Obituario: Wolfgang Schmidt, el tenor que despertaba la ira de (algunos) wagnerianos
Obituario: Wolfgang Schmidt, el tenor que despertaba la ira de (algunos) wagnerianos

Wolfgang Schmidt
Triunfador en Bayreuth, en la berlinesa Staatsoper de Barenboim y en los más importantes templos wagnerianos de Europa y América, Wolfgang Schmidt, ha fallecido el pasado miércoles (18 de febrero). Había nacido en Kassel, en 1956, y contaba 69 años en el momento de fallecer, tras larga enfermedad. Fue el tenor “heroico” wagneriano de referencia en los últimos años noventa, cuando la estela de los Jerusalem y otros grandes comenzó a decaer por la edad.
Schmidt, muy querido por Barenboim, Levine y otros grandes, fue el Siegfried de referencia en un tiempo -años noventa del siglo pasado y primeros años del XX- sin tenores verdaderamente “heroicos” (Heldentenor). Sufría la ira de los wagnerianos más ortodoxos, apegados a las viejas voces del pasado. De ahí los sonoros abucheos que solía escuchar en sus actuaciones, por parte de un público que vivía con el recuerdo -a veces idealizado- de las voces precedentes, desde los añorados Windgassen y Kollo al propio Siegfried Jerusalem, y se mostraba sordo a los méritos de un cantante que defendía con tozuda lealtad y entrega roles wagnerianos tan carismáticos y exigentes como Siegfried, Tristan, Siegmund, Stolzing, Lohengrin, Erik o Tannhäuser.
Fue precisamente con el personaje de Tannhäuser con el que debutó en la Colina Sagrada de Bayreuth. Corría el año 1992 y fue el inició de una larga y controvertida relación. Protegido y muy apreciado por el nietísimo Wolfgang Wanger, allí, en 1994, se coronó como el Siegfried de los años noventa, en la tremebunda producción de Alfred Krichner, dirigida musicalmente por James Levine.

Schmidt en Bayreuth
Luego, continuó siendo protagonista, a partir del año 2000, en la nueva y más presentable producción de la Tetralogía, firmada escénicamente por Jürgen Flimm, con Giuseppe Sinopoli en el foso, y luego, tras la repentina muerte del director veneciano en abril de 2001, por Ádám Fischer. Es decir, Wolfgang Schmidt reinó como Siegfried en Bayreuth desde 1994 hasta 2004. Un década que, en estos ámbitos vocales, suponen una eternidad.
En ambas producciones hubo de sufrir la contestación del público y aluvión de malas críticas. Alguien incluso se refirió al Siegfried de Schimit como “Sigfridillo” y “falso Siegfrido”. Sin duda, Schmidt sufría la nostalgia de los grandes tenores heroicos del pasado en una época vocal de vacas flacas en estos ámbitos wagnerotenoriles.
Esta falta de cantantes verdaderos heroicos aupó su carrera al liderazgo en el repertorio wagneriano, aunque pronto aparecieron otras voces que eclipsaron su trono, como Christian Franz, el canadiense Ben Heppner y el estadounidense Robert Dean Smith (ambos también nacidos en 1956), Stephen Gould, Christopher Ventris, o, más recientemente, Klaus Florian Vogt y, sobre todo y todos, el austríaco Andreas Schager, quien parece haber retomado la vocalidad de los grandes tenores heroicos del pasado.
Pero más allá de las posibles limitaciones de su voz, Wolfgang Schmidt cumplió con generosa humildad y eficacia un papel fundamental en su tiempo de sequía. No solo como Siegfried, rol que cantó en todos los grandes teatros del planeta con los mejores directores, desde Christian Thielemann en Bayreuth, a Riccardo Muti en la Scala, sino también en otros roles ajenos a la órbita wagneriana, como el Otello de Verdi, Florestan (Fidelio) Bacchus (Ariadne auf Naxos) o Calaf (Turandot). Más tarde cambió de registro y enfocó su carrera hacía papeles menos “heroicos”, como Egisto (Elektra), Herodes (Salome) o Mime (Das Rheingold y Siegfried).
Nada mejor para cerrar este obituario que el muy cariñoso comunicado emitido por el Festival de Bayreuth, el lugar donde su carrera se aupó a lo más alto: “Con Wolfgang Schmidt no solo perdemos a un destacado tenor wagneriano, sino a un artista que ha marcado Bayreuth de una manera única. Su voz, su presencia en el escenario y su pasión seguirán resonando durante mucho tiempo en cada nota, en cada recuerdo y en los veranos de la Colina Verde”.

























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