Crítica: ‘La Colpa, el Pentimento e la Grazia’ con Alberto Miguélez Rouco y Los Elementos, nos gusta Scarlatti
La Colpa, el Pentimento e la Grazia con Alberto Miguélez Rouco y Los Elementos: nos gusta Scarlatti
Un oratorio italiano en acelerado proceso de recuperación en el Auditorio Nacional
Alessandro Scarlatti: La Colpa, il Pentimento e la Grazia. Oratorio para la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Los Elementos. Dir: Alberto Miguélez Rouco. Natalie Pérez, mezzosoprano. Sara Mingardo, contralto. Natalia Labourdette, soprano. Universo barroco del CNDM. Sala Sinfónica del Auditorio Nacional. Madrid, 29-03-2026. Tres cuartos de aforo.

Alberto Miguélez Rouco y Los Elementos
Alessandro Scarlatti (1660-1725), autor de una obra ingente, gran modelador del estilo operístico napolitano, es un compositor en proceso ascendente en el canon HIP de la música antigua. Y el CNDM continúa la conmemoración de los trescientos años de su muerte con la presentación de Colpa, pentimento e grazia, oratorio estrenado en Roma el Miércoles Santo de 1708 en el palacio de la Cancillería de Roma, donde el cardenal Pietro Ottoboni organizaba sesiones musicales con una orquesta a cuyo frente se encontraba nada menos que Arcangelo Corelli.
Paradigma del Oratorio italiano, Ottoboni elaboró un texto que incluye paráfrasis de textos de las Lamentaciones de Jeremías, no en latín, sino en italiano, presentando un diálogo alegórico entre tres figuras abstractas del ideario católico. Scarlatti lo tradujo en un estilo musical que contrasta el stile antico con el estilo concertante moderno, combinando recitativo secco con recitativos acompañados, a veces de un modo muy elaborado (sirva como ejemplo La figlia di Sion, o las armonías punzantes de Vidde Sion, Né sparger contro me o Ingrato core). Sus arias, en varias ocasiones da capo, incluyen joyas como Spinta dal duolo, de hermosa melodía; Mira, Signor, deh, mira o Figli miei, de vivacidad rítmica vivaldiana.
Miguélez Rouco, el joven pero prestigioso director gallego, recupera para esta versión una versión manuscrita conservada en Dresde, que intercala arias de Johann Adolf Hasse, antiguo alumno de Scarlatti. Con su conjunto Los Elementos interpretó ya esta obra en Basel (2024) y el pasado día 27 en el marco del FEMAS, en Sevilla. En Madrid presentó un orgánico instrumental con ocho atriles de cuerda (dos violas ocasionales), un cello, dos contrabajos, cuatro trompetas naturales (dos trompas ocasionales), sacabuche, timbales, archilaúd y clave.
Miguélez Rouco dirige con precisión y expresividad (rodillas flexionadas, impulso de hombros para los acentos, saltos constantes y amplios movimientos circulares), reforzando frases ocasionales desde un segundo clave. Supo equilibrar las fuerzas disponibles hasta conseguir un empaste muy equilibrado de timbres, intensidad y planos sonoros. Dos contrabajos (uno a cada lado de la agrupación) fueron utilizados conjuntamente cuando era necesario, callando uno de ellos cuando era necesario, para no tapar las intervenciones vocales. Muy bien matizados momentos como Mira, Signor, o Spinta dal duolo, con bellas intervenciones del concertino Claudio Rado.
En su versión, Miguélez Rouco optó por tres voces femeninas, prescindiendo de contratenor. Natalie Pérez (mezzosoprano; La Colpa), es una de sus colaboradoras habituales. Su voz corre bien, quizá algo escasa en el registro grave en el aria Ma se l’umano potere, pero con momentos brillantes, como en el aria Trombe, che d’ogni intorno, de espléndida línea vocal.

Sara MIngardo
La prestigiosa Sara Mingardo (contralto; Il Pentimento), antigua profesora de Miguélez Rouco, de voz bien calibrada y bello timbre, resultó sin embargo poco audible, algo escasa de volumen. Todo lo contrario de la madrileña Natalia Labourdette (soprano; La Grazia) cuya voz, de agudos ocasionalmente destemplados al inicio, enseguida dejó bien clara una técnica asentada, con agudos bien colocados y excelente fiato. En el dúo Piangeró, supo adecuar su volumen al de Mingardo. Espléndida su agilidad en el aria da capo Qual rugiada che il prato feconda, de peligrosos melismas.
Las tres solistas cerraron la primera parte del Oratorio con el Aria a tres Gerusalemme, ingrata figlia, que Natalia Labourdette remató espléndidamente. El trío se repitió en el Coro a tres final Oh, Croce, unica speme, con dos trompetas y dos trompas. Miguélez Rouco utilizó aquí la misma versión (tres voces solistas, tempo ágil) utilizada en la hermosa grabación de Eduardo López Banzo con la Orquesta Barroca de Sevilla (Harmonía Mundi, 2004), en contraste con otra excelente grabación de la obra, la de Michael Schneider (Capriccio, 2012), que en este número (piensa uno que de otra versión manuscrita), resulta mucho más lenta y solemne, con un coro completo y voces contrapuntìsticas muy elaboradas.
El metal, que siempre sonó equilibrado y afinado, tuvo su momento más brillante en el aria Trombe, che d’ogni intorno, una escena del Juicio Final con cuatro trompetas naturales (dos a cada lado en el primer anfiteatro del Auditorio), que sonaron perfectamente conjuntadas con los instrumentos del escenario. Todo de labio, sin el recurso a los agujeritos facilitadores que tanto irritaban al recordado Eduardo Torrico en Scherzo.
El público premió los esfuerzos del conjunto con calurosos aplausos que se prolongaron durante cuatro largos minutos. Sin duda, nos gusta Scarlatti.






















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