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Por Publicado el: 19/02/2026Categorías: En vivo

Crítica: Alondra de la Parra y la ORCAM frente a lo imposible

POSIBILIDAD DE LO IMPOSIBLE

Obras de Khachaturian y Márquez. Nemanja Radulovic, violín. Alondra de la Parra, directora. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Auditorio Nacional, 17 de febrero de 2026.

POSIBILIDAD DE LO IMPOSIBLEObras de Khachaturian y Márquez. Nemanja Radulovic, violín. Alondra de la Parra, directora. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Auditorio Nacional, 17 de febrero de 2026.

Alondra de la Parra dirige obras de Khachaturian y Márquez con la ORCAM

Lo más atrayente de esta sesión sinfónica era escuchar la Sinfonía Imposible del mexicano Arturo Márquez (Sonora, 1950), que fue un encargo de su compatriota Alondra de la Parra con destino al Festival Paax GNP (Riviera maya) de 2022.

Durante la pandemia la directora creó una Orquesta llamada Imposible, en la que participaron a distancia importantes solistas de otros países.  De ahí tomó el título Márquez, que dividió la composición en ocho alusivos movimientos referidos a distintas circunstancias vitales como el cambio climático, resiliencia, equidad de género, empatía, utopía… Una postura que alude a la idea -bastante ilusoria- de “arreglar nuestro planeta”, dijo en su día de la Parra.

Los movimientos primero y octavo, subtitulados Cambio climático, están escritos para orquesta completa y funcionan como marco de apertura y cierre. El primero presenta el motivo principal, una célula de cuatro notas que, en su variante de cinco, adquiere un papel destacado en el segundo (Resiliencia). “La obra” -explica en sus notas al programa (que hay que leer en el móvil, algo bastante incómodo) el musicólogo Fernández de Larrinoa- “avanza a través de situaciones en las que el gesto musical tiene un papel más elocuente que cualquier programa verbal”.

Con estas bases se plantea una partitura amena, contrastada, bien orquestada, cambiante, de raíz tonal, en la que se vislumbran, aquí y allí, ecos populares y en la que participan parejas de solistas: clarinete y trompeta, dos primeros violines, contrabajo y flauta…, lo que otorga variedad y singularidad.

Aspectos resaltados en su alocución por la directora, siempre natural y espabilada, que obtuvo una excelente respuesta del conjunto y que no siempre consiguió atemperar sonoridades y equilibrar planos, pero que supo dar vida a los vigorosos pentagramas y arrancar de esta manera las ovaciones del público, redobladas tras la propina: el conocido Danzón, de rítmica tan contagiosa, del propio Márquez.

Previamente habíamos disfrutado con las vehementes maneras del melenudo violinista serbio Nemanja Radulovic, que tocó con afán, entusiasmo y general pulcritud, el Concierto de Khachaturian, mostrando afinación, sentido rítmico, expresividad y calor. Sin poseer un sonido específicamente seductor, de un perfume significativo, fraseó, dijo y equilibró, melena al viento, cada uno de los pasajes de la obra con ejemplar digitación y nítidos ataques. Sin un solo desfallecimiento.

La Orquesta apoyó y colaboró bien, con algunas intervenciones instrumentales de primera, por ejemplo la de los chelos en el segundo movimiento. Al final, ante los vítores, un bis: un virtuoso arreglo la Campanella de Paganini.

Arturo Reverter

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