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Por Publicado el: 19/02/2026Categorías: Colaboraciones

Obituario: José van Dam, versátil y fecunda gloria de la historia del canto

José van Dam, versátil y fecunda gloria de la historia del canto

José van Dam, versátil y fecunda gloria de la historia del canto

José Van Dam

“Ha muerto José van Dam. Está en Music3 y otras webs francesas. Prepara obituario”. Así, a bocajarro anuncia la pantallita del WhatsApp la noticia de la muerte de quien ha sido uno de los cantantes más versátiles, completos y longevos de la historia de la música. El bajo-barítono José van Dam era belga y barón, y se llamaba realmente Joseph van Damme, pero para el mundo de la lírica quedará en la eternidad con el nombre españolizado que ha marcado una carrera ejemplar. Había nacido en Ixelles (cerca de Bruselas), en agosto de 1940, y ha fallecido el pasado 17 de febrero, con 85 años.

Con su voz poderosa y cálida, de verdadero bajo-barítono, Van Dam ha servido y marcado multitud de roles, tanto del repertorio alemán, como francés e italiano. De hecho, su primer gran éxito llegó con el papel de Don Basilio en El barbero de Sevilla de Rossini , que supuso su debut en la Ópera de París. Corría el año 1961 y el joven, pero ya prometedor cantante apenas rozaba los 21 años. Cuatro años después, en 1965, Van Dam se despidió de su puesto estable en la Ópera parisiense con el papel de Escamillo, de Carmen.

Luego, tras permanecer dos años en la Ópera de Ginebra, Lorin Maael lo llamó  en 1967 para formar parte de la compañía estable de la Deutsche Oper de Berlín, donde consolidó su prestigio de primera estrella mundial y forjó su prestigio como gran mozartiano, con papeles como el Fígaro de Las Bodas de Fígaro y el Leporello de Don Giovanni, personaje que luego -en 1979- inmortalizo en el cine de la mano de Lorin Maazel, en la famosa y “veneciana” película Don Giovanni, con un reparto de película en el que, junto con el propio Van Dam, aparecen Ruggero Raimondi, Edda Moser, Kiri te Kanawa y una divertida Teresa Berganza como Zerlina. Luego vinieron La flauta mágica, Così fan tutte

Van Dam sirvió con estilo, alcurnia y poderosa vocalidad los más diversos papeles, desde el barroco hasta los contemporáneos, en cualquier lengua y estilo. Y todos los atendió al máximo nivel, con esa maestría contagiosa tan exclusiva de los grandes artistas. Su inmenso repertorio triunfó en todos los ámbitos, teatros y salas de concierto.

Fue un wagneriano de primerísimo rango, con algunas grabaciones que marcan referencia, como sus parsifales con Karajan (Gurnemanz;  1980) y Barenboim (Amfortas; 1990), o su estremecedora interpretación de El holandés errante, en el Festival de Salzburgo, con Karajan. También un straussiano imbatible, como demostró en La mujer sin sombra, que cantó y grabó en la legendaria producción de Salzburgo, con Georg Solti.

Brilló con similar fuerza en el repertorio italiano, que cultivó con la misma disciplina y entusiasmo que el alemán o el francés. En la memoria quedan sus intervenciones y grabaciones en títulos verdianos como Il Trovatore, Simon Boccanegra, Otello o Don Carlo, que, en 1996,  también cantó y llevó al disco en la versión original francesa, bajo la dirección de Antonio Pappano y con un reparto de campanillas que incluía las voces de Roberto Alagna, Karita Mattila, Thomas Hampson, Waltraud Meier y Eric Halfvarson.

En el repertorio propiamente francés marcó referencia: fue el más maravilloso Golaud de Peleas y Melisande (que cantó y grabó dirigido por Karajan), y tuvo el honor de protagonizar, en 1983, el rol titular en el estreno absoluto de la ópera San Francisco de Asís, de Messiaen. Muchos años antes, en 1966, en Ginebra, cantó el estreno de La mère coupable, la ópera de Darius Milhaud que completa la trilogía de Beaumarchais, junto con El Barbero de Sevilla, de Rossini, y Las Bodas de Fígaro, de Mozart.

Para la posteridad quedan también sus intervenciones y grabaciones de otras óperas francesas, como La hora española, de Ravel (dirigido por Maazel), o Los cuentos de Hoffmann, ópera con la que volvió a triunfar en Salzburgo, en 1993, dirigido por Kent Nagano.

Además de un cantante y actor de primera, fue liederista exquisito, muy especialmente en el campo exquisito de la canción francesa. Nadie que le haya escuchado cantar Las canciones de Don Quijote a Dulcinea de Ravel habrá olvidado el modo en que el cantante se transfigura en el propio caballero andante. Legendaria es su grabación de la ópera Don Quijote, de Massenet, con una maravillosa Teresa Berganza y la batuta de Michel Plasson. No menos legendarias son sus interpretaciones de Las noches de estío, de Berlioz, o las canciones de Dupart, cuya integral llevó al disco.

Cantó, además, con espíritu y maneras puramente germánicas, los grandes ciclos de Schubert, del Viaje de invierno al Canto del cisne. Con su muerte, desaparece uno de los más completos y reconocidos cantantes de su largo tiempo. También una de las últimas y más versátiles y fecundas glorias de la historia del canto.

Justo Romero

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