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Por Publicado el: 28/03/2021Categorías: En vivo

Critica: Merece la guillotina

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Kursaal

MERECE LA GUILLOTINA

 

Fecha: 26-III-2021. Lugar: Auditorio Kursaal, San Sebastián. Programa: “Gloria” de Francis Poulenc; Six Choeurs Op. 15, de Sergei Rachmaninoff; Joshua “Iisus Navin” de Modest Mussorgski; “Cantata Zdravitsa” Op. 85, de Sergei Prokofiev. Coro: Orfeón Donostiarra. Mezzosoprano solista: Juncal Baroja, Pianista: Pedro José Rodríguez. Director de coro: José Antonio Sainz Alfaro.

La culpa no la tiene el cirujano francés Joseph Ignacie Guillotin -diputado de la Asamblea Nacional francesa y promotor de ese método de ejecución mortal-, sino la mil veces execrable y obligatoria mascarilla que, por causa del maldito Covid/19, cubre los órganos de fonación a través de los que se emite la voz humana y nos priva de los matices, armónicos y efectos tímbricos de la misma cuando se canta. Haber podido disfrutar de un concierto precioso, a la luz del programa presentado, a cargo del Orfeón Donostiarra y salir del mismo con profundo malestar por haber sido cercenada (en gran parte) tanta belleza canora, no resulta en absoluto agradable.

Y todo ha de acomodarse a la situación actual en la que naufraga, por la demostrada incompetencia de quienes ejercen la gobernanza publica; donde los recursos económicos son exiguos para ofrecer un concierto en condiciones; donde se coloca un piano en vez de una gran orquesta y a un excelente preparador de coro con muchas carencias en vez de a un director/maestro concertador dominador del oficio; donde las distancias entre espectadores no superan los 80 centímetros en vez de los 150 normados; donde el personal apenas acude (escasamente se estaba en los 200 diletantes); y donde el evento no supera una duración de 60 minutos; pues ¿qué quieren que les diga?

Esto, de tal modo, no puede continuar y las administraciones han de mostrar mayor generosidad para con la cultura ayudando a quienes, en el mundo musical, las están pasando canutas. El famoso “Gloria” de Francis Poulenc, escrito para gran orquesta quedó en los diez dedos del pianista Pedro José Rodríguez, que hizo lo que pudo ante el trueno de 110 orfeonistas, que se entregaron a tope, sin poder gozar de sus matices en las modulaciones vocales y ante una soprano que se cambió a última hora de la que estaba prevista y no se facilitó el nombre de la misma, haciendo un hermoso trabajo, merced a una voz muy limpia, larga y de poderoso fuelle, como lo demostró en  el número 3 “Dominus Deo” y en la breve presencia del “Agnus Dei”  en el número 5.

La pieza “Six Choeurs, Op. 15, de Sergei Rachmaninoff (obra que se ofrece pocas veces), escrita para voces blancas (mujeres o niños), a piano, en 1896, demostró la entrega de las féminas orfeonistas, sin guardar las distancias debidas, pero -cual agustinas aragonesas- mostrando todo su valor en el trabajo expuesto.

Correspondió a Modest Mussorgski, en la Historia de la Música, el romper con todos los modelos estereotipados de su época, reinantes en la Europa Central y en Italia, rescatando las tradiciones musicales y corales del pueblo ruso, tomando cantares y melodías de la iglesia ortodoxa y de las distintas etnias de la Madre Rusia. De tal forma compuso la breve obra, liviana cantata, “JOSHUA / Iisus Navin”, donde el nacionalismo musical de aquella tierra, mezclada con la vieja herencia hebrea jasídica y sus concepciones operísticas, llevan a cabo un trabajo musicalmente intachable, escribiendo esta obra en 1877, donde el coro volvió a exponer su poderío, pensando/diciendo: “¡Ay, si nos pilláis sin mascarillas, os ibais a enterar”. Preciosa la voz de la joven mezzosoprano Juncal Baroja, en su breve intervención. Si me permite un consejo, ahí va la osadía de uno: vete de aquí a estudiar fuera, evita el hacer ‘bolos’ y en caer en influencia de malos consejos. Tienes un material vocal muy hermoso.

Finalizó el concierto con la llamada “Cantata Zdravitsa, Op 85”, escrita en 1939 en loor del genocida comunista Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, alias Stalin, por Sergei Prokofiev. Estamos ante una pura epopeya coral que, a través de los años, ha ido adaptando su letra a las circunstancias políticas dominantes en la Rusia, escrito para una gran orquesta y un gran coro. Sin mascarilla nos hubiéramos quedado a-no-na-da-dos.La situación del coro en sus finanzas es preocupante, sacando unos euros de este concierto, que muy bien le han de venir, dejándome con la ilusión de no haber utilizado la guillotina para las mascarillas que los coralistas llevaban.  Manuel Cabrera

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