Nelson Goerner, la universalidad de Iberia
Nelson Goerner, la universalidad de Iberia
El pianista argentino interpreta hoy en Bilbao y el domingo en Londres la obra maestra de Albéniz

Nelson Goerner
Considerada por Messiaen como “la obra maestra del repertorio pianístico”, las doce piezas maestras que integran la Iberia de Albéniz se escuchan hoy viernes en la temporada de la Sociedad Filarmónica de Bilbao y el domingo en la Wigmore Hall de Londres. En ambos casos, serán interpretadas por el pianista argentino Nelson Goerner (1969), radicado en Suiza y desde hace años reconocido como uno de los máximos virtuosos de su generación.
Las enormes exigencias técnicas y artísticas de Iberia –“el gran poema de la música española”, como la definió el inolvidable Enrique Franco- convierten su interpretación en un reto colosal, solo apto para virtuosos cargados de criterio y plenitud. Al mismo tiempo, los sólidos recursos expresivos y técnicos que requieren sus intrincados pentagramas la han resguardo de intérpretes incapaces de atender tal cúmulo de exigencias de todo tipo, que la hacen “casi” intocable.
Como obra maestra y de referencia, marcada por su inequívoca naturaleza nacionalista, pre y post impresionista a un tiempo, tan arraigada en los giros y formas de la música española, Iberia ha sido obra de culto de los mejores intérpretes españoles. En el altar, las cumbres de Alicia de Larrocha, Rafael Orozco y Esteban Sánchez, pero también las incursiones totales de otros grandes del teclado español, como Leopoldo Querol, Rosa Sabater, Luis Fernando Pérez o Gustavo Díaz Jerez, a los que ahora se añaden los nombres de Marta Zabaleta y Alba Ventura, quienes acaban de publicar sus particulares versiones, rumiadas bajo la referencia señera de Alicia de Larrocha.
La universalidad de Iberia se ha proyectado de forma palpitante en nombres universales del piano de todos los tiempos. Desde Arthur Rubinstein, uno de los primeros y más insignes artífices albenicianos, quien ya la tocaba en la segunda década del siglo pasado, apenas diez años después de que Albéniz concluyera su obra maestra, en enero de 1908; a José Iturbi -otro de sus primeros intérpretes- o Aldo Ciccolini -imprescindible conocer su francesísima grabación de 1966-.
Jean-François Heisser, Marc-André Hamelin, Nicholas Unwin, Martin Jones, Hisako Hiseki, Roger Muraro y un largo etcétera, en el que habría que incluir, a vuela pluma, nombres tan diversos como los de Rena Kyriakou, Guillermo González, Olivier Chauzu, Rosa Torres Pardo, Ricardo Requejo, José María Pinzolas, Óscar Martín, Miguel Baselga, Ángel Huidobro…

Alicia de Larrocha
Naturalmente, Iberia también ha encontrado resonancias, reflejos y lecturas sobresalientes en el universo próximo y común de los intérpretes sudamericanos. Desde el chileno Claudio Arrau, quien en los años cuarenta registró los dos primeros cuadernos en visiones memorables, a la también chilena Pola Baytelman (quién grabó Iberia en 1995), la colombiana Blanca Uribe (que la llevó al disco en 1976), el brasileño Nelson Freire (por internet pululan sus vertiginosas visiones de Evocación o Triana).
También, el argentino Daniel Barenboim, que en 1999 registró para Warner Classics los dos primeros cuadernos de una fallida Iberia que no alcanzó a culminar. También incompletos quedaron los registros de la brasileña Magda Tagliaferro (1960) y del portugués Sequeira Costa (1969).
Sí la acabo, en una grabación en vivo plena de pulso, color y sabor, Nelson Goerner. Su versión, pletórica de virtuosismo y expresión pianística, es brillante, enfatizada, enraizada en su entraña popular –Eritaña, Triana”- y a un tiempo enseñoreada –Almería, Jerez– en su abolengo más clásico. El registro, en vivo (¡ya hay que tener valor e ir sobrado para publicar una grabación en directo de Iberia!), procede de un recital ofrecido en Bruselas en julio de 2021.
Contadas y pequeñas rozaduras -inevitables en una obra tan arriesgada y desnuda como iberia– no hacen sino agrandar la frescura, pulso y autenticidad de la que es una de las últimas grandes iberias discográficas. Ya conocen la frase de Rubinstein a propósito de las dificultades de tocar en público una obra de tan extremas dificultades como Iberia: “Tendría que pasarme la mitad del tiempo recogiendo del suelo las notas que no daría en su sitio”.
Es precisamente esta Iberia magistral y veterana de Goerner la que hoy disfrutarán los abonados privilegiados de la Sociedad Filarmónica de Bilbao, y solo dos días después, el domingo, el público que asista en la Wigmore Hall a un interpretación que, además, será transmitida en directo por los canales propios de la prestigiosa sala londinense. Iberia, página universal y única en la historia del piano, habita y pervive en manos de los mejores intérpretes. Por su enjundia musical y calado virtuosístico, escucharla es siempre un acontecimiento musical de primer orden. Y si, como es el caso, se escucha en las buenas manos de un servidor como Goerner, el acontecimiento se torna experiencia inolvidable.
























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