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Por Publicado el: 26/01/2026Categorías: En vivo

Crítica: El Beethoven pesado y pesante de Paul McCreesh en Valencia

Paul McCreesh, Beethoven pesado en Valencia

Crítica: Temporada 2025-2026 del Palau de la Música. Programa:  Obras de Elgar (Serenata para cuerdas), Walton (Concierto para violonchelo y orquesta) y Beethoven (Tercera sinfonía, “Heroica”). Solista: Steven Isserlis (violonchelo). Orquestra de València. Director: Paul McCreesh. Lugar: Palau de la Música. Entrada: Alrededor de 1.781 espectadores (lleno). Fecha: sábado, 24 enero 2026.

Crítica: El Beethoven pesado de Paul McCreesh

El peor concierto en lo que va de temporada, en Valencia, con MacCreesh e Isserlis

Concierto pesado y pesante. Como su director. Sin pulso ni norte. Desnortado. Ideal para musarañas y seres similares. No para melómanos y gente de bien que quieran sentir y disfrutar del arte musical. Paul McCreesh (Londres, 1960), actual principal director invitado de la Orquestra de València, ha regresado a la capital del Turia para liderar el que hasta ahora quizá haya sido el peor y más aburrido concierto de la actual temporada.

Y eso pese al concurso solista de un intérprete de tanto rango y atractivos como su paisano el violonchelista Steven Isserlis (Londres, 1958), cuya versión del Concierto de Walton resultó mermada y hasta truncada por el descuadrado y pésimo acompañamiento de un McCreesh sin tempo ni énfasis, que parecía estar en otra cosa.

Antes, al comienzo del programa, se escuchó -que no disfrutó- la en otras ocasiones hermosa Serenata para cuerdas de Elgar. En esta ocasión, su audición de la mano del conocido director londinense pasó sin pena ni gloria, con un sonido de las cuerdas de la OV sin pulso ni medida; descuidado y apenas perfilado, a años luz del del transparente Mozart que solo una semana antes lucieron los mismos interpretes bajo la batuta de Alexander Liebreich.

Quien aún piense que la batuta no suena, que compare este desajustado Elgar de McCreesh con el Mozart cercano -solo en el tiempo- de Liebreich. McCreesh, tan acreditado por sus trabajos en el ámbito de la música antigua con el Gabrielli Consort, ha sucumbido ante el abismo de la orquesta sinfónico. 

Pero lo peor estaba aún por llegar. Llegó en la segunda parte, tras la pausa. Con una Sinfonía Heroica de Beethoven mortecina, dicha sin pálpito ni palpitación, con lentitudes que ni en los tiempos victorianos de Elgar, y de una factura instrumental absolutamente impropia del buen momento que en la actualidad atraviesa la Orquestra de València.

Versión rancia, ramplona y sin sentido, a la antiquísima más que a la antigua. Lenta lentísima, menos cuando tenía que serlo, en la Marcha fúnebre, que no fue ni lo uno ni lo otro: ni marcha ni fúnebre; ni “adagio” ni “assai”. Inexpresividad, apatía, obviedades y laxitud fueron algunas de las características de esta Heroica para el olvido, pero con la que aún andarán distraídas las pacientes musarañas y hasta las amebas. ¡Qué sueño!

PS: Al pobre Isserlis, habrá que escucharle el Walton en mejor ocasión.

Justo Romero

(Publicado en el diario “Levante”)

 

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