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Por Publicado el: 05/03/2026Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

Harnoncourt: la voz de los criterios historicistas

Harnoncourt: la voz de los criterios historicistas

Harnoncourt: la voz de los criterios historicistas

Nikolaus Harnoncourt

La figura de Nikolaus Harnoncourt ha proyectado sobre la interpretación musical de las últimas décadas una sombra tan alargada que cualquier intento de acercarse a las grandes partituras del pasado sin pasar por su filtro crítico resulta hoy una tarea vana. Al cumplirse el décimo aniversario de su desaparición, este texto se propone recordar a un artista que no entendió la dirección de orquesta como un ejercicio de poder o de exhibicionismo, sino como un compromiso con la verdad histórica que habita en las notas.

El conde de la Fontane de la Grée no fue sólo un director de orquesta que rescató instrumentos olvidados y que impuso criterios historicistas, sino que logró una de las transformaciones más profundas de nuestra música. Su trayectoria comenzó desde la resistencia interna en las filas de la Sinfónica de Viena donde, mientras tocaba el violonchelo bajo la dirección de los grandes maestros de la tradición romántica, gestaba junto a su esposa Alice el germen del Concentus Musicus Wien para devolver a Bach y a Monteverdi una voz que el siglo diecinueve había sepultado bajo una capa de solemnidad espesa.

Harnoncourt entendía la interpretación como una forma de diálogo constante con el pasado en el que el respeto a la fuente original no se traducía en una repetición museística de las notas sino en la búsqueda de la intención comunicativa que latía tras cada ligadura y cada silencio. Esta visión se fundamentaba en unos valores innegociables donde la belleza sonora se supeditaba siempre a la claridad del discurso, lo que le llevó a menudo a ser tachado de provocador o de iconoclasta por aquellos oídos que preferían la comodidad de un Karajan a las aristas y los contrastes violentos que él extraía de las cuitras de tripa y de las trompetas naturales.

Lo que aportó a la música fue, en última instancia, la restitución del sentido de la aventura, transformando obras que creíamos conocer de memoria en territorios inexplorados donde cada nota nos obligaba a replantearnos nuestra propia sensibilidad frente a partituras que creíamos conocer

En su relación con los artistas buscó más la complicidad que la sumisión, destacando especialmente su colaboración con el clavecinista y musicólogo Gustav Leonhardt, con quien emprendió la enorme tarea de grabar la integral de las cantatas de Bach, un hito discográfico que cambió para siempre nuestra percepción del cantor de Leipzig.

Harnoncourt llegó a las orquestas más destacadas del panorama musical internacional

A lo largo de los años, su magnetismo le permitió saltar del mundo de la música antigua a los grandes atriles de la Filarmónica de Berlín o de la de Viena, donde directores y profesores se rendían ante un conocimiento que no era académico en el sentido árido del término, sino que emanaba de una curiosidad casi infantil por el porqué de cada fraseo. En estas instituciones dejó actuaciones inolvidables, como sus interpretaciones de las sinfonías de Beethoven o de Schubert, donde la transparencia de las texturas permitía que las obras brillasen con una luz nueva.

España tuvo la fortuna de recibirlo en diversas ocasiones y su paso por el Auditorio Nacional o por los festivales de verano. Recuerdo con especial emoción su presencia en nuestras salas, donde su figura enjuta y su mirada penetrante parecían capaces de convencer al espectador más escéptico de que la música de Mozart o de Haydn contenía todas nuestras contradicciones, desde la alegría más desbordante hasta la tristeza de la melancolía.

A lo largo de su carrera recibió los honores más altos que el mundo de la cultura puede otorgar, desde el Premio Ernst von Siemens hasta el Kyoto, aunque estoy seguro de que para él ninguno de esos galardones pesaba tanto como el silencio sobrecogido de un público que acababa de descubrir la verdadera dimensión de una Pasión según San Mateo.

Su legado discográfico es de una riqueza inabarcable y en él debemos destacar, además de la citada integral de cantatas, sus lecturas de las óperas de Mozart junto a la Orquesta de Zúrich o su ciclo sinfónico de Beethoven con la Orquesta de Cámara de Europa, grabaciones que siguen siendo hoy un canon frente al cual se miden todas las nuevas propuestas.

Ahora que se cumplen diez años de su partida, su magisterio sigue vivo en cada músico que se pregunta por la función de una apoyatura o por la intención de un fraseo, recordándonos que la vehemencia en el estudio de las fuentes es la única herramienta válida para alcanzar la máxima claridad en la exposición de la estructura musical.

Gonzalo Alonso

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