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Por Publicado el: 19/10/2026Categorías: Discos, DVD's y libros

Comentario de CD: Petrushka y Burleske, Stravinsky y Strauss, con la Wiener Philharmoniker y Christoph von Dohnányi

Stravinsky: Petrushka; R. Strauss: Burleske

Rudolf Buchbinder (piano), Wiener Philharmoniker, Christoph von Dohnányi. DECCA

Comentario de CD: Petrushka y Burleske, Stravinsky y Strauss, con la Wiener Philharmoniker y Christoph von Dohnányi

Imagen de la portada del CD

Recuerdo pasear hace años por la Augustinerstrasse en Viena, cuando uno aún podía detenerse en una tienda de discos sin que el dependiente te mirara como a una pieza de museo arqueológico, buscando precisamente aquellas grabaciones donde la orquesta sonaba a terciopelo sin perder la mordedura del ritmo.

Decca rescata ahora en formato digital un acoplamiento que tiene su particular miga histórica. Se trata de dos tomas registradas en Viena a finales de 1977, un momento en el que Christoph von Dohnányi andaba desbrozando el repertorio del siglo veinte con esa precisión analítica y esa elegancia germánica que siempre le caracterizaron, lejos de aspavientos y de efectismos de cara a la galería.

Por un lado tenemos el Petrushka de Igor Stravinsky, registrado en la versión revisada de 1947 en la legendaria Sofiensaal vienesa. Dohnányi no busca aquí el color folclórico grueso ni la teatralidad desgarrada, sino una radiografía milimétrica de las texturas orquestales, donde la Filarmónica de Viena responde con una transparencia y un virtuosismo camerístico admirables, haciendo que cada madera y cada golpe de timbal caigan en su justo sitio métrico.

El plato fuerte para los amantes del teclado llega con la Burleske en re menor de Richard Strauss, grabada unos días antes en la acústica inconfundible de la Sala Dorada del Musikverein. Aquí el solista es un Rudolf Buchbinder en plenitud, artista vienés de pura cepa, que aborda esta obra juvenil —tan endiablada técnicamente como esquiva en las salas de concierto— con un aplomo apabullante y una articulación nítida, jugando con el diálogo cómplice de los cuatro timbales iniciales y desgranando el lirismo straussiano con soltura aristocrática y un punto de saludable ironía.

Son cincuenta y cinco minutos de música que demuestran cómo se hacía música antes de que las mesas de mezclas modernas uniformaran los planos sonoros. Un registro sumamente disfrutable para quienes apreciamos el rigor conceptual sin renunciar al calor del sonido centroeuropeo.

Gonzalo Alonso

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