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CRÍTICA: 'Réquiem' (Verdi)
Por Publicado el: 23/11/2013Categorías: En vivo

Crítica: DON PASQUALE (G.DONIZETTI) Teatro Campoamor de Oviedo

DON PASQUALE (G.DONIZETTI)

Teatro Campoamor de Oviedo. 21 Noviembre 2013.

Sigue la temporada de ópera de Oviedo con este delicioso título de Gaetano Donizetti,
que no se veía en el Campoamor desde hace 23 años. La producción que nos han
ofrecido es la conocida de Curro Carreres, que la estrenó en el año 2006 en Las
Palmas, habiendo pasado posteriormente por su Murcia natal, el Festival de Perelada y
la hoy desaparecida temporada de ópera de Jerez. El trabajo de Curro Carreres es
interesante y funciona razonablemente, aunque no faltan incongruencias, como suele
ocurrir muchas veces, cuando los directores de escena quieren ser imaginativos.


Escena

Curro Carreres sitúa la acción en un crucero, subiendo los pasajeros al barco durante la
obertura. A partir de ese momento todo transcurre en el barco, sea en cubierta, en el
camarote de Norina o en el bar. La cosa funciona bien hasta el final del primer acto. A
partir de ahí las cosas empiezan a chirriar, ya que el texto habla continuamente de la
casa de Don Pasquale y no tienen mucho sentido las protestas de Norina-Sofronia por la
escasez de servicio, ya que éste es del barco y no de Don Pasquale. Lo mismo se puede
decir del famoso coro de criados, que aquí lo forman el servicio y pasajeros. El tercer
acto todavía es más complicado en un barco, aunque Carreres mete la mano en el libreto
para dar más credibilidad al ambiente marino. Creo que la cosa podría haber tenido
mucha mejor solución ofreciendo el barco como el de placer de Don Pasquale y no
como un crucero.
Curro Carreres lleva la acción a los años 30, en un homenaje a la comedia de
Hollywood de aquellos años, con un vestuario de Silvia García Bravo, en el que
abunda el blanco, negro y gris, como si de una película en blanco y negro se tratara. La
escenografía de Esmeralda Díaz es simple y responde bien a la idea de Carreres,
ubicando bien las escenas con simples añadidos de elementos de atrezzo. Buena
también la iluminación de Eduardo Bravo.

 

Escena

La dirección escénica es viva y eficaz, con aspectos muy bien conseguidos, como el de
colocar al trompeta solista en escena para acompañar el aria Povero Ernesto. Es
inteligente también hacer que Ernesto huya en la escena del supuesto jardín lanzándose
al agua. Al final, con sus incongruencias – en buena medida salvables – la producción
funciona bien.

La dirección musical estuvo en manos de Marzio Conti al frente de la Orquesta
Oviedo Filarmonía, de la que es el director titular. La última vez que le vi fue en Lucia
di Lammermoor el año pasado y entonces su dirección me pareció bastante deficiente.
Con estos antecedentes mis expectativas eran bastantes bajas. Tengo que decir que su
lectura ha sido mucho más adecuada que entonces. Su dirección me ha parecido eficaz y
llevada con tiempos adecuados. También la orquesta me ha parecido mejor que la que
escuché el año pasado. Habrá que dar un margen de confianza al italiano. El Coro de la
Ópera de Oviedo cumplió con su labor sin excesiva brillantez. Su momento cumbre en
la ópera Che interminabile andirivieni! no consiguió calentar al público.

Carlos Chausson fue un magnífico Don Pasquale. Han pasado 20 años desde que le
viera por primera vez en el personaje y todavía no tiene que ceder a nadie el paso. A sus
63 años se encuentra en un buen estado vocal, mejor que la última vez que le vi y sigue
siendo un auténtico referente como actor, con una dicción encomiable, tan necesaria en
estos personajes cómicos.

La asturiana Beatriz Díaz fue una adecuada Norina, con voz de soprano ligera, de las
que se abren muy bien en las notas altas y resulta muy desenvuelta en escena. Su mayor
problema es la falta de una paleta de colores más rica en su voz, que hacen que su
interpretación vocal resulte un tanto monocorde.

 

Beatriz Díaz y Carlos Chausson

Jose Luis Sola sustituyó al inicialmente previsto Antonio Gandía y ofreció una de las
mejores actuaciones que le recuerdo. Cantó de manera particularmente impecable el dúo
con Norina Tornami a dir che m’ami. Notable fue también su interpretación de Sogno
soave e casto, quedando algo más apretado en el interno de la serenata.

Lo menos adecuado del reparto fue Bruno Taddia en la parte del Doctor Malatesta. La
voz tiene escasa calidad y ofrece poca musicalidad. Le salva la habilidad escénica y
tampoco en exceso.

Bruno Prieto fue el falso Notario y siempre estaré agradecido a Donizetti por no haber
escrito más música para este personaje.

El Teatro Campoamor ofrecía una entrada de alrededor del 75 % del aforo. El público se
mostró un tanto tibio durante la representación, dedicando una cálida acogida a los
artistas en los saludos finales.

 

Beatriz Díaz y Bruno Taddia.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 27 minutos,
incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 2 minutos. Cinco minutos de
aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 162 euros, siendo de 156 euros el precio de la
butaca de platea. En los pisos superiores los precios oscilaban entre 117 y 61 euros. La
entrada más barata costaba 44 euros. José M. Irurzun

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