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Por Publicado el: 28/05/2019Categorías: En vivo

Crítica: «Capriccio», radiografía de una dama

Capriccio-trio

RADIOGRAFÍA DE UNA DAMA

Richard Strauss: “Capriccio”. Malin Byström, Josef Wagner, Norman Reinhardt, André Schuen, Christof Fischesser, Theresa Kronthaler, John Graham-Hall, Leonor Bonilla, Juan José de León, Torben Jürgens. Director de escena: Christof Loy. Director musical: Asher Fisch. Teatro Real, Madrid, 27 de mayo de 2019.

Accede por primera vez al escenario del Real este último y depurado fruto operístico de Strauss. El metafórico motivo argumental tiene mucha tela al equiparar conductas humanas con cuestiones estéticas de principio. Hay un permanente paralelismo entre la eterna discusión respecto a si en una ópera ha de preponderar la música o la palabra y los flirteos de la Condesa Madeleine con sus dos pretendientes, uno músico, otro poeta. Ella habrá de decidir. Al final todo queda en suspenso en un cierre aparentemente ambiguo. Aunque creemos que en el fondo Strauss acaba decantándose por la música. ¡Y qué música!

Cristof Loy se ha embebido y se ha emocionado con la historia de la condesa, que él sabe traducir y recrear en un simbólico juego de metáforas que clarifican no sólo la que nos lleva a establecer el paralelismo entre la asunción de las artes, sino la que mete el bisturí en los comportamientos humanos y nos pone ante los ojos los recuerdos, las introspecciones y las emociones de Madeleine. Sentimos con ella y nos iddentifcamos con los adioses y recuerdos de la dama, que se disponen, como las distintas imágenes, por capas superpuestas. Concurren al mismo tiempo y en la misma y desnuda estancia –dominada por un gran espejo opaco- las tres Madeleines: la niña, la mujer joven y la mujer madura. De tal forma, la idea central que persigue destacar Loy, que es la de que “crea una buena ópera –lo que se pretende a lo largo de la acción- es en realidad una metáfora de cómo crea su propia vida de forma que tenga sentido”. Y emplea, entre otras cosas, como “Leitmotiv”, a una bailarina joven que aparece en medio de la escena.

Tan sugerente planteamiento, en una ópera magistral organizada musicalmente sobre el sutilísimo y admirable libreto de Stefan Zweig,  tuvo su correspondencia, quizá a no tan alto nivel de exquisitez, en un foso muy dominado, regulado, organizado y hasta matizado por la segura batuta de ese buen straussiano que es el  israelí Ashier Fisch, que supo establecer los planos y los ajustes adecuados en números tan complejos como el “Sexteto” o el “Octeto”. Fue correspondido con una estupenda prestación de la Sinfónica.

Para dar vida a Madeleine se necesita una soprano lírica de ancho aliento y fraseo tan vigoroso como delicado, hábil en el recitado y en la melopea. La tuvo en la sueca Malin Byström, segura, afinada, de emisión pasajeramente nasal pero de agudos tersos y bien puestos gracias a una excelente técnica respiratoria. Demostró ser además una gran y versátil actriz. A su lado no desentonaron los demás: André Schuen (Olivier), barítono joven y resonante, sinuoso y viril; Norman Reinhardt (Flamand), tenor de escasa entidad pero con su pequeña voz de lírico-ligero bien colocada; Josef Wagner (Conde), de poderosos instrumento baritonal, oscuro y maleable, aunque no bello; Christof Fischesser (La Roche), bajo rotundo y flexible, de sonoridades secas y no mucho encanto tímbrico, y Theresa Konthaler (Clairon), falsa mezzosopano, pero bien dispuesta.

La soprano Leonor Bonilla y el tenor Juan José de León, ambos muy ligeros, estuvieron perfectos. Bien asimismo el apuntador del veterano John Graham-Hall y el mayordomo –y al tiempo acompañante de la vieja dama (trasunto de Madeleine)- de Torben Jürgens.. De justicia es citar los nombres de los ocho criados, estupendamente dirigidos y omnipresentes en la puesta en escena de Loy: Emmanuel Faraldo, Pablo García-López. Manuel Gómez Ruiz, Gerardo López, Tomeu Bibiloni, David Oller, Sebastià Peris y David Sánchez. Una de las mejores representaciones de esta y de otras temporadas. Arturo Reverter

Un comentario

  1. Jesús Martínez 30/05/2019 a las 09:32 - Responder

    Zweig no fue el libretista de Capriccio. Sí de La mujer silenciosa.

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