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Crítica: Andreas Scholl, coprotagonista de la Pasión según San Juan
Por Publicado el: 17/03/2026Categorías: Crítica

Crítica: Con “La valquiria” prosigue el idilio entre Simone Young y La Scala

Con La valquiria prosigue el idilio entre Simone Young y La Scala

Die Walküre, música y libreto de Richard Wagner. Reparto: David Butt Philip, Günter Groissböck, Derek Welton, Vida Miknevičiūtė, Camilla Nylund, Okka von der Damerau…Orquesta del Teatro alla Scala. Simone Young, directora musical. David McVicar, director de escena. Teatro alla Scala, Milán, 11 de marzo 2026.

Con "Valquiria" prosigue el idilio entre Simone Young y La ScalaDie Walküre, música y libreto de Richard Wagner. Reparto: David Butt Philip, Günter Groissböck, Derek Welton, Vida Miknevičiūtė, Camilla Nylund, Okka von der Damerau…Orquesta del Teatro alla Scala. Simone Young, directora musical. David McVicar, director de escena. Teatro alla Scala, Milán, 11 de marzo 2026.

Imagen de la producción de La valquiria en la Scala

Die Walküre, La valquiria, es sin duda el título más conocido de la Tetralogía, en gran parte por el impacto cinematográfico de ‘La cabalgata de las valquirias’, la introducción al tercer acto. Es, como Das Rheingold, otra obra realmente redonda, Gesamtkunstwerk, con algunas de las escenas y diálogos más hermosos de toda la ópera.

La primera jornada comienza de forma trepidante: una tormenta magníficamente manejada desde el foso por la directora Simone Young y la orquesta. En el escenario vemos una estancia abierta con un fuego de hogar central y unos árboles (el fresno). Siegmund, que está desarmado, irrumpe huyendo de un peligro aún desconocido, exhausto, entra en la casa y cae dormido. Sieglinde lo encuentra y, pese al temor inicial, lo auxilia.

El esposo de Sieglinde, Hundling, entra con un grupo de seguidores (este recurso del acompañamiento está bien, es poco habitual). Se cuentan sus historias y de todo Hunding promete una lucha al día siguiente, pues de él huye Siegmund. Siegmund se armará con Nothung, la espada de su padre Wälse (Wotan) que la había clavado en el fresno. Mientras un amor apasionado surge entre Siegmund y Sieglinde, que descubren que son hermanos gemelos, un amor incestuoso pero irrefrenable.

El trío protagonista del primer acto ofrece un nivel vocal muy alto. La soprano lituana Vida Miknevičiūtė, ya escuchada anteriormente en Berlín, se confirma como una referencia, con agudos de gran brillo. El tenor inglés David Butt Philip compone un Siegmund convincente, de voz potente y clara. En uno de los momentos más esperados, la invocación “Wälse! Wälse! Wo ist dein Schwert?”, muestra fuerza y empuje, aunque la referencia personal siga siendo Andreas Schager. Por su parte, el bajo austríaco Günter Groissböck impone una presencia escénica dominante: sólido actor, excelente recitador y voz profunda.

Escena

En el segundo acto ya se empieza a escuchar el leitmotiv de las valquirias, pues empieza con un diálogo entre Wotan y su hija predilecta, Brünnhilde. Nos ha gustado Grane, el caballo de la doncella, muy bien conseguido con un equilibrista con unas prótesis al estilo Pistorius, el corredor sudafricano. El espacio escénico muestra al fondo las escaleras del Walhalla, rocas en primer término y una gran esfera central a modo de globo terráqueo, una solución visual coherente y bien integrada.

Por las escaleras desciende Fricka en su carro para reprender a su esposo y sellar la tragedia venidera: Siegmund debe perder el combate, como Wotan indica sin ambigüedad a su hija. Los amantes, exhaustos, se duermen; Brünnhilde llama a Siegmund para conducirlo al Walhalla, pero, conmovida por la nobleza de su negativa, decide apoyarlo.

En plena lucha aparece Wotan, rompe la espada y condena a Siegmund a la muerte. La valquiria huye entonces con Sieglinde y los fragmentos de Nothung. El bajo-barítono Derek Welton, que sustituye a Michael Volle, ofrece un Wotan de gran credibilidad, expresivo en el enfrentamiento dialéctico con su esposa y especialmente eficaz en sus estallidos de ira.

La mezzo alemana Okka von der Damerau destaca con una voz de timbre noble, suave pero firme, imponiéndose con autoridad a Wotan. Camilla Nylund, soprano finlandesa que no conocíamos, sorprende muy positivamente, con una voz poderosa y dicción clara. David Butt Philip resulta igualmente convincente en la bellísima confrontación con la valquiria.

El inicio del tercer acto es espectacular, tanto musicalmente, con La cabalgata, como desde el punto de vista visual. La escena presenta una montaña dominada por un peñasco con forma de media cabeza humana. En él van apareciendo las ocho hermanas de Brünnhilde, cada una con su caballo “cíborg”, comentando los héroes caídos que conducen al Walhalla.

La irrupción de Brünnhilde con Sieglinde, aterrorizada y perseguida por su padre, marca un giro dramático. Sieglinde desea morir junto a Siegmund, pero en una escena de gran intensidad, al conocer que está embarazada, recobra fuerzas y suplica ser salvada para dar a luz al hijo de su hermano.

La aparición posterior de Wotan, furioso, conduce al desenlace: Brünnhilde perderá su condición divina y quedará sumida en un sueño del que sólo podrá despertarla un hombre al que deberá someterse como esposa. Ella acepta su destino, pero le ruega que no sea un hombre cualquiera, sino alguien verdaderamente valiente. Wotan la despide, la viste con el yelmo, le coloca una máscara —elemento ya comentado en jornadas anteriores, aunque aquí aparezca solo una vez— y, tras un beso, la sume en el sueño, invocando a Loge para que el fuego rodee el peñasco. El final, apoyado por un excelente trabajo de luces y proyecciones y por el leitmotiv del Feuerzauber (fuego mágico), concluye en un decrescendo memorable.

No quiero dejar de comentar una anécdota: el acto principal de Wotan para ‘desdivinizar’ a Brünnhilde es… cortarle la coleta. Literal: Wotan saca un cuchillo, y se la corta, como si fuera un torero. ¿Será casual? ¿O McVicar es realmente consciente de esto? En este acto, tanto Welton como Nylund han marcado perfectamente sus voces, adecuándolas al momento expresivo que exigía la escena. Nos han parecido magníficos.

La propuesta de McVicar sigue resultando convincente. Aunque incorpora algunos elementos más abiertos a la interpretación, en conjunto se mantiene fiel a la obra y nunca distrae. Contribuyen decisivamente el trabajo de vestuario, iluminación y proyecciones. Con todo, el principal punto débil reside en la dirección actoral: los cantantes aparecen excesivamente estáticos.

Las voces transmiten emoción, pero rara vez se miran entre sí; la elección de dirigirse frontalmente al público, en busca de solemnidad, resta autenticidad y credibilidad teatral. Lo que se ve y lo que se oye está desajustado.

Como ya se ha apuntado, continúa el idilio de Simone Young con la orquesta de la Scala, siempre atenta a cada transición escénica y al dibujo preciso de los leitmotiven. Una auténtica alegría auditiva. El epílogo de la velada llegó entre los actos segundo y tercero, cuando el superintendente Fortunato Ortombina subió al escenario para anunciar, en inglés, la despedida del primer clarinete solista de la orquesta, Fabrizio Meloni, tras 42 años de servicio. El músico recibió los mayores aplausos de la noche. Nuestra enhorabuena.

Javier Lillo

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