éxito de todos. De los intérpretes, sin duda, pero también del propio Palau de Les Arts, que ha logrado, finalmente, tras muchos esfuerzos y sinsabores, afianzar su ciclo sinfónico en la gran temporada global que goza la ciudad de València gracias a sus dos dinámicos palaus. Así lo atestiguaba el espectacular lleno que ofrecía el espacioso Auditori del Palau de Les Arts, pero también el aplauso, unánime, caluroso y encendido, que rubricó el final de la tarde. Harina de otro costal son los aplausos fuera de lugar y criterio que se escucharon al final de los dos primeros movimientos del concierto de Chaikovski, tan impropios en un ciudad del abolengo sinfónico de València. En fin… Justo Romero.
Publicado en el diario Levante el 17 de octubre de 2026.























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