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Por Publicado el: 08/04/2026Categorías: En vivo

Crítica: Marianne Crebassa en el Ciclo de Lied. Voz e intenciones expresivas muy loables

VOZ E INTENCIONES EXPRESIVAS MUY LOABLES

Mélodies, Lieder y canciones de Debussy, Fauré, Mahler y Falla. Marianne Crebassa, mezzosoprano. Alphonse Cermin, piano. XXXII Ciclo de Lied del CNDM. Teatro de la Zarzuela, Madrid, 6 de abril de 2026.

VOZ E INTENCIONES EXPRESIVAS MUY LOABLESMélodies, Lieder y canciones de Debussy, Fauré, Mahler y Falla. Marianne Crebassa, mezzosoprano. Alphonse Cermin, piano. XXXII Ciclo de Lied del CNDM. Teatro de la Zarzuela, Madrid, 6 de abril de 2026.

Marianne Crebassa, en el Ciclo de Lied del CNDM y el Teatro de la Zarzuela

Volvía la mezzosoprano francesa Marianne Crebassa al Ciclo de Lied del CNDM tras su visita anterior en la temporada 22-23. Y de nuevo a exhibido su temple y su variada vocalidad. Es sin duda una mezzo auténtica, pero de tonelaje relativo considerando sus características tímbricas: cuerpo central de la tesitura anchuroso, vibrante, de densidad innegable, agudo bien puesto, apoyado en el fiel, fiato controlado con sapiencia, hábiles reguladores, graves contundentes, con algo de truco: oscurecimiento a base de abrir en busca de densidades, con lo que en ocasiones se rompe a veces la igualdad de la gama.

En todo caso la cantante, nacida en 1986, exhibe un aplomo, una seguridad, un dominio y una soltura propias de quien se lo sabe todo. Conoce los estilos y los diferencia sin problema, como pudimos apreciar a lo largo de la velada, en la que, por lo general, fue siguiendo, más o menos a distancia, las partituras, situadas algo desordenadamente en un atril. Canta bien, expresa, dice y convence, aunque su timbre no sea especialmente hermoso o singularmente cálido. Pero atrae por su buen apoyo y sus irisaciones ligeramente nasales.

Con estos mimbres y su desparpajo es lógico que fuera desarrollando un programa variado centrado en canciones francesas, austriacas y españolas. Del repertorio galo nos ofreció, y con ello nos empezó a ganar, Tres mélodies sobre poemas de Verlaine de Debussy. En La mer est plus belle que les cathédrales mostró ya su impoluta dicción y su sabia manera de aplicar los contrastes dinámicos. En Le son du cor s’afflige vers les bois admiramos la progresión y el empleo de medias voces. L’échelonnement des haies sirvió para mostrar su vibrato justo.

Luego escuchamos siete mélodies de Fauré extraídas de diferentes cuadernos. Nos gustaron especialmente la cadenciosidad y las medias voces de Lydia; el toque soñador lleno de encanto de Dans les ruines d’une abbaye, y la matización postrera, con la voz perdiéndose en lontananza, de Reflets dans l’eau (del op. 113 del compositor, Mirages).

No hubo descanso y enlazamos directamente, tras un intermedio pianístico, con los Kindertotenlieder de Mahler, canciones desoladas, con apuntes de lo popular, cuajadas de claroscuros. Nun  will die Sonn’ s o hell aufgehn estuvo adecuadamente marcada por las volutas naturales con graves abiertos y un tanto desabridos. Algo apreciable en mayor medida en Wenn dein Mütterlein tritt. Zur Tür herein, dicha con rara intensidad. La quinta pieza del cuaderno, In diesen Wetter, in diseme Braus, fue cerrada de forma muy poética con un dulce y largo pianísimo.

El concierto concluía con las Siete canciones populares españolas de Falla, en las que la cantante mostró un buen dominio del castellano. Dicción loable, acentuación lógica, matices bien estudiados. Incluso episódicos modos salerosos. Sutiles medias voces en la Nana, pianísimos ocasionales, elasticidad. Y descaro, con sonoridades nada gratas, pero raciales, en el Polo. Muchos aplausos, algún bravo y triunfo. Y dos bises. En el primero la cantante sentó sus reales con las Seguidillas de Carmen, dichas con gracia y sin ningún problema vocal.

El pianista, Alphonse Cermin, que es también director, organizador y director de festivales, mostró indudable soltura y entendimiento, muy pegado a la línea vocal. Discutibles nos parecieron sus ataques, sus curiosas acentuaciones y, en sus dos piezas a solo, La puerta del vino de Debussy y Lavapiés (de la Suite Iberia) de Albéniz, la segunda especialmente, nos extrañó la manera de dislocar un tanto el sonido, otorgándole una apariencia especialmente cortante y virulenta. Claro que es una composición de rara entraña, de un nervio y un desarrollo impactante en su despliegue de disonancias. Amenas e ilustrativas notas al programa de Justo Romero.

Arturo Reverter

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