Crítica: Un Britten a gran altura en el Teatro Real
UN BRITTEN A GRAN ALTURA
Britten: Sueño de una noche de verano. Simon Kenlesyde. Iestyn Davies, Lid Redpath, Thomas Oliemans, Christine Rice, Sam Furness, Jacques Imbrallo, Simone McIntosh, Jacquelin Wagner, Clive Bayley… Dirección musical: Ivor Bolton. Dirección de escena: Deborah Warner. Escenografía: Christof Hetzer. Vestuario: Luis Filipe Carvalho. Iluminación: Urs Schönenbaum. Dirección del coro de niños: Ana González. Teatro Real, 10 de marzo de 2026.

Imagen de la producción
Todo un acontecimiento el que regrese a Madrid, después de veinte años, este título prodigioso en el que se muestra la calidad del lenguaje de Britten, dueño ya en ese tiempo (1960) de una caligrafía muy personal, resultado de una paulatina depuración de las formas y de una estilización de las estructuras clásico-románticas, en la línea seguida, aunque por derroteros bien distintos, por Alban Berg, cuyo Wozzeck viene a ser un precipitado de toda una tradición operística.
Más allá del serialismo o del atonalismo, el músico británico, en el marco de un eclecticismo creativo, procuró a lo largo de toda su producción ofrecer el texto de la forma más clara posible para que se entendiera fonética y semánticamente y buscaba por ello un trazo de la máxima pureza en el que la línea de canto emergiera con limpidez.
El compositor buscó diferenciar los grupos de personajes (hasta 20) a partir de una distribución vocal e instrumental apropiada y de una textura y un color específicos. Los personajes feéricos son caracterizados por las voces agudas: coro y voces de niños, contratenor, soprano coloratura; y por instrumentos mágicos: raras combinaciones tímbricas, arpa, clave, celesta, xilófono, glockenspiel, vibráfono… y una escritura que privilegia los efectos de espejo.
Todo ello plantea numerosos problemas a los intérpretes y que en esta ocasión ha tenido en lo musical una realización encomiable gracias al mando riguroso, a través de un gesto especialmente extravertido y ampuloso, muy suyo, de Ivor Bolton, identificado siempre con los pentagramas del compositor, de quien ha ofrecido ya en temporadas pasadas muy buenas interpretaciones de otras obras de Britten como Peter Grimes y Billy Budd, dirigidas también escénicamente por la rigurosa, metódica e imaginativa Deborah Warner.
La directora busca la complicidad del espectador a través de ese mundo en el que Britten ofrece áreas musicales apasionantemente distintas, en ocasiones fusionándolas y en otras haciéndolas colisionar. El trabajo de Warner consigue fundir lo fantástico y lo realista creando un mundo de gran riqueza visual.
Y consigue combinar las distintas acciones creando una dramaturgia de altos vuelos y que, en nuestra opinión, no termina de definir con limpidez una acción que va de lo fantástico a lo realista. Que todo suceda en el mismo escenario, con ligeras modificaciones y siempre con una plataforma a modo de teatrillo en un inmutable espacio, el permanente juego de columpios, las faldas de los habitantes del mundo fantástico llenas de lucecitas, el constante trasiego no ayuda a la comprensión. Todo se desarrolla bajo un permanente árbol invertido con una pantalla que recoge, de manera difusa, el movimiento escénico. Muy bien ordenado, eso sí. Y cuajado de detalles que buscan la aclaración de interrogantes.

Liv Redpath (Tytania), Clive Bayley (Botton), Pequeños Cantores de la ORCAM y niños actores y bailarines
En lo vocal casi todo tuvo un alto nivel. Muy bien el Oberon del contratenor Iestyn Davies, de centro y agudo sustanciosos y grave debilucho. Artista inteligente, sutil y mesurado. A su lado lució la voz lírica y lustrosa de la soprano Liv Redpath.
Inmejorables las dos parejas de enamorados integradas por la soprano Jacqueline Wagner, templada y bien dotada de armónicos, la mezzo Simone Mcintosh, mesurada y expresiva, el tenor Sam Furness, de emisión muy natural, y el barítono Jacques Imbrallo, rotundo y lírico (recordamos su Billy Budd). No hay espacio para hablar del resto del amplio reparto.
Una mención para el bajo, ya muy madurito, Clive Bayley, de flexible y algo añoso instrumento, excelente actor (para esta parte estaba anunciado hace tiempo el estupendo barítono Simon Keenlyside), cabeza visible de los aldeanos. No hay espacio para hablar del resto del amplio reparto. Adecuado Puck, papel hablado, de Daniel Abelson, desdoblado en el equilibrista y bailarín aéreo Juan Leiba. No podemos terminar este resumen sin mencionar la gran actuación de los Pequeños cantores de la ORCAM, siempre bien dirigidos por Ana González.






















Últimos comentarios