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Critica: Perianes, entre Chopin y ‘Triana’ en la Sociedad de Conciertos de Alicante
Por Publicado el: 22/01/2026Categorías: En vivo

Crítica: Oneguin, cuando la escena se impone sobre la música en Les Arts

Oneguin, cuando la escena se impone sobre la música

YEVGUENI ONEGUIN, Escenas líricas en tres actos, de Piotr Chaikovski, con libreto del compositor y Konstantin Shilovski, basado en la novela homónima de Alexánder Pushkin. Reparto: Mattia Olivieri, Corinne Winters, Iván Ayón-Rivas, Ksenia Dudnikova, Giorgi Manoshvili, Alison Kettlewell, Margarita Nekrasova, Xavier Galán, Mark Milhofer. Dirección de escena y vestuario: Laurent Pelly. Escenografía: Massimo Troncanetti. Iluminación: Marco Giusti. Coreografía: Lionel Hoche. Cor de la Generalitat Valenciana (Jordi Blanch Tordera, director). Orquestra de la Comunitat Valenciana. Direc­ción musical: Timur Zangiev. Lugar: València, Palau de les Arts. Fecha: martes, 20 enero 2026 (se repite los días 23, 25 y 29 enero, y 1 febrero)

Oneguin, cuando la escena se impone sobre la músicaYEVGUENI ONEGUIN, Escenas líricas en tres actos, de Piotr Chaikovski, con libreto del compositor y Konstantin Shilovski, basado en la novela homónima de Alexánder Pushkin. Reparto: Mattia Olivieri, Corinne Winters, Iván Ayón-Rivas, Ksenia Dudnikova, Giorgi Manoshvili, Alison Kettlewell, Margarita Nekrasova, Xavier Galán, Mark Milhofer.  Dirección de escena y vestuario: Laurent Pelly. Escenografía: Massimo Troncanetti. Iluminación: Marco Giusti. Coreografía: Lionel Hoche. Cor de la Generalitat Valenciana (Jordi Blanch Tordera, director). Orquestra de la Comunitat Valenciana. Direc­ción musical: Timur Zangiev. Lugar: València, Palau de les Arts. Fecha: martes, 20 enero 2026 (se repite los días 23, 25 y 29 enero, y 1 febrero)

Mattia Olivieri y Corinne Winters
© Miguel Lorenzo, Mikel Ponce/Les Arts

Tras las memorables funciones de Yevgueni Oneguin programadas en el Palau de Les Arts en  2011 por Helga Schmidt, protagonizadas entonces por un estelar reparto encabezado por Artur Ruciński, Kristīne Opolais, Dmitri Korchak y Günther Groissböck, había expectación por el regreso de la gran ópera de Chaikovski al teatro valenciano.

Tres lustros después, el actual director artístico de Les Arts, Jesús Iglesias, ha apostado fuerte y arriesgado al optar para el rol titular por el barítono italiano Mattia Olivieri (1984), de voz convincente y bien consolidada, que debutaba el papel y mantiene un estrecho vínculo con Les Arts, donde años ha fue miembro del Centre de Perfeccionament, y en donde comenzó su carrera internacional con el papel de Schaunard en aquellas Bohème dirigidas por Riccardo Chailly en diciembre de 2012.

Olivieri cosechó un éxito remarcable y concienzudamente labrado. Tanto como la Tatiana de la soprano estadounidense Corinne Winters, que ya triunfó en el mismo escenario en el rol de Jenůfa bajo la dirección de Gustavo Gimeno (2023).

Pero quienes se llevaron el gato al agua y se erigieron verdaderos triunfadores de la noche fueron el sólido y emotivo Príncipe Gremin del bajo georgiano Giorgi Manoshvili, y, sobre todo, el director de escena Laurent Pelly, quien apoyado en una efectiva y concisa escenografía de Massino Troncanetti, plantea una acción limpia y clarificadora, que indaga y subraya con agudeza la naturaleza psicológica de cada personaje y sus complejos vínculos.

Una escenografía basada en una única plataforma giratoria y cuadrada. Como un gigantesco cuadrilátero que polariza y esencializa la acción. El movimiento, al tempo que marca la acción, es magistralmente gobernado por el genio teatral de Pelly. El juego escénico se enriquece por la articulación de la plataforma, que llega a transformarse en un libro abierto cuyas páginas oprimen a la propia lectora que es Tatiana.

La estudiada iluminación de Marco Giusti, y el atractivo vestuario (del propio Pelly, con la colaboración de Jean-Jacques Delmotte) contribuye a potenciar el efecto dramático. Vistosa pero descuidadamente ejecutada coreografía de Lionel Hoche.

Imagen de la puesta en escena dirigida por Laurent Pelly
© Miguel Lorenzo, Mikel Ponce/Les Arts

Abajo, en el foso, el idiomático maestro Timur Zangiev -una de las más reveladoras batutas de la nueva dirección de orquesta-, creó ambiente (aria de la carta), estilo (aria de Lenski) y opulencia (polonesa), pero no acertó a alcanzar de la Orquestra de la Comunitat Valenciana sus acostumbradas excelencias, con unas trompas fallonas y una sonoridad y empaste distantes de lo ideal. Algo parecido ocurrió con el Cor de la Generalitat, de tan fundamental cometido en esta ópera, pero que, destemplado y desajustado, no tuvo precisamente su mejor día.

Ajeno desde su italianísima vocalidad y naturaleza a la oscura y grisácea naturaleza vocal, dramática y anímica del poliédrico personaje creado por Pushkin y musicado por Chaikovski, Olivieri y su joven Oneguin salen airosos del reto. Gracias, sobre todo, a la categoría artística, vocal y expresiva del cantante italiano, y a una presencia y catadura escénicas que le van como anillo al dedo al personaje. Su prometedor y ya notable Oneguin tiene aún recorrido para crecer y profundizar en los perfiles trágicos, contradictorios y estilísticos del que es uno de los roles más emblemáticos y característicos del repertorio baritonal.

Estupendamente dirigida por Laurent Pelly, la soprano estadounidense Corinne Winters se mete en la piel de Tatiana y hace evolucionar el personaje desde la ilusa jovencita que sueña con las fantasías amorosas de los libros que devora a la macerada mujer convertida en Princesa del tercer acto.

Fraseó y cantó el prodigioso momento que es el aria de la carta con efusión, anhelo y candor, y la cerró con una impresionante imagen -genial Pelly- en la que Oneguin aparece al fondo de la escena, justo enfrente de ella. Sobresaliente también la escena final, a lo Tosca o Lo que el viento se llevó: ella en lo alto de una negra escalinata, al borde del abismo, mientras el pobre Onieguin se retuerce por los suelos herido en su dolor…

El tenor Mattia Olivieri
© Miguel Lorenzo, Mikel Ponce/Les Arts

Un cara a cara tan conseguido y bien planteado como la famosa escena del duelo entre Onieguin y Lenski, papel defendido por el tenor peruano Iván Ayón-Rivas, que reemplazaba al indispuesto Dmitri Korchak. Construyó un Lenski sin los intensos matices líricos propios del personaje, pero defendido con entregada generosidad y fina línea de canto, particularmente en la célebre aria “Kuda, kuda”. Escénicamente, su descuidada caracterización distó de la imagen que requiere el personaje-poeta.

Con voz poderosa y profunda, de verdadero bajo-bajo, Giorgi Manoshvili (Gremin) no desaprovechó su gran y única escena del tercer acto para convertirla en uno de los momentos más conmovedores y emotivos de la noche. La mezzo uzbeka Ksenia Dudnikova dio vida y voz a una convincente Olga, mientras que las también mezzo Alison Kettlewell y Margarita Nekrasova cargaron de razón y carácter los personajes de Larina y Filipievna, respectivamente.

Cumplió sin más el veterano tenor inglés Mark Milhofer como ajustado y más soso que histriónico Monsieur Triquet. Las abarrotadas butacas del Palau de Les Arts reiteraron el éxito de 2011 y casi se desgañitaron en los aplausos finales. Aunque no nevaba -milagros a Lourdes-, fuera, en la calle, diluviaba. En cualquier esquina podría uno toparse con un desesperado Oneguin. ¡La vida universal!

Justo Romero

Publicada en el diario LEVANTE

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