Crítica: Una “inolvidable” versión de la Misa de la Coronación cierra el XV Festival de Música Sacra de Bogotá
Una “inolvidable” versión de la Misa de la Coronación cierra el XV Festival de Música Sacra de Bogotá
XV FESTIVAL INTERNACIONAL DE MÚSICA SACRA DE BOGOTÁ. Obras de Mozart (Concierto para violín y orquesta número 5. Misa de la Coronación). Solistas: Roberto Gonzélez Monjas (violín), Carolina Arandia (soprano), Carol Leyton (mezzosoprano), Danilo Jiménez (tenor), Juan Felipe Herrera (barítono). Coro Nacional del Perú (director: Javier Súnico). Orquesta Sinfónica de Galicia. Director: Roberto González Monjas. Lugar: Bogotá, Iglesia de San Ignacio. Fecha: domingo, 4 octubre 2026.

El XV Festival de Música Sacra de Bogotá llega a su fin con sonidos mozartianos y la Sinfónica de Galicia
Una exultante y luminosa Misa de la Coronación de Mozart ha sido broche final aglutinador de las excelencias musicales del XV Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá, cita que durante las últimas cinco semanas ha convertido a la capital colombiana en lugar de arte, reflexión y encuentro.
Fue un concierto sobresaliente y sin peros. En el que todo, desde el formidable Coro Nacional de Colombia, al competente cuarteto vocal solista o la una vez más estupenda Sinfónica de Galicia, se asentaron en la excelencia mozartiana. Catalizador de tan apropiados mimbres, y solista él mismo en el Quinto concierto de violín de Mozart, el maestro vallisoletano Roberto González Monjas, titular de la sinfónica coruñesa, un músico de primera y artífice último de un Mozart que hoy es referencia. En Bogotá, Salzburgo y Kuala Lumpur.
No hay espacio para la discrepancia en el Mozart de González Monjas. Tampoco para el estéril debate de su autenticidad estilística. Es así, claro y diáfano. En el violín y en el podio. Vivo, cegador, rotundo, trasparente y de una fuerza interna cuya verdad llega al alma. Tan claro y conciso como la respuesta de Mozart al supuesto comentario del Emperador José tras el estreno de El rapto en el serrallo. “Sobran notas”, comentó el emperador. “Precisamente tantas como son necesarias, Majestad”, respondió el compositor con clarividencia.
El Mozart de González Monjas ni pone ni quita rey. Es así, tal cual. Sin dobleces ni vericuetos. Claro, preciso y certero. Movido por el impulso y sentir del genio: el de Mozart, sí, pero también el de su servidor González Monjas. Y esa energía, que se siente en cada poro, gesto y mirada del maestro y también violinista, se mimetiza y hace sonido en los intérpretes que tiene ante sí. Y los que el sábado tenía RGM en el marco ideal de la abarrotada Iglesia de San Ignacio, se percibieron crecidos ante el caudal mozartiano que irradiaban su arco y su batuta.
Crecido crecidísimo -no solo en número- se mostró el Coro Nacional de Colombia, una formación de finos quilates que, preparada por su directora, Diana Carolina Cifuentes, aportó realce, brilló, empaste y color a una misa como esta, de tantísimo relieve coral. Aportó solemnidad al Kyrie inicial, energía y contrastes al Gloria, solemnidad y brillantez al Sanctus, carácter al Benedictus y realce al canto de la soprano en el Agnus Deu. Comprobar y disfrutar de la calidad de este Coro Nacional de Colombia ha sido una de las más gratas sorpresas de este festival cargado de acontecimientos y excelencias.

Imagen del concierto en la Iglesia de San Ignacio de la capital colombiana
El estupendo cuarteto solista, todo él integrado por cantantes colombianos, brilló como conjunto y en individualidades. Espléndido, arrojado y claro el canto de la soprano Carolina Arandia, ella misma miembro del propio coro, pero con fuste, maneras y empaque ciertamente de solista, categoría que dejo bien asentada en su gran intervención en el Benedictus, con su melodía tan próxima al prodigio del “Dove sono” que canta la Condesa en Las bodas de Figaro. No le anduvieron a la zaga el resto de tan hilvanado cuarteto, desde la mezzo Carol Leyton a la voz ligera y bien proyectada del tenor Danilo Jiménez y al empaque vocal del barítono Juan Felipe Herrera, particularmente relevante en el Credo.
La Sinfónica de Galicia se ha curtido desde su orígenes -ya no tan cercanos- en el universo mozartiano. Recuérdense sus grabaciones con Víctor Pablo, o su presencia en el Festival Mozart de A Coruña, donde rodó los mayores títulos operísticos y sinfónicos del salzburgués con maestros como López Cobos, Alessadrini o el propio Víctor Pablo. Ese poso ha recaído ahora en las manos mozartianos de RGM, su titular, pero también -y no casualmente- de la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo.
Así que con estos mimbres y este maestro, pues pueden imaginar la sobresaliente naturaleza de este Mozart que ha encontrado en Bogotá y su Festival Sacro -dedicado este año a España- el mejor escaparate y albergue. A ello se sumó un público cómplice e impulsor, que con su silencio contagioso, convirtió en inolvidable este concierto de clausura que tanto refleja y simboliza el motivo recurrente de este encuentro de arte y cultura que es el Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá: “La Concordia”. Enhorabuena a todos, y especialmente, a su fundadora, directora y alma mater, Marianna Piotrowska.





















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