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Por Publicado el: 23/04/2020Categorías: Colaboraciones, Noticias

¿Cómo será la vuelta a la normalidad en la música?

¿Cómo será la vuelta a la normalidad en la música?

Francesco Giambrone, presidente de la Asociación de Fundaciones Líricas de Italia y Pedro González Mira comentan las opciones del final del confinamiento para la música y, en particular, para la ópera

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Francesco Giambrone

En una entrevista para el diario italiano Corriere, Francesco Giambrone, presidente de la Asociación de Fundaciones Líricas de Italia – que incluye a 12 teatros entre los que no se encuentran ni La Scala ni el Santa Cecilia -, responde a la pregunta más habitual entre los profesionales de la cultura: ¿Cómo será la vuelta a la normalidad?

El conjunto de responsables de las instituciones líricas italianas se reunirán para rebatir las opciones de la segunda fase de la cuarentena, la reapertura. En palabras de Giambrone, esta fase comenzará seguramente en otoño, ya que “es altamente probable que este año no haya espectáculos en espacios públicos”.

La vuelta a la normalidad cambiará este concepto forzosamente: la democratización del streaming “no sustituirá jamás al espectáculo en vivo”, reafirma el director, pero sí ve en la tecnología nuevas posibilidades visuales y de difusión para la ópera que deberán acentuarse; los presupuestos deberán ajustarse a una nueva realidad que anclada en una filosofía de recuperación de la confianza: “el coste de las entradas se adaptará a la crisis. Se bajarán precisamente por esa confianza que hay que recuperar”; y la seguridad de los empleados de los teatros será tan protegido como el trabajo que desempeñen: “en los teatros, es el capital humano el que hace el espectáculo”.

“Una vez llegue la vacuna, el teatro nunca volverá a ser el mismo”, prevé el director. “Hace unos días pensábamos en cómo sería la situación una vez acabe esta pesadilla, si todo volvería a ser como antes… pero no tenemos la receta. Será como cruzar el desierto: un desafío que debemos afrontar sin deprimirnos”.

Lea la entrevista completa aquí.

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Pedro González Mira

Opinar

¿Que cómo va a acabar esto? Seguramente jamás tantas personas se habrán hecho una misma pregunta en tampoco tiempo. Y en todo lugar, y en todos los idiomas. Preguntarse sobre ello para, además,  opinar puede constituir un hermoso ejercicio de descarga de adrenalina para quien lo haga, tan adecuado para suavizar  la tensión del confinamiento, pero también un arma arrojadiza, dada la absoluta y total falta de información que adorna al asunto, y por más que los opinadores profesionales de nuestra prensa más conspicua se empeñen a diario en demostrar sus vastos conocimientos al respecto. Y, así, aprovechando que el Pisuerga pasa por donde pasa, arremeter contra las autoridades a las que les ha tocado bailar con este repugnante bicho. Sin duda otras, aquéllas que son de mejor gusto para el carroñero de turno, no solo lo habrían hecho muchísimo mejor, sino que, cual mesías reencarnados, habrían conseguido que hubiera habido menos muertos. ¿Opinar? Sí, claro, pero no para esto.

Esta página, ya lo sé, no está para escribir cosas como la que acabo de escribir. Pero me van a tener que perdonar porque no pienso borrarlas, tal es el cabreo que arrastra mi depauperada piel, tan necesitada ella de un baño de sol sin el que el resto  de  mi cuerpo funciona francamente mal. Ya lo sé, es de música de lo que se me pide opinión. De qué va a pasar con la música. Con los conciertos,  por aquello de que escuchar música en una sala con butacas unas al lado de las otras va a ser imposible en mucho tiempo. Pues a mí me parece que lo que va a suceder es que los promotores lo van a pasar muy mal. Porque van a tener que dejar de vender sus productos exactamente el tiempo que transcurra entre este hoy maldito que vivimos y el momento exacto en el que el mundo entero esté vacunado. Casi nada. No solo tendrán que esperar el año largo que con toda probabilidad va a transcurrir hasta que haya una vacuna decente, sino, después, todo el necesario hasta que podamos  empezar a pincharnos. ¿Por qué tanto tiempo? Fácil: es una falacia eso que se dice que tras esta pandemia el mundo va a cambiar, etc., etc. Con lo que, como vamos a seguir siendo tan imbéciles como siempre, y a pesar del toque a rebato de gente tan poco sospechosa de no creer en el sistema capitalista, Gates dixit, nos vamos a sacar la piel los unos a los otros para ver, en función de quién haya ganado la carrera, quiénes tienen más derecho a acceder a la vacuna, cuando la cosa sería que, una vez inventado el remedio se acabara la enfermedad para todos. Así que, presumo que un mundo sin conciertos va para muy largo.

Siguientes cuestiones. ¿Podrán resistir las empresas promotoras privadas? ¿Qué harán las instituciones musicales públicas? ¿Y los consumidores de música? Se habla de limitar aforos. Vale. Pero eso querrá decir que los artistas tendrán que cobrar menos. ¿Lo harán? En la actividad pública se podrían encontrar soluciones vía super-subvención. Pero, ¿Y qué Estado podrá permitírselo, después de haberse endeudado hasta las trancas, hasta para poder cubrir los servicios más pequeños?  A quién le va a interesar pensar en el consumo de la música si una parte importantísima de la población no va a tener para vivir…  ¿Alguien puede imaginar un patio de butacas con el mismo número de personas en una plataforma de conciertos, un  foso, o, peor, en un foso y un escenario, como es el caso de la ópera? Y eso, en las instituciones públicas. Las privadas lo van a pasar mucho peor. Y si, en un mercado tan complejo como es el de la música clásica, en el que hay que trabajar muy a largo plazo, y con garantías, no son capaces de resistir, eso, al menos un par de años,  simplemente tendrán que suspender sus actividades. O sea, desaparecer. Se verá, desde luego, que las hay tan queridas por los propios músicos que recibirán ayudas indirectas de ellos para resistir. Ayudas: quiero decir, trabajar gratis o parecido. Pero, ¿durante cuánto tiempo podrán resistir. Tiempo. Tiempo es la palabra mágica. Cuánto tiempo va a necesitar el mundo para volver a su cómodo estado anterior. Y bueno. Los consumidores. Éstos son los que mejor lo tienen. Tienen las plataformas discográficas. Y tienen sus discos en casa. Pero, otra vez la misma tétrica pregunta: ¿Y este mercado sí podrá aguantar? ¿Cómo va a reaccionar el comprador? Nada; no sabemos nada. Eso sí, podemos seguir rellenando papel, y echando las culpa de todo a diestro y siniestro, mientras vemos hundirse en la miseria nuestra vida cultural.

Ya soy mayorcito. Y ya he vivido algún que otro problema de subsistencia. Hasta hace un mes vivía, vivíamos, instalado (s) en un confortable estado. Creo que mi vida, la de todos nosotros, va a tener muchísima menos calidad en al menos dos años. Mi problema es que no puedo permitirme el lujo de malgastar ese tiempo. Porque, como ya no le puede suceder a tanta gente, asesinada por el virus, seguir cumpliendo años ha dejado de  ser un lujo propio de una sociedad de bienestar para convertirse en una necesidad tan apremiante  como terriblemente amenazada. Pedro González Mira

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