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Por Publicado el: 05/01/2026Categorías: Artículos de Beckmesser

Carta a los Reyes Magos para el 6 de enero de 2026

Carta a los Reyes Magos para el 6 de enero de 2026

Carta a los Reyes Magos para el 6 de enero de 2026

Carta a los Reyes Magos

Queridos SS.MM. de Oriente,

Me dispongo a escribirles con la pluma cargada de esa melancolía que produce ver cómo lo que debería ser algo serio y profundo se convierte, un día sí y otro también, en un parque temático. La música es lo que suena, no lo que se explica en el programa de mano; por eso, este año mi lista es larga, porque los males de nuestra escena nacional no se curan con un simple villancico.

1. Contra el “Nuevo Orden” de los Despachos

Les pido, ante todo, limpieza en los nombramientos. Que sus camellos traigan carbón a aquellos políticos que ven en la dirección de un teatro o de una orquesta un puesto para colocar a amigos o para pagar favores ideológicos. Que traigan a nuestras instituciones directores artísticos que hayan pasado horas en el foso y no solo en los cócteles. Necesitamos gestores que sepan que un teatro de ópera no es una ONG, ni un laboratorio de experimentos sociológicos, sino un lugar donde se rinde culto a la voz y a la partitura.

2. El Fin de la Tiranía del Escenógrafo

Que traigan a los directores de escena un ejemplar de la Constitución de la Música: el respeto a la obra. Basta ya de producciones donde lo importante es que el director nos cuente sus traumas infantiles o su visión del cambio climático mientras Don Giovanni intenta cantar un aria. Que el regalo para el espectador sea volver a ver una ópera sin necesidad de un manual de instrucciones para entender por qué los protagonistas van vestidos de astronautas en la Sevilla del siglo XVIII. Que la escena acompañe a la música, no que la sabotee.

3. El Milagro de la Ley de Mecenazgo

Majestades, esto ya no es un deseo, es una súplica: traigan la Ley de Mecenazgo definitiva. No esa burla de porcentajes que no incentiva a nadie, sino una ley que permita que la sociedad civil -los que realmente aman el arte- pueda sostener sus instituciones sin depender del capricho del ministro de turno. Que el dinero privado fluya hacia la cultura con orgullo y beneficios claros, como sucede en los países que realmente se respetan a sí mismos.

4. La Salud de las Voces (y de los Oídos)

Que en sus sacos de regalos, metan un poco de paciencia para los jóvenes cantantes. Pido que las agencias dejen de quemar voces de veinticinco años en roles que requieren una madurez que aún no tienen. Traigan directores que sepan proteger a los artistas y no solo explotar su imagen en redes sociales. Y para el público, traigan el oído de antaño, ese que sabía distinguir un legato perfecto de un grito desesperado, y que no se deja engañar por la amplificación encubierta ni por el marketing agresivo

5. La Unificación y Respeto a los Cuerpos Nacionales

Pongan orden en el INAEM. Es una pena que la Orquesta Nacional, el Teatro de la Zarzuela y el Ballet Nacional sigan siendo rehenes de una burocracia decimonónica. Traigan una estructura moderna que les permita competir internacionalmente y con independencia económica.

6. El Despertar de la Crítica y la Educación

Regalen a mis colegas la independencia absoluta. Que el periodismo y también la crítica dejen de ser un intercambio de favores económicos o personales y vuelva a ser un servicio al lector. Y para los colegios, traigan el Humanismo. Menos tabletas y más instrumentos; menos contenidos efímeros y más escucha activa. Si no formamos hoy al público del mañana, sus Majestades se encontrarán dentro de veinte años con teatros vacíos o, peor aún, llenos de gente que aplaude entre movimientos de una sinfonía.

7. Los “Regalos” Particulares

  • Plácido Domingo: El elixir de la eterna juventud (o una retirada de leyenda): Que los Reyes le traigan el don de la ubicuidad para estar en todos los homenajes que merece, pero también la sabiduría de saber cuándo el silencio es el mejor broche de oro para una carrera inalcanzable. Que la dirección de la Academia del Festival Puccini no sea el único obsequio.
  • Urtasun: La humildad de escuchar a los que saben antes de legislar sobre lo que desconoce.
  • A la Orquesta y Coro RTVE: Estabilidad, sede digna y el reconocimiento ciudadano que su esfuerzo cotidiano merece. Un hogar estable y un contrato de alquiler blindadolejos de la incertidumbre del Teatro Monumental. Y de paso, una mayor presencia en la parrilla televisiva en horas que no sean de insomnio, para que los españoles recuerden que tienen una orquesta de primer nivel pagada por todos.
  • A la Orquesta Filarmónica de Málaga: Un director titular que eche raíces, la estabilidad artística que tanto necesitan y el apoyo institucional (Junta y Ayuntamiento) que a veces parece titubear. Que el regalo sea el reconocimiento nacional que merece una formación que, con poco ruido, trabaja muy bien bajo el sol de la Costa del Sol.
  • Para el  Teatro Real: Para nuestros dos grandes coliseos, les pido coherencia. Que el Teatro Real no muera de éxito social y recuerde que su prestigio se gana en el foso, no en el photocall. Un espejo en el que no sólo se refleje complacencia sino también la humildad de reconocer que no todo lo que se hace en la Plaza de Oriente es perfecto por decreto. Y, sobre todo, que el “glamour” de los palcos no termine asfixiando la calidad de las producciones propias, que a veces quedan por debajo de su brillantísima estrategia de marketing.
  • Para el Liceu: Que los Reyes les traigan una programación que recupere el equilibrio entre el vanguardismo visual y el rigor vocal. Menos experimentos sociales en el escenario y más voces de las que hacen temblar las lámparas del techo, para que el Gran Teatre vuelva a ser el templo de la lírica que siempre fue. Que ambos entiendan que la mediocridad acecha cuando se baja la guardia artística.
  • Festival de Granada: Un microclima contra la turistificación: La protección necesaria para que la exquisitez de la Alhambra no muera de éxito ante las hordas de selfis. Y, sobre todo, que el relevo en la dirección (ahora con Paolo Pinamonti) mantenga ese nivel de excelencia que Antonio Moral dejó tan alto, sin que la política local meta su cuchara en el Generalife.
  • Festival Internacional de Música de Santander (FIS): Unas vitaminas de “juventud”. Que Melchor les traiga un plan de rejuvenecimiento de audiencias que no pase por desvirtuar el festival. Que, bajo el mandato de Cosme Marina, la elegancia del Palacio de Festivales recupere ese peso internacional de antaño, cuando Santander era la parada obligatoria de las orquestas más grandes del mundo, y que la ciudad se vuelque con él como si fuera su tesoro más preciado.
  • Quincena Musical de Donostia: Un paraguas contra el conformismo. La valentía para seguir siendo un festival serio y riguroso, pero con un toque de frescura que no dependa solo de las grandes masas corales vascas (que son gloria bendita, pero no lo único). Que el Kursaal siga siendo el refugio del buen gusto frente a la frivolidad estival y que su dirección preste más atención a los medios de comunicación no locales.
  • Festival de Peralada: Unos cimientos de piedra para su nuevo auditorio con una acústica que enamore a las divas y divos que pasan por el Ampurdán. Que sigan siendo ese oasis donde el lujo se traduce en calidad vocal y no solo en el catering del descanso, manteniendo su apuesta por la nueva creación y el recital íntimo.
  • Teatro de la Maestranza: Un despertador presupuestario. Que Baltasar les traiga una lluvia de millones de las administraciones (Junta, Ayuntamiento y Ministerio) que haga justicia a la importancia de Sevilla en el imaginario operístico mundial. Que dejen de ser el pariente pobre de los grandes teatros y puedan programar títulos de riesgo sin que tiemble el edificio.
  • Festival de Atrio de Cáceres: Un blindaje contra la mediocridad. Para este nuevo proyecto de “Atrio”, traed a Antonio Moral la misma varita mágica que usó en Granada. Que el patrimonio histórico extremeño se llene de música antigua y sacra con el rigor que le caracteriza, y que las instituciones locales entiendan que un festival de este nivel es una maratón, no un sprint electoral.

Queridos Reyes, si no pueden traerles todo esto, al menos traigan al público un poco de espíritu crítico, para que no nos den gato por liebre bajo el envoltorio de la modernidad o el progresismo cultural y que, si se lo intentan dar, protesten, protesten y protesten. Ultimamente parecemos corderos balando.

Y a mí, queridos Reyes, tráiganme solo una cosa: que el año que viene, al entrar en un teatro, la primera nota me haga olvidar todo lo anterior y me recuerde por qué sigo gastando tinta en este bendito y castigado arte porque, a veces, se me olvida.

Beckmesser

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