Sokolov, Beethoven y Schubert llegan al Ciclo de Grandes Intérpretes de Scherzo
Grigory Sokolov llega al Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo con un programa dedicado a Beethoven y Schubert. El próximo lunes, 23 de febrero, el Auditorio Nacional recibe de nuevo al afamado pianista en una programación llena de grandes nombres, siendo el de Sokolov uno de los más destacados.

Grigory Sokolov
Cada aparición de Grigory Sokolov es un acontecimiento singular. Alejado de cualquier estrategia mediática y centrado exclusivamente en la música, el pianista ruso concibe el recital como un acto de introspección absoluta, donde cada obra se despliega con una coherencia interna minuciosamente trabajada. Su regreso al Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo el próximo lunes, 23 de febrero, en el Auditorio Nacional, confirma esa relación ya consolidada con el público madrileño.
La primera parte del programa está dedicada a Ludwig van Beethoven, con la Sonata nº 4 en Mi bemol mayor, op. 7, una obra de gran aliento sinfónico escrita cuando el compositor comenzaba a ampliar los límites de la forma clásica. Desde el Allegro molto e con brio inicial hasta el Rondo final, la sonata combina energía, amplitud expresiva y una cantabilidad que Sokolov aborda con especial atención al peso del sonido y a la respiración del discurso.
A continuación, las Seis Bagatelas, op. 126, último ciclo pianístico publicado por Beethoven, funcionan como un compendio de su pensamiento tardío: piezas breves, concentradas, de carácter fragmentario y visionario.
La segunda parte del recital está consagrada a la Sonata en Si bemol mayor, D.960 de Franz Schubert, testamento pianístico del compositor vienés. Escrita pocas semanas antes de su muerte, esta obra monumental explora el tiempo musical desde una perspectiva contemplativa y casi existencial.
El Molto moderato inicial, con su célebre trino grave, abre un espacio sonoro de resonancias infinitas; el Andante sostenuto profundiza en una melancolía desnuda; el Scherzo, ligero y transparente, parece suspender el drama; y el Allegro ma non troppo final cierra el viaje con una mezcla de serenidad y resignación.
























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