Critica: Celebrar la diversidad con Yannick Nézet-Séguin en el Concierto de Año Nuevo en Viena
Celebrar la diversidad con Yannick Nézet-Séguin en el Concierto de Año Nuevo en Viena
Concierto de Año Nuevo 2026. Obras de Carl Michael Ziehrer, Joseph Lanner, Hans Christian Lumbye, Josephine Weinlich, Florence Price, Franz von Suppè y la familia Strauss. Orquesta Filarmónica de Viena. Director: Yannick Nézet-Séguin. Musikverein de Viena. 1 de enero

Yannick Nézet-Séguin
Es tan estrecho el margen de innovación al que se somete el Concierto de Año Nuevo cada uno de enero que cualquier leve deriva de enfoque o repertorio es celebrada como si se alumbrara una nueva era. No hay para tanto, aunque se agradecen algunos cambios, más que por la posible novedad de las obras —unas veces de mayor enjundia que otras— por el esfuerzo de un cierto revisionismo interpretativo. O dicho de otra forma, se entiende que en el espíritu de las batutas elegidas hay además de excelencia artística una búsqueda de poso en un repertorio que a veces peca de cargante uniformidad. Y en ese sentido es precisamente en el que destacó la presencia en esta edición de Yannick Nézet-Séguin, el director titular de la Philadelphia Orchestra y de la Metropolitan Opera House —de nuevo, una novedad que no es tal, lleva quince años dirigiendo intermitentemente a la Filarmónica de Viena—.
El músico canadiense consiguió naturalizar un despliegue emocional que iba mucho más allá de valses y polcas, casi como si fuera un catálogo de afectos barroco. De ahí el cuidado lirismo en el fragmento central de la obertura a la opereta Índigo y los cuarenta ladrones de Johann Strauss con la que se iniciaba el concierto, toda una demostración de intenciones, o ya al final de la segunda parte, los compases iniciales de Palmas de la paz, Vals, op. 207 de Josef Strauss. También hubo espacio para una visión un punto más dramática, con la elaborada construcción de planos sonoros de los Cuentos del Danubio, Vals, op. 446 de Carl Michael Ziehrer, y o el marcado desenfado (casi gamberro) de algunos gallops, desde el más superficial de Joseph Lanner al fantástico Københavns Jernbane-Damp-Galop de Hans Christian Lumbye, repleto de juguetes instrumentales y guiños enfocados a romper la dictadura de la etiqueta.

Kaufmann y señora en Concierto Año Nuevo Viena 2026
Si el año pasado se incorporaba en el programa por primera vez la pieza de una compositora, Constanze Geiger, en esta edición se ha doblado la apuesta, incluyendo la polka-mazurka Canciones de sirenas, op. 13 de Josephine Weinlich y la más interesante obra de Florence Price, el Vals del arco iris. La reivindicación en esta última década de Price, compositora afroamericana símbolo de tantas cosas, hace que su inclusión tenga un correlato mayor que cualquier discurso. Al incluir una obra suya se sube al escenario de la Sala Dorada del Musikverein la música de supervivencia, la que entretenía ante las imágenes del cine mudo a las clases obreras que no podían ir a la ópera, la que acompañaba los pasos de la Great Migration norteamericana. Aunque la partitura es tardía suena a síntesis de otras épocas y Nézet-Séguin, uno de los valedores de Price en estos últimos tiempos, defendió las virtudes de su mirada ecléctica y sentido rítmico mestizo en el mejor lugar para hacerlo. Durante el discurso de felicitación hablaba el director canadiense de celebrar la diversidad; esas son las palabras, la demostración práctica fue el vals.
A nivel interpretativo, más allá de la vitalidad general y el entusiasmo por caracterizar el pulso del vals de mil formas distintas, destacó una lectura sobresaliente de la obertura de la opereta La bella Galatea de Franz von Suppè, una de las obras favoritas de la larga época de Boskovsky y que repleta de color tímbrico. El Danubio azul se desplegó sin amaneramientos, menos evocador y ensimismado que otras lecturas pero precisamente por ello más fiel al espíritu desmitificador de la partitura original. La Marcha Radetzky, op. 228 dirigida desde el patio de butacas resumía la renovación propuesta por Nézet-Séguin, acogida con aparente entusiasmo el público y los músicos de la Filarmónica, y perpetuado por la elección del director de la próxima edición, el ruso Tugan Sokhiev. El que fuera director musical del Teatro Bolshói, habitual de los escenarios vieneses y berlineses, transita por idéntica franja de edad que el director canadiense. Aunque llamarlo rejuvenecimiento podría sonar excesivo, se perciben pasos. Mario Muñoz Carrasco
Conciertos de Año Nuevo en Viena en Beckmesser.com
























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