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Por Publicado el: 02/11/2000Categorías: En vivo

Crítica: «La casa de Bernarda Alba» de Reimann

Lorca llega a la ópera

Estreno de «La casa de Bernarda Alba» de Reimann en Munich

«La Casa de Bernarda Alba» de A. Reimann. H. Dernesch, I. Elchlepp, M. de Arellano, C. Barainsky, A. Korondi. Orquesta de la Ópera Bávara. Dirección de escena de H. Kupfer y dirección musical de Z. Mehta. Ópera de Munich, 30 de octubre.

El lunes se estrenó en Munich la nueva ópera de Aribert Reimann «La casa de Bernarda Alba», basada en el drama lorquiano homónimo. Cuando en penumbra total, tras algo más de dos horas sin pausa, unas mortecinas notas de los pianos pusieron término a la misma, la audiencia permaneció callada, sin respiración. Fue como si obedeciese las últimas palabras de Bernarda Alba: «Silencio». Entonces el público explotó en una gran ovación para la nueva obra de Reimann, los cantantes, la orquesta con Zubin Mehta al frente y finalmente, pero no menos intensos, a Harry Kupfer, responsable de la escenografía.

Bernarda-Alba-Munich

La casa de Bernarda Alba escena Munich

En el centro de la orquesta figuraron cuatro pianos, tocados explorando todas sus posibilidades sonoras. La única cuerda la constituían doce violonchelos, que caracterizaban el mundo cerrado de la abuela, personaje interpretado por una actriz. Las sonoridades agresivas provinieron del grupo de metales y la madera de la Bayerische Staatsorchester.

La música de Reimann refleja las situaciones y muy especialmente el carácter de las personas, sus actitudes, sus condiciones físicas y psíquicas. Helga Dernesch, una contralto que deja huella, interpretó a Bernarda. Poncia, en contraposición, corrió a cargo de la soprano dramática de coloratura Isoldé Elchlepp, luciéndose en su parte. Las tres hermanas -Amelia (Margarita de Arellano), Martirio (Claudia Barainsky) y Adela (Anna Korondi)- también hubieron de abordar virtuosas coloraturas de artificio que evolucionan progresivamente hasta el histerismo. Estas agilidades, y muy especialmente las de Martirio, suponen una forma de reacción a la dominante madre.

La escenografía de Frank Philipp Schlößmann, perfectamente iluminada por Max Keller, presentó una habitación blanca cerrada con sólo unas pequeñas entradas en las alturas. Unas típicas sillas españolas distribuidas por las paredes, techos y suelo simbolizaron tanto la fuerte y fría atmósfera como el desorden vital en la casa de Bernarda Alba.

Las ovaciones finales alcanzaron la intensidad con la que en Munich se reciben las obras maestras de Strauss, Wagner o Verdi. Una vez más ha triunfado en la ciudad bávara el compositor Aribert Reimann, quien ya entregó a este teatro las primicias de «Lear» y «Troades». Gonzalo Alonso

 

 

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