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Por Publicado el: 30/01/2026Categorías: En vivo

Crítica: Sinfónica de Toronto con Gustavo Gimeno, plantilla mastodóntica en el Auditorio Nacional

Sinfónica de Toronto con Gustavo Gimeno: plantilla mastodóntica en el Auditorio Nacional
Obras de Wainwright, Murphy, Haydn y Mahler. Orquesta Sinfónica de Toronto. G. Gimeno, director. Anna Prohaska, soprano. Ciclo Ibermúsica. Auditorio Nacional. Madrid, 28/I/2026.

Ibermusica, Orquesta Sinfónica de Toronto , Gustavo Gimeno , Elena Prohaska

TSO, Gustavo Gimeno y Elena Prohaska

El segundo concierto de la Orquesta Sinfónica de Toronto nos volvió a llenar el escenario del Auditorio Nacional con una plantilla enorme de atriles. Fundada en 1922 como la New Symphony Orchestra, la Orquesta Sinfónica de Toronto (TSO) nació del esfuerzo de músicos locales por revitalizar la escena cultural tras la Primera Guerra Mundial. A lo largo de un siglo, ha evolucionado bajo batutas legendarias como Sir Ernest MacMillan, Seiji Ozawa y Karel Ančerl.
En 1982, se trasladó al icónico Roy Thomson Hall, consolidando su prestigio internacional con giras mundiales y grabaciones. Desde 2020, bajo la dirección de Gustavo Gimeno, equilibra el repertorio clásico con estrenos contemporáneos, reafirmándose como una de las instituciones culturales más importantes de Canadá.
La plantilla que han traído a Ibermúsica es enorme hasta casi no caber en el escenario del Auditorio Nacional y, no ya innecesaria para algunas obras, sino hasta perjudicial como el Segundo Concierto de Rachmaninov. El programa de su segunda actuación fue muy infrecuente en su primera parte. La breve A Woman’s Face de Wainwright está inspirada en el Soneto 20 de Shakespeare y fusiona la sensibilidad del pop barroco con la orquestación sinfónica. Rufus Wainwright crea una atmósfera melancólica y romántica que explora la belleza andrógina. Su rica textura armónica refleja la obsesión lírica y el estilo operístico característico del compositor, también canadiense. Fue bien tocada por esa enorme agrupación y más o menos cantada por Anna Prohaska. Curiosity, Genius and a search for Petula Clark fue escrita por Kelly-Marie Murphy, quien subió al escenario y recibió los aplausos del público, como un homenaje a la creatividad humana. Curioso recordatorio a la cantante pop inglesa y a su canción “Who am I?”, aunque no suene en la pieza. Se distingue por su energía rítmica, contrastes dinámicos y un uso original de la percusión. La música mantiene una narrativa sonora moderna, ágil y más atractiva para el gran público que muchas de las composiciones actuales. Se redondeó esta primera parte con la Scena di Berenice Hob XXIVa:10 de Haydn, una cantata dramática para soprano y orquesta que destila intensidad emocional. Compuesta en 1795, narra el tormento de Berenice ante el abandono de su amante, alternando recitativos tensos con arias virtuosas, exigiendo un control vocal absoluto para transmitir desesperación, furia y resignación clásica. Bien arropada por la TSO, la veterana soprano no pudo evitar que se notase que han pasado sus mejores años.
En la segunda parte la Cuata sinfonía de Mahler. La tocaron en marzo de 2025 en Toronto y aquel día el embajador de España en Canadá impuso la Encomienda de la Orden del Mérito Civil, concedida por el rey Felipe VI, a Gustavo Gimeno, en reconocimiento a sus contribuciones a la música clásica, su papel en la proyección de la cultura española y su liderazgo musical internacional. Desde entonces es pieza clave en su repertorio. En el primer movimiento, la orquesta logró un equilibrio entre el cascabel inicial y las texturas pastorales con un brillo especial de las maderas. En el segundo, el solo de violín sonó rústico y algo macabro, creando esa atmósfera de danza de la muerte que Gimeno manejó con atención al ritmo, aunque los metales no pudieron mostrar la misma calidad que la cuerda, con unos estupendos cellos. El tercer movimiento es, y lo fue, el corazón emocional. La cuerda de la TSO brilló con un sonido profundo y sostenido, construyendo con paciencia el clímax antes de la explosión final que abre las puertas del cielo. Gimeno recordó a Claudio Abbado, su maestro y quien le hizo debutar de improviso años ha en Zaragoza y luego en Madrid, también con Ibermúsica. Finalmente, en el cuarto movimiento, la orquesta se tornó transparente para acompañar la voz solista, manteniendo una delicadeza etérea que cerró la obra en una paz absoluta. Lástima que Anna Prohaska no estuviese ya para estos trotes. Atención el mes próximo al homenaje de Ibermúsica a Zubin Mehta. Gonzalo Alonso

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