Resumen de los Festivales de Salzburgo y Baden-Baden 2026
INFORME BECKMESSER
Especial Pascua 2026: Festivales de Salzburgo y Baden-Baden · 6 de abril de 2026 · Madrid
Dos ciudades, dos modelos, un mismo fin de semana de Pascua. Salzburgo recupera a sus Berliner Philharmoniker después de trece años en Baden-Baden; Baden-Baden descubre que tiene que aprender a vivir sin ellos. En Salzburgo, el nuevo «Ring» de Petrenko y Serebrennikov con Gerhaher como Wotan. En Baden-Baden, el nuevo «Lohengrin» de Mallwitz y Mäkelä debutando ambos en sus nuevas casas. La prensa alemana, austriaca e italiana ha escrito sobre esto con una intensidad que pocas veces se ve en la crítica musical de hoy. He seleccionado las quince crónicas más reveladoras.
🎭 SALZBURGO DE PASCUA — DAS RHEINGOLD

Escena
«ÁFRICA Y HIELO ÁRTICO»: ABENDZEITUNG MÜNCHEN — LA VOZ MÁS ENTUSIASTA
La Abendzeitung de Múnich fue de las primeras en encontrar las palabras exactas para lo que ocurrió el 27 de marzo en la Felsenreitschule: «que el Rheingold es una obra de conversación, lo han afirmado muchos directores. Nadie lo ejecuta con tanta consecuencia como Petrenko». Para el diario muniqués, la orquesta sonó «ligera, ágil y flexible», con «seda en la transparencia y oro en los metales». Gerhaher como Wotan: «un príncipe de provincias nervioso, desbordado, casi encogido». Un retrato de Wotan que evoca de manera casi inevitable a Dietrich Fischer-Dieskau en el Ring inaugural del mismo festival en 1968 bajo Karajan —el paralelo lo señalan varias reseñas—, también un barítono lírico que sustituyó el heroísmo por la psicología. El único reparo: los yunques de Nibelheim sonaron «demasiado de cuento, poco industriales».
«ASÍ NO HABÍAN ESCUCHADO EL RING NUNCA»: BACKSTAGECLASSICAL — EL ANÁLISIS MÁS PROFUNDO
La reseña más elaborada que he leído sobre esta producción lleva la firma de Axel Brüggemann en BackstageClassical, y empieza con una comparación fulminante: «Petrenko se ha convertido para Wagner en lo que Nikolaus Harnoncourt fue para Mozart: un explorador y buceador de aguas profundas que ha dejado atrás los leitmotivs hace mucho tiempo». Brüggemann describe cómo Petrenko «desciende a la estructura de la partitura con precisión obsesiva» y cómo el resultado no es interpretación en sentido convencional, sino «revelación estructural». El reproche a Serebrennikov es también el más articulado: «no hay segunda capa. Se danza mucho —y de forma ridícula en momentos—, se hinca en el hielo eterno, se hurta el oro. Pero la producción permanece en la superficie wagneriana de siempre». La conclusión, sin embargo, es inequívoca: «las trompas, los violines, el oro de los metales: solos valían el viaje».
«QUERELAS SALZBURGUESAS Y ESTRELLAS BERLINESAS»: DIE FURCHE — LA IRONÍA VIENESA
Die Furche, el semanario cultural católico vienés, publicó la reseña más incómoda para los organizadores: el subtítulo lo dice todo. La crítica reconoce que lo que Petrenko arrancó a su orquesta fue «casi increíble en matices y delikatesse camerística», pero señala también que «la velada vocal era sólo de nivel promedio». La observación más dura recae sobre Gerhaher: «con toda su inteligencia gestual, no pudo disimular que le faltan algunos medios vocales para este reto». El contexto político lo aporta el diario con precisión: justo en el día de la premiere, el despido de Hinterhäuser «se catapultó a los titulares de todos los periódicos locales». Y se permite una insinuación: que Nikolaus Bachler, el intendente de los Osterfestspiele que maniobró para traer a los Berliner y a Petrenko, podría ser «al menos candidato de transición» para los Festspiele de verano.
«STERNSTUNDEN DER GOTTHEIT»: DIE PRESSE — «MOMENTOS ESTELARES DE LA DEIDAD»
El titular de Die Presse —detrás de muro de pago pero ampliamente citado— opta por el superlativo: «Sternstunden der Gottheit». El diario vienés de referencia subraya que la «vuelta de los Berliner a la orilla del Salzach resultó en triunfo», y hace la comparación que todos tenían en la cabeza: Christian Thielemann con los vieneses apuesta por el «principio Karajan de abrumación por la belleza hasta los pianissimi»; Petrenko en cambio «se distingue por una intelectualidad chispeante». Dos maneras de ser fiel a Wagner. Ambas legítimas. Incomparables. Un lujo tener las dos a cien kilómetros de distancia.
«COMIENZO POSTAPOCALÍPTICO»: NEUE MUSIKZEITUNG — LA PERSPECTIVA ALEMANA
La NMZ —la publicación musical alemana por excelencia para el sector profesional— titula «Inicio postapocalíptico» y traza la fascinante genealogía: el Petrenko que se consagró en Meiningen hace 25 años con un Ring que deslumbró al mundo por la «capacidad del teatro alemán de hacer lo imposible», es el mismo que ahora, con los Berliner, lleva esa visión a su versión más perfeccionada. La nota más llamativa: que en Meiningen se conservaba la grabación de los yunques que Petrenko hizo forjar en una herrería local para aquel primer Ring, y que los actuales montadores de la producción pudieron reutilizarla. La memoria de Petrenko, transferida en sonido al presente.
«A RHEINGOLD REFORGED»: MYSCENA — EL ENTUSIASMO INTERNACIONAL
La reseña de la canadiense Denise Wendel-Poray en LaScena/MySCENA es la más elogiosa de todas las que he leído, y la menos resentida con Serebrennikov: «Una producción que tiene éxito, que impresiona, y que —muy raramente— lleva el arte a un nuevo nivel». Para Wendel-Poray, el staging de Serebrennikov «no es arbitrario»: Leigh Melrose como Alberich —«un sobreviviente solitario, una figura que entiende el sistema porque lo ha aplastado»— recibe elogios como «una de las actuaciones definitivas de la velada: cruda, lúcida, profundamente perturbadora». El «silencio orquestal como génesis» del preludio en mi bemol mayor se describe como «sonido emergiendo del silencio con materialidad elemental». No hay nada de eso en la mayoría de las reseñas europeas, más cauta con el entusiasmo sin fisuras. La distancia atlántica, a veces, deja ver mejor.
«UN PLACER PURO»: CONCERTI.DE — EL CONSENSO
Concerti.de, el portal alemán de referencia para la programación de conciertos, ofrece la reseña más equilibrada: confirma el consenso —«es puro placer escuchar a las cuerdas o a los vientos por separado, y luego la mezcla total, excelentemente unificada»— pero matiza el reparo vocal: «la parte de los cantantes no convence de manera tan compacta como la orquesta». Y señala algo que pocas reseñas mencionan: que el arcaico escenario de la Felsenreitschule, con la orquesta ante el escenario en lugar de en el foso, crea «una coordinación entre escena y foso que no es ideal para Wagner». Es una observación técnica, pero relevante: la Felsenreitschule es el espacio más imponente de Salzburgo y quizás el menos wagneriano en términos acústicos puros.

Saludos finales
🎼 SALZBURGO DE PASCUA — OCTAVA DE MAHLER
«ASÍ SE QUIERE UNO SER REDIMIDO»: KLASSIK-BEGEISTERT — EL ARREBATO PERSONAL
Klassik-begeistert.de —el portal germano-austríaco de aficionados cultivados cuya intensidad a veces supera a la prensa oficial— publicó la más apasionada de las crónicas del 3 de abril en el Großes Festspielhaus. La descripción del sonido de Petrenko: «diferenciado y expresivo», con los violines «en largos arcos acariciando y majestuosos», y la imagen de Petrenko girándose hacia el primer palco donde estaba el conjunto a distancia: «inmediatamente la alegría sin nombre de su batuta irradió también al público». El tenor Benjamin Bruns como Doctor Marianus es el más elogiado entre los solistas: «como Siegfried literalmente tendido en acecho, su primera nota me tiró de la silla». La conclusión: «Tras este milagro de dirección uno salía de la sala completamente transformado y hechizado».
«ASÍ UNO QUIERE SER REDIMIDO»: ONLINE MUSIK MAGAZIN — LA SÍNTESIS
El Online Musik Magazin, uno de los medios de referencia para la crítica de conciertos en el ámbito germano, tituló su crónica de la Octava de Mahler con el Fausto de Goethe como resonancia: «So möchte man erlöst werden» —«así quiere uno ser redimido»—. Una elección perfecta para una sinfonía cuya segunda parte es precisamente la escena final del Fausto. Bernd Stopka subraya que la Octava no había sonado en Salzburgo desde 2013, y que el Großes Festspielhaus es uno de los pocos recintos que absorbe esta partitura de manera «natural». Los Salzburger Nachrichten, en su propio artículo tras el muro de pago, apuntaron que «Petrenko y los Berliner lograron una obra maestra», con «gran parte del mérito para el Bachchor Salzburg».
«BRAUSENDER SCHÖPFERGEIST»: DIE PRESSE Y BR-KLASSIK
Die Presse tituló su reseña con un verso del Fausto: «Así brama el espíritu creador por la sala de los festivales». BR-Klassik, la radio cultural bávara, fue algo más fría pero igualmente elogiosa: «con perspectiva y acceso claro, Petrenko guía a través de la monumental Octava de Mahler; entre potencia sonora y detalles finamente elaborados surge una interpretación que estructura la obra gigantesca, la hace transparente y en la segunda parte abruma con precisión atmosférica». Es la Octava de Mahler. Es la sinfonía más difícil de convencer al que ya la ha escuchado bien. Petrenko parece haberlo conseguido.
🎭 BADEN-BADEN DE PASCUA — LOHENGRIN

Escena
«¿TODO UNA GRAN PUESTA EN ESCENA?»: NZZ — EL MÁS SOFISTICADO
La Neue Zürcher Zeitung publicó el 1 de abril la reseña más inteligente sobre el «Lohengrin» de Baden-Baden. Christian Wildhagen arranca con Katja Ebstein y el «Wunder gibt es immer wieder» —«los milagros existen siempre»— del Eurovision de 1970, para llegar a la esencia del argumento de Wagner: si el milagro requiere no ser interrogado para existir, ¿somos aún capaces, en nuestra era de fact-checking obsesivo, de reconocer un milagro cuando lo tenemos delante? La puesta en escena de Erath es elogiada por su «sentido del timing dramático» y su «sensibilidad para el claroscuro». Pero también se señala que el Mahler Chamber Orchestra, tocando Wagner por primera vez, «deja oír ocasionalmente en el metal pesado que este no es su repertorio central». Mallwitz «muestra un sentido del timing dramático y el claroscuro de la partitura». Beczała: «hace brillar al caballero del cisne con su segura voz en el agudo, aunque tiene algo de inaccesible, de misteriosamente distante».
«ENTRE SUEÑO Y REALIDAD»: KULTURJOKER — EL TESTIMONIO DE PRIMERA MANO
El Kulturjoker de Friburgo de Brisgovia, que cubre la región del sur alemán donde se encuadra Baden-Baden, publicó la crónica más detallada de lo que el espectador vio en el escenario: la obertura que arranca con un objeto golpeando el suelo —«una perturbación»—, el coro en elegantes trajes azules de gala y negros —«como en un ballet de Cranko»—, las plumas descendiendo suavemente hacia el patio de butacas cuando Lohengrin aparece envuelto en capa de plumas. Beczała: «voz luminosa de tenor, emisión suave, frases cantables, reservando fuerzas para la narración del Grial en el último acto». Rachel Willis-Sørensen como Elsa: «notas de soprano brillantes en los agudos y también proyección en los pasajes suaves». El punto débil: Kwangchul Youn como Enrique I, con un bajo que «ondea» cuando la homogeneidad del conjunto lo acusa. Una producción que en conjunto vale la pena, aunque la MCO necesite tiempo para hacer suyo a Wagner.
«UN MILAGRO DE PASCUA EN EL FESTSPIELHAUS»: DER OPERNFREUND — EL ENTUSIASMO PURO
Der Opernfreund, referencia para el aficionado de ópera serio en el espacio germano, eligió el tono de celebración sin reservas: «Piotr Beczała es (!) Lohengrin y canta para hincarse de rodillas». La crónica describe la narración del Grial en el tercer acto como «un sueño, con suaves arcos de legato que llegaron al corazón», y señala algo que pocas reseñas mencionan explícitamente: que fue Mallwitz quien quiso a Beczała específicamente para esta producción. «Los tenores que dejan madurar la voz y luego sencillamente no tienen rival, todavía existen. Y es de agradecer que ella los traiga». Una fidelidad artística que no es frecuente en el circuito de festivales, donde a veces la disponibilidad pesa más que la idoneidad.
🎼 BADEN-BADEN DE PASCUA — CONCIERTOS SINFÓNICOS
«AIRE FRESCO EN LA TRADICIÓN DEL CONCERTGEBOUW»: DAS OPERNMAGAZIN — MÄKELÄ Y LA MATTHÄUS-PASSION
Das Opernmagazin publicó la reflexión más histórica sobre la «Matthäus-Passion» del 30 de marzo: arrancar señalando que Rattle esperó a los 55 años para abordarla, que Muti dirigió la Octava de Bruckner por primera vez a los 83, y contrastar con Mäkelä, que «parece no tener tales miedos al contacto». La conclusión es mesurada pero favorable: el Concertgebouw llegó a Baden-Baden con su tradición bachiana centenaria —desde Mengelberg en 1899— y Mäkelä optó por «tempi tranquilos, que respiran con los solistas», más en la tradición romántica que en el historicismo imperante. «El carácter contemplativo de este Bach en un escenario estático impresionó por su coherencia». Una Bach sin gesticulación. Una Bach que se deja escuchar.
«EL LATIDO DEL MUNDO»: WOCHENBLATT-REPORTER — MÄKELÄ Y BRUCKNER
La reseña más literariamente ambiciosa de las que he leído esta Pascua —y la que mejor captura lo que puede ser escuchar la Octava de Bruckner cuando se ejecuta con convicción— la publicó el Wochenblatt-Reporter sobre el concierto del 2 de abril en el Festspielhaus: «hay veladas en que se escucha una obra, y luego están las muy poco frecuentes, perturbadoramente preciosas constelaciones en que la obra es elevada por encima de su mera ejecución y llevada a un estado de presencia intensificada. El 2 de abril de 2026 en el Festspielhaus Baden-Baden perteneció a esta segunda categoría, más preciosa». El crítico describe cómo Mäkelä «desgaja la definición del fortissimo» y «expande la del pianissimo»: «el fortissimo perdió cualquier proximidad unidimensional a la mera presión, se convirtió en apertura eruptiva del espacio sonoro; el pianissimo fue densificación de la interioridad». Una descripción que yo nunca hubiera podido mejorar. Y que hace lamentar no haber estado allí.

Escena
💡 REFLEXIONES DISCUTIBLES DE GURNEMANZ
Hubo un momento, la noche del 27 de marzo, en que los Berliner Philharmoniker estaban en la Felsenreitschule de Salzburgo tocando el preludio del «Rheingold» —ese mi bemol sostenido que emerge de la nada y genera todo el mundo musical que vendrá— y en Baden-Baden, casi al mismo tiempo, el Mahler Chamber Orchestra abría sus primeras notas del «Lohengrin» bajo Joana Mallwitz. Los dos festivales, que durante trece años compartieron orquesta residente, empezaban sus nuevas vidas en el mismo instante. No lo pueden haber planeado así. O sí. En cualquier caso, es el tipo de coincidencia que justifica la existencia de los festivales.
El consenso sobre el «Rheingold» de Salzburgo es tan rotundo en lo musical como dividido en lo escénico que resulta tentador simplificarlo: «orquesta prodigiosa, producción discutible». Pero eso sería deshonesto. La postapokalipsis africana de Serebrennikov —el director ruso que lleva años viviendo exiliado en Occidente, que conoce el poder como amenaza antes que como abstracción— tiene una lógica que las reseñas más indulgentes sí identifican. La pregunta es si esa lógica consigue hacerse visible en el escenario, o si la densidad gestual termina obscureciendo el sentido. Que todavía se esté debatiendo esto una semana después de la premiere indica, al menos, que algo está en juego. Las producciones que no generan debate no generan nada.
Sobre Mäkelä y la Bruckner en Baden-Baden, quiero ser preciso: tiene 30 años. Bruckner a los 30 años es un riesgo considerable. La crítica de Klassik-begeistert apuntó que la Quinta de Mahler del día anterior —muy buena— «carecía de magia, como una velada de abono de altísimo nivel». Es una observación justa. Y sin embargo, la reseña de la Octava de Bruckner en el Wochenblatt-Reporter sugiere que algo distinto ocurrió esa noche. Cuando un crítico escribe que el silencio del pianissimo fue «densificación de la interioridad» y no «retirada a lo indefinido», está describiendo algo muy específico que sólo ocurre cuando la sala, el director y la orquesta coinciden en el mismo momento. Que eso haya pasado con un director de 30 años y una obra que se resiste a los jóvenes es, en sí mismo, una noticia.
Y Beczała. Piotr Beczała tiene casi 60 años. Empezó como lirico-spinto y ha llegado al heroico por maduración, no por empuje vocal. Las crónicas de BadenBaden coinciden: su Gralserzählung en el tercer acto fue el momento cumbre de la noche, los arcos de legato «que llegaron al corazón». Eso es lo que hace el tiempo con las voces cuando se las cuida: no las reduce, las profundiza. Hay en ese arco —el mismo tenor que hace veinte años cantaba Alfredo en La Traviata cantando ahora a Lohengrin— una historia de paciencia artística que merece ser contada. Mallwitz supo verlo y fue a buscarlo. Ese es también el trabajo de un director musical: saber quién está listo para qué.





















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