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Por Publicado el: 02/03/2026Categorías: Noticias y maldades

Renée Fleming, el “postureo” de los artistas ricos y los trabajadores del Trump Kennedy Center

Aún falta por ver lo que ocurrirá en la inminente ceremonia de los Goya, pero mientras, en el otro lado del charco, los artistas parece que han decidido morderse la lengua a la hora de recoger sus premios en esta larga temporada de reconocimientos con la que comienza el año. Desde luego, no todos actúan igual, y las recientes protestas de Renée Fleming o Philip Glass, que cancelaron sus actuaciones previstas en el Trump Kennedy Center, han tenido una inesperada consecuencia. El cierre temporal de la principal institución cultural de la capital norteamericana ha sumido a artistas y trabajadores en el pesimismo, el desconcierto y la incertidumbre.

Renee Fleming

Renee Fleming canceló sus actuaciones en el Kennedy Center

Los agradecimientos a la familia y al gato vuelven a predominar en las ceremonias de premios artísticos. Quizá porque el mundo está tan mal que, si emplearan sus discursos en denunciar a todos los responsables de las catástrofes presentes o por llegar, necesitarían la duración completa del evento.

O puede que algunos empiecen a reconocer que sus acreditadas dotes para la canción no corren siempre paralelas con la capacidad para comprender la complejidad de determinados asuntos, con su delicada variedad de matices y zonas grises, algo que a varias de las principales mentes brillantes y lúcidas de la historia les ocupó todo el tiempo de las suyas para alumbrar ideas y pensamientos.

A veces lo que algunos entienden  como postureo tiene consecuencias dramáticas para aquellos a los que supuestamente se pretende proteger mediante legítimas protestas. Véase lo que acaba de suceder recientemente con el Trump Kennedy Center de Washington.

Desde que el actual inquilino de la Casa Blanca llegó al poder, una de sus prioridades consistió en ocuparse personalmente del gran centro cultural de la capital estadounidense. Bajo la premisa de que los demócratas lo habían llevado al caos económico por su mala gestión, y porque allí se programaban varios espectáculos con drag queens (ambas cosas parecen ciertas), Trump decidió tomar cartas en el asunto. A su manera.

Cambió a los gestores y, de paso, se empeñó en que su propio apellido figurara antes que el de Kennedy como nuevo nombre para el edificio. Las variaciones en la programación no debían, en cualquier caso, alterar el funcionamiento de dos de las principales instituciones que tenían su sede allí: la Ópera Nacional de Washington y la Orquesta Sinfónica Nacional, ni perturbar a los trabajadores del recinto.

Pero rápidamente el Trump Kennedy Center se convirtió en el destinatario favorito de los artistas que decidieron erigirse en defensores de una institución cuyo funcionamiento nunca estuvo en tela de juicio: solo los criterios de los programadores, algo habitual cuando se cambia de gobierno.

La mecha de los desplantes contra el presidente prendió rápidamente mediante cancelaciones de algunas de las actuaciones previstas en el centro. Al principio, se trató de artistas más bien menores, pero en las últimas semanas, dos grandes figuras norteamericanas salieron a la palestra para anunciar que desde luego no contaran con ellas: la soprano Renée Fleming se retiró de unos conciertos previsto para mayo, y el compositor Philip Glass decidió que el estreno de su última obra ya no se lo daría a la Sinfónica Nacional

Mientras, a Trump, que no es un temperamento morigerado, sino más bien del tipo visceral, se le debió agotar la paciencia ante el desfile de los desprecios y optó por una salida que, en principio, no admite reparos. Al parecer, el edificio necesita reparaciones urgentes, algo que atribuyó al desinterés de los demócratas cuando les tocó regir sus destinos. Por lo tanto, decidió clausurarlo durante, al menos, dos años para su adecuada restauración.

Un problema menos para Trump, pero desde luego no para los trabajadores. De momento, nadie les ha dicho, como tampoco a los artistas que ya tenían actuaciones previstas allí, lo que ocurrirá con ellos. Los sindicatos han protestado y poco más. Como tampoco ha habido nuevas reacciones de Renée Fleming o Philip Glass, que bien podrían destinar parte del dinero recaudado en algunas de sus próximas actuaciones a proveer de fondos a los profesionales, no tan afortunados como ellos, que seguramente se quedarán sin empleo, ni quizá seguro alguno, durante los próximos meses.

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