Crítica: “La Traviata” con un buen trío protagonista en Excelentia
“La Traviata” con un buen trío protagonista en el ciclo de Excelentia
LA TRAVIATA de Giuseppe Verdi (versión de concierto semiescenificada)
Letitia Vitelaru, Francesco Castoro, Daniela Vladimirova, Manuel Mas, Jesús Cantolla, Ihor Voievodin y Laura Ortiz. Orquesta Clásica Santa Cecilia. Excelentia Vocal Ensemble. Director musical: José Luis López-Antón. Concepto escénico: Alejandro Contreras Cortés. Temporada Excelentia. Sala Sinfóncia del Auditorio Nacional. 8 de enero de 2026

Letitia Vitelaru como Flora
Pocas óperas cuentan con tanta convocatoria de público habitual y ocasional como La traviata de Verdi, una introducción excepcional a lo que una obra de arte puede aportarnos: belleza en primer término, pero también crítica social, carga simbólica, redención, demonios internos, errores, aciertos y sociedades representadas a vista de pájaro. Para que esa magia surta efecto se tienen que cumplir unos mínimos, concentrados en este caso en sus dos (casi tres) protagonistas. O, dicho de otra forma, ha de contar con la mirada lúcida de Violeta, el amor casi ingenuo de Alfredo y la oscura convicción de su padre Giorgio. Y las tres condiciones se dieron con tres buenos solistas en la función ofrecida por Excelentia con concepto escénico de Alejandro Contreras Cortés. Sobre el escenario de la Sala Sinfónica del Auditorio una alfombra roja, algunas sillas, una chaise longue roja, camelias gigantes y copas para brindar. Hemos visto, pandemia mediante, despliegues escénicos más exiguos sin que la partitura se resintiera lo más mínimo. La gran dificultad en esta ocasión estribaba en que la orquesta tocaba detrás tanto de los elementos escénicos como del propio reparto. Esta disposición hacía que el director de orquesta, José Luis López-Antón, no tuviera en ningún momento a la vista a los cantantes, lo que le llevó a mantener la música rítmicamente muy atada y con menor vuelo lírico del que dicta la partitura. Resolvió con oficio las dificultades.
Tampoco ayudaba al despliegue sonoro la propia dimensión de la orquesta, reducida a orquesta de cámara con escasa cuerda (un contrabajo), maderas a uno y metales adaptados a dos trompas y una trompeta, muy alejados de las indicaciones originales. La ventaja de este tipo de formación es la ductilidad con la que podía afrontar los momentos más íntimos, como el primer cuadro del segundo acto, además de beneficiarse de la acústica brillante de un auditorio, muy alejada de la sequedad del foso ópera. Pero como comentábamos al inicio, la Traviata funciona si Alfredo, Violeta y Giorgio son sólidos, y los tres tuvieron momentos disfrutables. Buen Alfredo de Francesco Castoro, tenor lírico con un timbre homogéneo, que sabe proyectar sin avasallar, con el pasaje bien trabajado y de espíritu plenamente belcantista a la hora de transmitir luz en el fraseo. Sólida también la Violeta de Letitia Vitelaru, partiendo de la base de que Violeta es un papel imposible, que requiere ser, por momentos, soprano lírica, ligera y dramática. Aquí lució su facilidad para los agudos y para el lirismo de las cavatinas, aunque en ocasiones se resintiera el registro grave. Consiguió equilibrar la locura final del Acto Primero sin que la emotividad de “E strano” fuera devorada por el “Sempre Libera”. El Giorgio de Manuel Mas arrancó con ataques un punto secos pero resolvió con intensidad dramática y buena presencia las dificultades de su papel. Resto del reparto y coro más modestos pero sin afectar al disfrute de una de las puertas de entrada a la ópera mejor diseñadas de la historia de la música. Mario MUÑOZ
La Traviata con Lettitia Vitelaru. LA TRAVIATA – BURGOS – OCTUBRE 2025
























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