Yuja Wang y Norman Lebrecht, ojo por ojo
Yuja Wang y Norman Lebrecht, ojo por ojo

Norman Lebrecht
En la inevitable y dura tensión entre críticos ajenos al compadreo y artistas de relieve, ha saltado el pasado 26 de febrero una chispa (o quizá sólo un chisme), que alcanzó las páginas de The Guardian: al parecer, Yuja Wang había subido a su cuenta de Instagram un mail privado de Norman Lebrecht, en el que el conocido crítico afeaba a la pianista su negativa a concederle una entrevista en su programa de Radio3 de la BBC, incumpliendo un compromiso previo.
El mail de Lebrecht decía: “Estoy sorprendido y decepcionado. Pensé que eras una persona seria, que cumplía con sus compromisos. Quizás tenga que revisar esa opinión”. Ni corta ni perezosa, en su cuenta de Instagram, y sobre una captura de pantalla del correo de Lebrecht, Wang escribió: “@normanlebrecht, este acoso misógino y despectivo debe terminar. Somos seres humanos que crecemos con energía positiva, no personajes de ficción de los que se pueda abusar”.
Naturalmente, el rencor viene de tiempo atrás, y han sido años de críticas afiladas por parte de Lebrecht las que han acabado con la paciencia de Wang. Fíjense por ejemplo en esta opinión publicada en The Critic, en 2021: “Dando un salto, sube al escenario una joven con un vestido sin espalda y una abertura hasta la cadera, o un microvestido cortado a dos centímetros por debajo del trasero”.
O también: “Yuja Wang hace todo lo posible para llamar la atención sobre su apariencia. Suele cambiarse de ropa en los intermedios de los conciertos para lucir más piernas y alimenta Internet con un torrente de selfis con tops halter y shorts ajustados”. Por si fuera poco, Lebrecht publicó hace unas semanas un mensaje de cumpleaños sarcástico en su web SlippeDisc: “¿Propósitos de solemnidad y ropa para cubrirse? Sigue soñando. Feliz día, Yuja”
A Lebrecht sus comentarios le han salido caros, porque en muchos medios musicales ha sido tildado en los últimos días de simple “periodista de cotilleos”, llegando alguno incluso a describirlo como “cerdo misógino”. Y, lo peor, ha sido informado de que, debido a su mail, no podrá seguir manteniendo su programa actual en la BBC, a pesar de una relación de más de 25 años con la emisora.
Esta ha sido su respuesta al ataque de la pianista: “Yuja Wang había acordado una entrevista conmigo hace un año, para Radio3. Lo pospuso hasta que perdí la paciencia y le envié un correo electrónico quizás un poco brusco. No hay intimidación en decirle que la tengo en peor opinión que antes, ni era un mail misógino: le habría dicho lo mismo a un artista masculino”.
Hasta aquí los hechos. Y ahora un escolio, a título de mera opinión personal. En primer lugar, es cierto que Lebrecht se pasa de la raya, y mucho, en el tono arrogante de sus comentarios: tutea a Yuja Wang, le da consejos y se permite amenazar con cambiar su opinión sobre ella como persona, siendo un crítico que se debe a, y vive de, artistas como Wang. Y hay además en su actitud, es cierto, un cierto tufo a machismo de la peor ralea.

Respuesta de la pianista en Instagram
Pero Wang no es una víctima indefensa acosada por el machirulo de turno: es una estrella de merecida fama mundial, cuya vida personal está a años luz en privilegios de la de cualquier otro mortal. No tiene necesidad de medirse con un crítico, por muy influyente que éste sea, a menos que lo busque. Y se dice esto porque Yuja Wang es una excelente profesional en lo que se refiere a la promoción de su carrera.
Y surge la pregunta: ¿por qué debería ser posible la crítica a la sexualización de la música cuando se trata de estrellas de reggaeton o pop (recuérdese el caso reciente de Bad Bunny en la SuperBowl, él bien cubierto de ropa, pero rodeado de bailarinas expertas en perreo, o el de Miley Cyrus, que liquidó su pasado como heroína infantil de Disney a base de videos en los que el erotismo pesaba tanto como la música), y no la crítica por la misma razón a una artista de la tradición clásica? ¿Sólo porque en su caso se trata de alta costura? ¿O porque ella no es grosera? ¿O porque su talla como artista es notable?
En el fondo, late aquí un conflicto más relevante que el causado por la publicación de un mail insolente: la música clásica se sustenta desde hace dos siglos en la idea de la autonomía del arte, una ideología que rechaza la consideración de la música como mero producto comercial, como mercancía sujeta a estrategias de publicidad y marketing.
En el fondo, ya se sabe, esto es un mito, una forma de Philosophie des Als Ob (Adorno hablaba de Autonomía relativa), según la cual todos actuamos como si fuera cierto. Pero el mantenimiento de esta ficción confiere a la tradición clásica una de sus mejores posibilidades de supervivencia.
Y aunque haya actuado durante años como un auténtico grosero con Yuja Wang, y aunque por supuesto la pianista es una artista excepcional y tiene todo el derecho del mundo a vestirse en escena como le dé la gana, piensa uno que Lebrecht, de algún modo, también nos recuerda que un artista de la tradición clásica debería poder llegar a donde se merece sin necesidad de recurrir a estrategias que no se compadecen con la tradición a la que sirven. Y que si recurre a esas estrategias, debe asumir las críticas que por esto le correspondan. Y que si la tradición exagera sobre su autonomía, tanto mejor, porque se non è vero, è ben trovato.























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