La Toronto Symphony Orchestra debuta en Ibermúsica con un programa que une Shakespeare, Gould, Haydn y Mahler
Ibermúsica recibe el miércoles, 28 de enero, por primera vez a la Toronto Symphony Orchestra, una de las formaciones más destacadas del panorama norteamericano, bajo la dirección de su titular, Gustavo Gimeno. El programa combinará obras contemporáneas canadienses con páginas de Haydn y Mahler, y contará con la participación de la aclamada soprano Anna Prohaska.

Gustavo Gimeno
© Marco Borrgreve
La Toronto Symphony Orchestra (TSO) visita por primera vez el Auditorio Nacional de Música dentro de la programación de Ibermúsica, ofreciendo un concierto que reúne tradición, modernidad y cruces creativos entre literatura, historia musical y repertorio sinfónico. La cita tendrá lugar el miércoles 28 de enero en la Sala Sinfónica.
Bajo la dirección de Gustavo Gimeno, su titular de la formación, la TSO abrirá el programa con A Woman’s Face (Soneto 20), del compositor y cantautor Rufus Wainwright, figura de referencia del pop independiente y autor de un celebrado ciclo de sonetos de Shakespeare publicado en 2016.
A esta pieza seguirá Curiosity, Genius, and the Search for Petula Clark, de la compositora canadiense Kelly Marie Murphy, obra escrita en 2017 para conmemorar el 85.º aniversario de Glenn Gould y el 70.º aniversario de su debut con la propia Sinfónica de Toronto. Murphy evoca, con su lenguaje vibrante y colorista, los intereses múltiples del legendario pianista y sus documentales radiofónicos, especialmente aquel dedicado a la cantante Petula Clark.
La soprano Anna Prohaska, reconocida por su versatilidad y su impecable musicalidad, interpretará la Escena de Berenice de Joseph Haydn, escrita en 1795 para la soprano Brigida Giorgi Banti y estrechamente vinculada al último concierto benéfico que el compositor ofreció en Londres. La página, de gran exigencia vocal y teatral intensidad, presenta a una heroína atrapada entre el dolor, la desesperación y la fidelidad amorosa.
El concierto culminará con la Sinfonía nº 4 de Gustav Mahler, una de las obras más transparentes y líricas del compositor bohemio. Escrita entre 1899 y 1900, combina una orquestación camerística, un tono casi pastoral y un final de carácter celestial en el que la voz solista describe la ingenua visión del paraíso desde la perspectiva de un niño.
























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