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Por Publicado el: 08/04/2026Categorías: En vivo

Crítica: Monteverdi resplandece en la Semana de Música Religiosa de Cuenca con I Gemelli

Vespro della Beata Vergine, por I Gemelli.

Monteverdi resplandece en la Semana de Música Religiosa de Cuenca

Monteverdi: Vespro della Beata Vergine. I Gemelli. Dir: Mathilde Étienne y Emiliano González Toro. Semana de Música Religiosa de Cuenca. Teatro-Auditorio de Cuenca, 02-04-2026.

Vespro della Beata Vergine, por I Gemelli. Monteverdi resplandece en la Semana de Música Religiosa de Cuenca
Monteverdi: Vespro della Beata Vergine. I Gemelli. Dir: Mathilde Étienne y Emiliano González Toro. Semana de Música Religiosa de Cuenca. Teatro-Auditorio de Cuenca, 02-04-2026. 

I gemelli

“Desgarrada, fiera, tiernísima como una loba parida, colgada y abierta” (CJ Cela), Cuenca recibe en su semana grande una avalancha de visitantes, y responde con un déficit de servicios que sugiere que, en cuanto a infraestructuras, muerde más de lo que puede tragar. Afortunadamente, las Vísperas de Monteverdi (1610), interpretadas por I Gemeli, el grupo fundado y dirigido por Emiliano González Toro y Mathilde Étienne, compensaron el pasado jueves esas deficiencias con un concierto que no dudamos en calificar de memorable.

Las Vísperas fueron concebidas por el maestro de Cremona no como parte de la liturgia musical de una fecha u ocasión concreta, sino como carta de presentación profesional para un destinatario desconocido, probablemente la Basílica de San Marcos de Venecia. Cumbre del Barroco inicial, bisagra entre la prima y la seconda prattica, la obra consta de un responsorio de apertura, cinco salmos precedidos y seguidos de antífonas en canto llano, un Himno y un Magnificat, a los que se añade una Sonata y varios motetes o concerti, todo ello fundiendo elementos antiguos (polifonía a capella, contrapunto libre e imitativo) y modernos (estilo concertato con bajo continuo, monodia acompañada, dúos y tríos, efectos de eco y policoralidad).

I Gemeli, que grabó la obra en su sello Gemelli Factory en 2025, presentó una agrupación instrumental de 14 atriles: dos violines, tres sacabuches, tres cornetos/flautas y un continuo formado por arpa, archilaúd, tiorba, viola de gamba, contrabajo y órgano, este último situado frente a la agrupación, dando la espalda a los espectadores. A esto se añadía un coro formado por seis voces femeninas y seis masculinas, incluyendo a González Toro, que se mantuvo siempre en el centro visual, en medio del semicírculo coral.

González Toro, tenor suizo de origen familiar chileno del que recordamos su reciente intervención en la grabación de esta misma obra con el Ensemble Pygmalion y Raphaël Pichon (Harmonia Mundi, 2025), dirige a sus músicos con los gestos y la energía de un boxeador haciendo sombra frente al espejo, y eso al tiempo que canta como solista varias secciones de la obra.

Como director valora la belleza del sonido al menos tanto como otros objetivos: el resultado es una sonoridad de rotunda presencia física, natural y suntuosa como la seda de morera, que impacta directamente sobre la sensibilidad del oyente sin intermediación intelectual. Su voz, excepcional por la belleza de su timbre, su homogeneidad, su fiato y su excelente proyección, lo hacen un intérprete ideal de Monteverdi.

Junto a él destacaron, por sus voces y por su técnica impecable el tenor sevillano Juan Sancho y el barítono (anunciado como tenor, y esperamos no equivocarnos en los nombres, dada la falta de información precisa en el programa de mano), Pierre Gennaï. Muy destacado también el dúo de sopranos en “Pulchra es”, de amplia expresividad. Si bien prescindió de antífonas gregorianas, González Toro dedicó un particular cuidado a la espacialidad de la música: en varias ocasiones los cantantes dieron la espalda al público, o salieron de escena para lograrlo. Destacó en este sentido “Audi coelum”, con las respuestas del cielo fuera de escena, entre bastidores.

Emiliano-Gonzalez-Toro

Emiliano González Toro

Entre los instrumentistas tuvieron momentos especialmente destacados la arpista, por su acompañamiento a solo en el expresivo “Nigra sum”, el contrabajista, que se adueñó del salmo “Laetatus sum” presentando su línea sin arco, con sonido de walking bass jazzístico, y la pareja de violines en la “Sonata sopra Sancta María”. Extraordinario en claridad de planos y expresividad el himno “Ave maris stella”, de variadas elaboraciones polifónicas, y la culminación, de energía arrolladora, del “Magníficat” que cierra la obra en doce secciones, donde cada versículo recibe un tratamiento técnico y expresivo particular, y donde de nuevo se lucieron las dos violinistas, así como los cornetos.

El público, que no cubrió al completo el aforo aunque dejó una buena entrada, reconoció con fervorosos aplausos la dedicación y entrega de los músicos. A la salida del Auditorio, las luces de las casas colgadas resplandecían sobre la Hoz del Huécar con un brillo alborozado, una exaltación alegre que parecía reflejar la de los asistentes a este inolvidable concierto.

Emilio Fernández Álvarez

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