Crítica: Chopin entre rusos, Gianandrea Noseda resuena en el Palau de la Música
Temporada 2025-2026 del Palau de la Música. Programa: Obras de Stravinski (El beso del hada), Chopin (Concierto para piano y orquesta en fa menor, opus 21) y Borodín (Segunda sinfonía). Solista: Seong-Jin Cho (piano). Orquesta Sinfónica de Londres. Director: Gianandrea Noseda. Lugar: Palau de la Música. Entrada: Alrededor de 1.781 espectadores (lleno). Fecha: viernes, 20 febrero 2026.

Noseda fue aclamado en su regreso a Valencia
Artista “querido, frecuentado y admirado” en València desde los años noventa, cuando, en los albores de su carrera, frecuentaba el podio de la Orquestra de València, el hoy reconocido universalmente como uno de los grandes de la dirección de orquesta, ha regresado al Palau de la Música. Gianandrea Noseda (Milán, 1964), ha vuelto al frente de la Sinfónica de Londres, de la que es principal director invitado desde 2016, armado en un programa de nítidos acentos rusos.
Naturalmente, la Sala Iturbi se colmó hasta la bandera para no perderse esta cita de tantas resonancias, afectos y miga musical. Se notaba el cariño del público ya desde la irrupción de Noseda en la sala, con una ovación de bienvenida inusualmente calurosa. Pronto, su figura espigada y dinámica se asentó sobre el podio y abrió los brazos enormes para marcar los primeros compases del divertimento stravinskiano.
Versión pulida, clara, de contrastes y profusamente narrada. Que guiña y recurre al admirado Chaikovski en sus diversas citas. Clarificada y vivificada por Noseda con esa manera de dirigir tan característica y empeñada en mostrar y poner de relieve el más mínimo detalle de la partitura. Obtuvo una brillante e impecable respuesta de una Sinfónica de Londres que toda la noche hizo gala de sus mejores cualidades y esa sonoridad y brillantez que la distingue como la mejor orquesta británica.
Huelga decir a estas alturas que el surcoreano Seong-Jin Cho es uno de los grandes del piano de nuestro tiempo. Desde que en 2015 ganara el Concurso de Chopin, su nombre y su pianismo puro y sin vacuos alardes no han dejado de crecer. Especialmente con Chopin y su música de futuro. Con Noseda y la Sinfónica de Londres ya grabó en junio de 2016 una referencial versión del Concierto para piano en mi menor.
Ahora, en vivo, ha vuelto a establecer otra referencia con el Concierto en fa menor, compuesto en el otoño de 1829, cuando Chopin era aún un mozalbete de apenas 19 años. Lejos de cualquier estridencia o exageración, y fiel a la letra y el espíritu de la partitura, Seong-Jun Cho opta por una sonoridad belcantista, apoyada en un legato cantable -formidable empleo de los pedales- que fue epicentro del prodigioso -en todos los sentidos- Larghetto central, cantado desde el teclado con fina ingravidez, en una nocturna y rubateada atmósfera de ensoñación que encontró en el mimetizado y cuidadísimo acompañamiento de Noseda el más ideal y cómplice colchón sonoro.
Fue el punto álgido de una versión interiorizada y exquisita sin blandenguerías, alejada de estridencias y aparatosidad, pero que sí encontró medido músculo y vehemencia en los movimientos extremos, con el rondó final marcado en sus acentos más populares.
Noseda, con su acompañamiento involucrado y coprotagonista, reivindicó los méritos y la oportunidad de una orquestación cuya mesura en absoluto implica molicie. Acentúo sonoridades y registros -trombón incluido- sin nunca tapar por ello el protagonismo del piano. Versión y visión magistral, aplaudida y vitoreada con lógico fervor.
La propina del Vals del minuto calentó aún más el patio. Seong-Jin Cho volvió a salir y entrar a saludar en solitario incontables ocasiones -Noseda se había sentado entre la orquesta para seguir y aplaudir el recital de propinas-, pero no hubo manera de arrancar un segundo bis.
Tras la pausa, llegó la Segunda sinfonía de Borodín. El maestro milanés encauzó sus cuatro movimiento por un sendero cargado de diversidad: desde los compases severos y majestuosos del Allegro moderato inicial, hasta el pulso épico y apoteósico del muy conocido movimiento final. En cada nota, frase y expresión se nota la cercanía de la batuta al repertorio ruso, con sus melancolías, añoranzas y remembranzas.
Desde esta perspectiva, Noseda afrontó y reprodujo la atmósfera contemplativa del tercer movimiento, un Andante que es canto de nostalgia y serenidad, evocación de un pasado perdido. La estupenda respuesta de la versátil y dúctil Sinfónica de Londres volvió a marcar referencia en un programa sin fisuras en el que el genio creativo encontró su mejor aliado en el genio de sus intérpretes.
La ovación final, por el afecto y por lo escuchado, desbordó incluso el entusiasmo antes suscitado por Seong-Jin Cho y su Chopin sin estridencias. Tras muchas idas y venidas, finalmente Noseda volvió al podio y se marcó con sus sinfónicos londinenses el regalo de una espectacular Polonesa de Yevgueni Oneguín cuyo pulso trepidante aún andará resonando en las casi 1.800 afortunadas almas que pudieron disfrutar de este hito y feliz regreso a la temporada del Palau de la Música. ¡Hasta pronto, Mestre!
(Publicado en el diario Levante)
























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