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Por Publicado el: 06/03/2026Categorías: En vivo

Crítica: Orquesta Filarmónica Eslovaca, cuando los checos parecen rusos

Obras de Musorgski y Khatchaturian. Orquesta Filarmónica Eslovaca. Alexandra Conunova, violín.

Obras de Smetana, Rueda, Mussorgski y Borodin. Noelia Rodiles, piano y Marko Mimica, bajo-barítono. Daniel Raiskin, director. Ciclo Ibermúsica. Auditorio Nacional. Madrid, 4 y 5 de marzo

Orquesta Filarmónica Eslovaca, cuando los checos parecen rusosObras de Musorgski y Khatchaturian. Orquesta Filarmónica Eslovaca. Alexandra Conunova, violín. Obras de Smetana, Rueda, Mussorgski y Borodin. Noelia Rodiles, piano y Marko Mimica, bajo-barítono. Daniel Raiskin, director. Ciclo Ibermúsica. Auditorio Nacional. Madrid, 4 y 5 de marzo

Alexandra Conunova. Foto: Rafa Martín/Ibermúsica

Ha vuelto al Auditorio Nacional la Orquesta Filarmónica Eslovaca, tras pasar por Barcelona y Zaragoza y antes de hacerlo por Valencia y Alicante. Hace más de treinta años que no nos visitaba. Estos conciertos fueron preparados a finales de febrero en el Reduta Concert Hall, la sede de la agrupación, con director y solistas.

Fundada en Bratislava en mil novecientos cuarenta y nueve nació bajo la égida de Václav Talich y Ľudovít Rajter para consolidarse como la institución sinfónica más relevante de su país y su sede en la histórica Sala Reduta ha sido testigo de una evolución sonora marcada por la calidez de sus cuerdas y una tradición interpretativa que ha contado con batutas de la talla de Ladislav Slovák, Libor Pešek y y Jiří Bělohlávek, hasta llegar a la actual titularidad de Daniel Raiskin. Entre sus hitos fundamentales destaca la consolidación del Festival de Música de Bratislava y sus numerosas giras internacionales.

Sin duda el origen de su actual director invitado permanente Daniel Raiskin (San Petersburgo, 1970) ha determinado el contenido de Rusia en los programas ofrecidos. Abrió fuego con una lectura impetuosa de “Una noche en el Monte Pelado” de Mussorgski (1839-1881) en la orquestación de Rimski-Korsakov.

Tras ella el “Concierto para violín y orquesta” de Khatchaturian (1903-1978), escrita en 1940 y estrenada por David Oistrakh, a quien fue dedicada. Se programa poco y cuando esto sucede con una obra suele haber razones. En este caso, dentro de una general presencia de más oficio que inspiración, las fuertes y casi imposibles exigencias para el solista en su do movimientos extremos, en los que bien podría decirse que no cabe una nota más y ello en toda la extensión de la tesitura del instrumento.

Prueba de ello es como se le iban rompiendo las cuerdas al arco del violín, un Guadagnini de 1785, de Alexandra Conunova. La solista cosechó un merecido triunfo en toda regla. Fue una total exhibición de virtuosismo, pero también de lirismo y fraseo en lo más bello, interesante e inspirado de la obra, que es su melancólico movimiento central. Aún lo redondeó más al meterse al público en el bolsillo en un correcto español para informar que su propina estaría dedicada a Madrid y que ella misma había arreglado. Se trató nada menos que una divertida adaptación de la popular “Por la calle de Alcalá” de la zarzuela “Las Leandras” y logró que el público la coreara con palmas.

Cerraron el concierto los “Cuadros de una exposición” de Mussorgski-Ravel que Raiskin dirigió, como toda la velada, de forma firme y también exuberante en una versión trepidante en la que sonaron mejor las cuerdas, especialmente las graves, que los vientos, que mostraron algunas imprecisiones tanto maderas como metales. Mucho mejor la propina, la “Danza eslava Op. 46/8” de Dvorak, con la que obviamente la orquesta se sentía totalmente identificada.

Alexandra Conunova y Daniel Raiskin Ibermusica

Alexandra Conunova y Daniel Raiskin Ibermusica. Foto: Rafa Martín/Ibermúsica

El segundo de los conciertos madrileños, con un programa peculiar que se abrió con un gris “Mi patria” de Smetana, traía la valiente inclusión en la gira de un estreno de Jesús Rueda, su “Concierto para piano núm. 3”. Rueda lo compuso en 2023 y se lo dedicó a Noelia Rodiles, al igual que su “Sonata núm. 5, The Butterfl y Eff ect” (2018). Como en anteriores obras, se demuestra que a Rueda le interesa lo que tiene origen y está ligado a una tradición que le da sentido, más que “lo nuevo”. Treinta minutos en tres movimientos, pretendidamente animados los extremos y más sereno el central. Hay un equilibrio entre el piano y la orquesta que no vimos. No es un concierto de acompañamiento, sino un diálogo tenso y vibrante donde la orquesta eslovaca, bajo la batuta de Raiskin, se impuso por momentos a una Rodiles que mostró seguridad técnica, una pulsación clara y buena capacidad para desgranar las complejas polirritmias de la partitura.
El programa incluyó también los “Cantos y danzas de la muerte” de Mussorgski, en los que el bajo-barítono croata Marko Mimica lució su profundo registro grave y su capacidad para transmitir el carácter sombrío y teatral de la obra. El concierto se cerró con unas “Danzas Polovtsiana” del “Príncipe Igor” de Borodin que lograron la aclamación del público y una nueva danza eslava, otra vez donde la orquesta se encontró más a gusto. Gonzalo Alonso

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