Crítica: Traviata salvada por las voces en Bolonia
Traviata salvada por las voces
Verdi: La Traviata. Ekaterina Bakanova (Violetta), Davide Tuscano (Alfredo), Claudio Sgura (Germont), Benedetta Mazzetto (Flora), Silvia Spessor (Annina), Oronzo D’Urso (Gastone), Giulio Iermini (Douphol). Coro y Orquesta del Teatro Comunale di Bologna. Dirección de escena: Alessandro Talevi. Dirección musical: Leonardo Sini. Comunale Nouveau, 1 de marzo de 2026.

Imagen de la producción boloñesa de La traviata
Fotografía: Andrea Ranzi
“Un asunto de nuestro tiempo”. Así definió Verdi su nueva ópera, queriendo acercar el argumento de La Traviata a los conflictos morales y sociales de su propio tiempo a mediados del siglo XIX. Y así parece haberlo querido actualizar Alessandro Talevi en una propuesta escénica que funciona sólo a medias. Por vestuario y ambientación remite a nuestros días, si bien se desenvuelve con una enorme escasez de medios escénicos.
Una plataforma circular inclinada en el centro del escenario estorba más que focaliza el desarrollo teatral de la ópera, sin que se le acabe de ver el significado. En la mayor veces de las escenas, la plataforma obstaculiza más que nada y hasta dificulta el movimiento de los cantantes.
El resto de la reggia se limita a algunas proyecciones en el fondo de la escena en las que, además de un bosque en el acto segundo, se incide en el peso de la mirada y el juicio social sobre Violetta mediante un enorme ojo en en las primeras escenas y un grupo masculino ataviado de fracs y con máscaras aplaudiendo la muerte de la protagonista. Lo peor de todo fue la coreografía de la escena de las gitanas y los toreros en el segundo acto, simplona y hasta ridícula.
A Leonardo Sini se le escaparon multitud de matices en su dirección musical. Con una orquesta y coros de calidad mediana, con unas cuerdas sin brillo y con la acústica seca de la sede provisional del Comunale, del foso no emergía esa fuerza dramática que Verdi dispone en momentos fundamentales. A la despedida de Violetta “Amami Alfredo” le faltó esa erupción orquestal tan expresiva, al igual que los acordes secos de la orquesta en la escena final quedaron romos, sin ese staccato que anuncia la inminente muerte de Violetta.
Ekaterina Bakanova pasó de puntillas por el primer acto. Su instrumento esencialmente lírico no se amoldó del todo a la escritura más ligera de ese acto, con algunas coloraturas rígidas y sobreagudos sin brillo. Pero en los dos actos restantes estuvo espléndida y conmovedora, con una voz central de ricos colores y un perfecto uso de reguladores durante su escena con Germont. Su “Addio del passato” puso los vellos de punta con un voz frágil y un fraseo lleno de sentimiento (por cierto, cantó también la segunda estrofa). El nudo en la garganta nos lo puso con sus últimas frases por su fuerza expresiva. Como dijo una vez un gran amigo, “aún quedan Traviatas”.
También fue de menos a más el Alfredo de Davide Tuscano, encorsetado y rígido en el primer acto, pero ya afianzado desde “Lunge da lei”. Voz eminentemente lírica, de bellos ribetes cromáticos y con un fraseo ligado de gran calidad que se expandía en los momentos más dramáticos del segundo acto (los reproches a Violetta durante la fiesta) y mostraba su desesperación sin exagerar la emisión durante el tercer acto.
También tardó en encontrarse a pleno rendimiento Claudio Sgura como Germont. La voz es imponente, grande por volumen y oscura de origen, con una fraseo poco dado a matices hasta que Violetta acaba cediendo a sus requerimientos. A partir de ahí las frases fluyeron con más naturalidad y hasta se pudieron apreciar reguladores de gran calidad, sobre todo en “Di Provenza”. El resto de cantantes se mantuvo a un nivel correcto, sin fisuras.
























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