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Crítica: 7 Deaths of Maria Callas en el Liceu

Homenaje a la Divina

7 Deaths of Maria Callas, M. Nikojidevic. Gran Teatre del Liceu de Barcelona. 9 de noviembre 2023

Marina-Abramovic-en-7-deaths-of-Maria-Callas.-Liceu

Marina Abramovic en 7 deaths of Maria Callas. Liceu

El Liceu ha decidido ofrecer unas pocas representaciones de esta obra, que se puede discutir si se trata propiamente de una ópera, o más bien lo que ha venido considerándose como Performance, género en el que la autora, la serbia Marina Abramovic es una de las principales en los últimos años. Para los menos iniciados, diré que el área de la performance implica la puesta en escena de elementos escénicos que pueden incluir recursos como la improvisación y la interacción.

La obra contiene alguna música original, que se debe a uno de los colaboradores de Mariana Abramovic, el músico Marko Nikojidevic, acompañada de escenas bien conocidas de óperas de Verdi, Puccini, Bizet, Donizetti y Bellini. La música de Nikojidevic ocupa 38 minutos en total, siendo el resto (56 minutos) de los compositores señalados

La artista serbia ha tenido algunas incursiones en el mundo de la dirección escénica de la ópera, como es el caso de Pelléas et Mélisande, siendo una auténtica admiradora de Maria Callas, con la que ella misma declara sentirse identificada en más de un momento de su vida.

Bueno será también recordar que Maria Callas cantó en muy pocas ocasiones en España y siempre en concierto, siendo uno de ellos el que ofreció precisamente en el Liceu de Barcelona. Fue en 1959 y entonces todavía era conocida como María Meneghini Callas.

Estas funciones representan el estreno de la obra en España, cuando apenas han pasado dos años y medio de su estreno absoluto, que tuvo lugar en Múnich en septiembre de 2020. La producción es una colaboración de los teatros de ópera de Múnich, Atenas, París, Nápoles y la Deutsche Oper de Berlín.

La concepción de la ópera y la dirección de escena, así como la escenografía se deben a Marina Abramovic y funcionan bien, siguiéndose la trama con interés. Al levantarse el telón, se nos ofrece un escenario en penumbra, en el que se adivina una cama al fondo, donde suponemos la presencia de la Divina. Pasado lo que podemos llamar preludio de la ópera se nos ofrecen una serie de escenas de ópera, donde abundan las proyecciones y, finalmente, nos encontramos en una gran habitación un tanto lujosa, donde murió Maria Callas. La propia Marina Abramovic interpreta en escena el personaje de la Callas y lo hace con gran intensidad, siendo de destacar la presencia del coro en los palcos laterales del escenario durante la agonía de la protagonista.

La dirección musical ha corrido a cargo del mallorquín Antonio Méndez, hasta muy recientemente director de la Orquesta de Tenerife y a quien no había tenido ocasión de ver dirigir hasta ahora. La impresión ha sido positiva, llevando bien la obra y dando mucho sentido a la música original de la obra. Correcta la prestación de la Orquesta Sinfónica del Liceu y buena la del Coro del Liceu en toda la parte final de la obra.

Marina Abramovic fue Maria Callas, como digo más arriba, y no es éste personaje que tiene que cantar. Las encargadas de hacerlo fueron 7 conocidas cantantes, ocupándose cada una de ellas de una de las arias que se han incorporado a esta obra. Fueron interpretadas por Gilda Fiume (Violeta), Vanessa Goikoetxea (Floria Tosca), Benedetta Torre (Desdémona), Antonia Ahyoung Kim (Cio Cio San), Rinat Shaham (Carmen), Leonor Bonilla (Lucia di Lammermoor) y Marta Matheu (Norma). Toda ellas cantaron bien y sin mayor brillo, llamando la atención que el público no las aplaudiera al terminar sus arias, salvo el caso de Leonor Bonilla, que arrancó aplausos tras la suya.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 1 hora y 34 minutos, sin intermedios. Seis minutos de calurosos aplausos, en los que los más intensos fueron para Marina Abramovic.

El Liceu había agotado prácticamente sus localidades. El precio de la localidad más cara era de 263 euros, costando la butaca de platea entre 218 y 157 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 42 euros. José M. Irurzun

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