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Por Publicado el: 31/03/2016Categorías: Entrevistas

Anna Caterina Antonacci: «Una voz es una voz»

 

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España abre sus puertas a la cantante ferrarense, que acaba de actuar en Madrid

 

  • El canto no es sino una parte de mi expresión
  • Siempre he procurado ser muy selectiva, considerando los límites de mi voz
  • Jamás habría querido exponerme a papeles demasiado grandes para mi
  • Soy una privilegiada

 

Hace tres semanas, Anna Caterina Antonacci regresaba a Madrid para ofrecer en el Auditorio Nacional, dentro del Ciclo Liceo de Cámara del CNDM, un programa integrado por dos obras de Francis Poulenc sobre sendos monólogos de Jean Cocteau. Como aperitivo, la infrecuente pieza corta La dame de Montecarlo; como plato fuerte, La voix humaine, que la cantante italiana afincada en Ginebra pasea desde hace tres años. En versión escénica con orquesta o, como esa tarde, con la complicidad desde el piano de su acompañante de cabecera Donald Sulzen. Es mediodía, y tras el pertinente descanso para volver a enfrentar en plenitud de facultades esa “femme” que tantas actrices han deseado interpretar al menos una vez en su vida, nos encontramos en el hall de su hotel madrileño. Un lugar cuya frialdad potencia el calor que Antonacci irradia. Reforzado hoy por una carga extra de alegría. Achacable al azar, que le ha hecho coincidir en la misma ciudad donde actúa, con su hijo adolescente, de viaje de estudios por España. Sin maquillaje; dispuesta a soportar la tortura de las preguntas sin más armas que su encanto natural, su expresión transmite la fuerza de la tierra que la vio nacer. Ese mismo pensamiento seguro animó a Marco Tutino a escribir para ella el personaje central de su ópera inspirada en la novela de Alberto Moravia La Ciociara. La misma historia que, en su versión cinematográfica con el nombre de Dos Mujeres, le valió un Óscar en 1962 a su protagonista Sofía Loren y con la que Antonacci enamoró el pasado año al público de la Ópera de San Francisco.

P. ¿Desde cuándo pasea con La voix humaine?.

R. Desde 2013, cuando la canté por primera vez en L`Ópéra Comique de París con una bellísima producción de Ludovic Lagarde. Desde entonces la he seguido interpretando en distintos lugares.

P. En Madrid, para el CNDM, ha optado por la opción con piano. ¿Dónde se fuerza más la voz y dónde se potencia más la actriz?

R. La interpretación a fin de cuentas es la misma. Lo diferente es la atmósfera que se crea, que en el caso del piano es mucho más íntima. Y por tanto, más pequeño en cuanto a sonoridad. Una situación distinta y, si queremos verlo así, más sencilla de resolver con un piano solamente, porque la voz no necesita tanta tensión como con orquesta. Pero también es verdad que con orquesta encuentro espacios distintos para mí. Por tanto, podemos considerar ambas opciones difíciles de comparar. Aun así, cuando la hago en versión concertística pienso siempre en un espacio con una cama… con la idea de un montaje teatral, intentando transmitir cómo y donde se ubica la acción.

© David_Wagnières

© David Wagnières

P. Moviéndose en los registros de soprano y mezzo ¿Se encuentra cómoda en este papel tan teatral y con tanta carga dramática?

R. En el momento de interpretarla es lo que menos me preocupa. A fin de cuentas, una voz es una voz. Me siento muy cómoda, ya que Poulenc escribió La voix humaine para Denise Duval, una soprano excelente. Una de esa voces más bien ligeras que tanto se dan en Francia. En enero de este año la tuve muy presente en mi corazón, porque su muerte coincidió con los días en los que yo estaba interpretando la ópera en Lieja.

P. ¿En teatro siempre ha recurrido a la producción de Lagarde?

R. No. He hecho dos montajes distintos. El más habitual, el de Ludovic Lagarde, que después de París hicimos en Luxemburgo y más recientemente, como decía, en enero en Lieja. En Estados Unidos fue otra producción muy diferente en la Ópera de San Antonio, en Texas. Con dos responsables de escena de menos de treinta años, James Petosa y James Noone, que recrearon algo totalmente distinto, con sabor próximo a los comienzos del siglo 20, mientras que Lagarde la ubica en un momento más actual. Salvo estas propuestas teatrales, el resto de las veces La voix humaine la he presentado en forma de concierto.

P. La presentación en ese formato ¿tiene que ver con los recitales a los que está tan familiarizada?

R. Si, pero desde el momento en que arrancas, se convierte en otra cosa totalmente distinta, porque no se trata de un recital, sino en todo caso de una ópera, aunque no te encuentres nada en escena. O simplemente una mesa, una silla… Lo cierto es que inmediatamente se manifiesta el poder de la ópera.

P. En representación ha optado por contrastar el drama de La voix… con la comicidad de El secreto de Susana

R. En efecto, las dos veces han estado reunidas, pero ha sido por puro azar. No por imposición mía ni por acuerdo entre los respectivos teatros

P. ¿No era premeditado para contrastar el yin y el yang?

R. Puede ser que en ambos casos hayan acabado por pensarlo así, pero lo cierto es que buscando una ópera de pequeño formato con una duración aproximada de media hora o 40 minutos, han acabado eligiendo esta combinación. Pero evidentemente no ha sido en ningún caso por imposición mía, sino por idea del intendente del teatro y el director escénico.

P. En esos casos ¿Es usted más la mujer o Susana?

R. Lo que se propone en un caso y en otro son situaciones diferentes, pero para nada me identifico con las protagonistas. Me limito a entrar en situación de un modo más ligero en la primera parte y más dramática en la segunda.

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P. Natalie Dessay ha declarado que para ella, que es ante todo actriz, el canto no es un fin sino un medio. ¿Usted querría hacer en alguna ocasión teatro de prosa?

R. Naturalmente que si. Adoro el teatro y por esa razón estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Natalie. Para mí también el canto no es sino una parte de mi expresión. O lo que es lo mismo, una herramienta para llegar a la interpretación.

P. En lo que a usted respecta, con el canto como fin

R. No. Coincido con ella en lo de ver el canto sólo como un medio, porque me gustaría mucho llegar en algún momento a hacer tetro puro y duro, admitiendo que es otra historia y que requiere otra técnica. Pero bueno. En cualquier caso me gustaría mucho.

P. Para empezar, parte de su amor por las heroínas trágicas

R. Y también por las cómicas. Me gusta mucho también esa otra vertiente

P. Coincide en ese aspecto con Felicity Lott, a quien vimos en Madrid con La voix humaine, que asumen con el espíritu más hilarante las protagonistas cómicas de Offenbach. ¿También a usted le atrae la opereta?

R. Muchísimo, claro que si. Me apetecería en este momento de mi vida hacer algo de corte más ligero, cómico… Como La grande duchesse de Gerolstein o Perichole… Naturalmente. Claro que me interesan. Mucho.

P. ¿Tiene idea de incorporarlas pronto a su actividad?

R. No. Estoy expresando nada más un deseo, una idea, un sueño…pero por el momento no me han ofrecido ningún proyecto.

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P. Perichole… Carmen… En España tenemos una intérprete referencial…

R. Berganza, naturalmente. Yo he crecido escuchándola. Para mí Teresa Berganza, que es una gran intérprete, ha sido el modelo ideal desde que en mi adolescencia escuchaba sus grabaciones de Mozart y Rossini, Luego, cuando la escuché en persona en un recital en La Scala, quedé absolutamente maravillada. Hasta el punto de que esa noche no podía conciliar el sueño, pensando en las arias de Carmen que había cantado en las propinas, con esa clase, ese valor… ¡magnífica!.

P. ¿Cómo se lleva con la música española?

R. Del repertorio español sólo he interpretado, dentro de mis recitales. algunas pequeñas piezas, Incluídas las Siete Canciones Populares de Falla, un música que me gusta mucho, que sigo cantando. La última vez hace algo sí como un año.

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P. ¿Cuántos papeles ha ido acumulando?

R. No lo se. . Muchos. Pero en cartera ahora me he quedado con unos cuantos. Más bien pocos: la Casandra de Les Troyens, Werther, la Margarita en la Damnation de Faust, Carmen, algún personaje de Gluck, como la Ifigenia en Tauride que vuelvo a cantar el año que viene en Hamburgo, y poco más.

P. La parte del león se queda para Carmen y Casandra

R. Eso es, Carmen y Casandra, que es un personaje que adoro, porque tiene para mi algo que me pone la piel de gallina.

P. De las heroinas españolas, aparte de Carmen ha sido Dulcinée, Ximène…

R. No Ximène no la hice finalmente. Desdichadamente tuve que cancelarla, porque era muy tarde para mí para afrontar un papel tan duro. Por el contrario, Dulcinée la ha cantado en diversas ocasiones, porque siempre me ha gustado Don Quichotte. Esa ópera de Massenet me parece magnífica.

P. ¿Cómo llegó a Dos Mujeres?

R. Esa es otra ópera magnífica La escribió para mi Marco Tutino que anteriormente, para otra ópera suya, Vita, que se estrenó en La Scala en 2003, creó para mi el papel protagonista, también estupendo. Le estoy muy agradecida, porque desde mi punto de vista es un gran compositor. Con una enorme sensibilidad teatral, que cala muy bien en el espíritu del público. La respuesta a Dos mujeres en San Francisco fue apoteósica, con el público puesto en pie en cada representación. Algunos llorando, porque la obra emocionó pofundamente a la audiencia.

P. En su agenda a corto plazo no aparece la reposición. ¿Piensa volver a cantarla, después de tan buenos recuerdos?

R. Claro que si. Lo que ocurre es que desgraciadamente se organizó mal la trayectoria a seguir por el montaje que se hizo en coproducción con la Ópera de Turín. Allí está programada en 2018. Así que habrá que esperar tres años, y ese tiempo resulta excesivo, tanto por razones de programación como por los compromisos que van atando al director, Nicola Luisotti, que aun no puede saber si en ese momento estará en el foso. Pero en cualquier caso, la vamos a hacer.

P. Estrenar la ópera en San Francisco ¿es un modo de encelar al Met, donde se ha negado repetidamente a actuar?

R. De alguna manera si. Después de no haber cantado en el Metropolitan, San Francisco parece que me ha adoptado, si pensamos que en un par de meses hice allí dos papeles. Primero la Casandra de Troyanos y a continuación Cesina, la protagonista de Ciociara. Soy una privilegiada.

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P. ¿Qué pepel le gustaría hacer y no ha hecho?

R. Aparte de alguno de corte cómico, como decía, estoy muy contenta con Susana en la Sancta Susana de Hindemith que llegará a la Ópera Bastille de París a finales de este año. Justo antes de volver a España para interpretar en Barcelona la Charlotte de Werther, uno de mis roles favoritos. Estoy muy contenta de cantarlo en mi début operístico en el Liceu.

P. ¿Y ahí se quedan sus proyectos con España?

R. No. Tengo dos compromisos más para debutar en la siguiente temporada: en el Palau de Valencia y en el Teatro Real de Madrid, donde acometeré una ópera que me hace mucha ilusión: la Gloriana de Britten, otro papel que nunca he cantado.

P. Sin embargo, el personaje de Elisabeth le resulta familiar desde otros ángulos

R. Eso es. Me he acercado a él a través de las óperas de Rossini y de Donizetti, pero este otro de Britten me da la impresión de que va a ser muy interesante.

P. Las anteriores ¿le ayudarán?

R. Por supuesto que si, y también lo que he descubierto de esa reina a través de las películas, Como soy muy cinéfila he ido conociendo todas las grandes Elisabeth que han pasado por la gran pantalla, incluyendo algunas como las de Glenda Jackson o Cate Blanchet … ¡Soy ya muy vieja! (risas), Por eso me acuerdo tan bien de Glenda Jackson, una actriz que me gusta mucho.

P. En recital, a veces interpreta a Wagner con los Wessendonck lieder, y a Brunehilde a través de una ópera

R. Eso es, en Sigurd, de Ernest Reyer que canté en Ginebra ¡qué obra tan increíble!. Es una de esas óperas que no comprendes como se han perdido en el repertorio, porque es sublime y muy fácil de escuchar para el público. Me sorprendo cuando veo que joyas como esta se han quedado en el olvido. Porque suena de verdad muy bien.

P. Después de la Brunehilde Sigurd ¿Le dieron ganas de cantar la de Wagner?

R. No, porque mi voz no es para cantar Wagner. Con todo y eso, me atrevería con una Brunhilde a mi estilo (muchas risas).

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P. Su amigo el maestro Renzetti nos comentaba “hoy todos cantan todo”. ¿Ha sido cuidadosa eligiendo sus papeles?

R. Siempre he procurado ser muy selectiva, considerando los límites de mi voz. Toda la vida he seguido esa regla. Jamás habría querido exponerme a papeles demasiado grandes para mi. Ni más ni menos que eso.

P. Para adoptar un papel, ¿recurre a su instinto o se fía de algún incondicional como Gardiner o Muti si se lo propone?

R. Está claro que en la mayor parte de ocaiones llego a los papeles porque me los proponen. Es el caso de la Gloriana, que me propusieron desde el Teatro a través del director de escena David McVicar, a quien quiero mucho. Fue el quien contó directamente conmigo para este título, que yo no conocía. Ese es el tipo de sugerencias que recibo. Por mi parte, lo fundamental es el interés que pueda provocarme el personaje. Ver que me interesa es mi principal guía.

P. En esos casos ¿se fía más del director de escena o del musical?

R. De los dos. Depende. Aparecía antes el nombre de John Eliot Gardiner, que es alguien con quien he trabajado mucho, y en quien tengo plena confianza. El fue quien me propuso por primera vez el personaje de Casandra, y le estaré eternamente agradecida por haber abierto un apartado de mi carrera que ni siquiera podía imaginarme. Pero también tengo muchos amigos artistas en los que confío plenamente. Cuento además con la amistad de un intelectual francés como el escritor André Tubeuf, que además de tener profundos conocimientos musicales, me ayuda con mi francés y me brinda sugerencias para mis programas, Fuentes distintas, ya se ve.

P. ¿Ha tenido problemas con directores escénicos?

R. Muy rara vez, pero se ha dado el caso. La razón ha sido por lo general que la propuesta se alejaba sobre todo del texto. Me rebelo cuando el director escénico pretende darle un sentido que no está en el libreto, porque soy muy respetuosa con la historia que se cuenta, y en general por la palabra.

P. Medea, Casandra, Ifigenia, Penélope…

R. Penélope, es verdad, otro personaje precioso que había olvidado incluir en la relación de los que aun conservo en mi repertorio. Felizmente. Porque lo adoro

P. ¿También la de Monteverdi?

R. Ese papel no lo he cantado nunca, porque está escrito para contralto. Es una tesitura demasiado baja para mi, mientras que la Penélope de Fauré me supuso un magnífico descubrimiento. Porque encuentro glorioso ese personaje, que volveré a cantar pronto en La Monnaie de Bruselas.

P. En este momento ¿equilibra recitales y óperas en su actividad?

R. Eso intento, programando no más de tres óperas por año. El resto del tiempo lo destino a actuaciones en forma de concierto.

P. Con escasa presencia en Italia

R. Muy poca, en efecto, y lo haría encantada. Curiosamente, en junio cantaré una Carmen en Turín, pero es algo casi excepcional. Y es una pena, porque moviéndome por toda Europa, apenas canto en mi país natal,.

P. ¿Está al día de cómo van las cosas por allí?

R. Bueno… ya se sabe que los recursos han disminuído mucho, que hay menos dinero para las artes… Vamos, que se vive un momento difícil.

Juan Antonio Llorente

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