Critica: Armonías para el “Paradiso” en el Festival de Granada
Armonías para el Paraíso
75 Festival de Granada. Paradiso. Polifonía del siglo XVI a nuestros días. Obras de Lasso, Gesualdo, Cardoso, Lobo, Brito, Palestrina, Victoria y Aracil. Coro Gulbenkian. Solistas de la Orquesta Gulbenkian. Directora: Martina Batic. Iglesia de los Jerónimos, 11 de julio de 2026.

Fotografía: Alex Cámara
Ponía fin a más de un cuarto de siglo de reflexión musical de Alfredo Aracil sobre el Paradiso de La divina comedia de Dante con el tercer cuaderno de madrigales sobre los versos del poeta. Serie iniciada en 1990, continuada en 2004 y cerrada por encargo del Festival de Granada en la mañana de este sábado.
Escuchados los tres cuadernos en diálogo con sus referentes de la mejor polifonía europea de los siglos XVI y XVII, se pueden apreciar las deudas, los modelos y sus superaciones en la escritura de Aracil, que igual toma una célula melódica de Orlando di Lasso que superpone un canto llano sobre sus propias polifonías en un trasvase a lo largo de los siglos verdaderamente fascinante.
Aracil se imbuye aquí de los principios básicos del contrapunto polifónico, a veces imitativo, a veces en líneas contrapuestas, pero con una clara direccionalidad que no rompe los diques de la tonalidad y que explora las posibilidades cromáticas de las voces en juegos muy sugerentes que visten de sonidos las visiones celestiales de los versos de Alighieri.
La inclusión en algunos casos de un pequeño conjunto instrumental refuerza el perfil místico y contemplativo de la música, que gira sobre sí misma en repeticiones circulares y que crea atmósferas acústicas envolventes. El resultado es fascinante y así lo reconoció el público que abarrotó la bellísima iglesia de los Jerónimos, inmejorable marco con sus frescos y su impresionante retablo.
Pero nada de esto hubiera sido posible sin la intervención del Coro Gulbenkian. Hay que inclinarse ante la calidad de este coro, con un empaste absoluto, cálido, cristalino; sonido envolvente, de impresionante calidad en todas sus secciones, pero especialmente en las voces femeninas, límpidas, rutilantes, capaces de infinidad de regulaciones y matices. Con tal instrumento en sus manos, la directora Martina Batic pudo moldear el sonido y el fraseo de las piezas del siglo XVI y XVII en plenitud de conocimiento de los recursos retóricos y expresivos de las obras-.
En las piezas penitenciales, como las de Lasso, Gesualdo o Brito, vinculadas al Triduo Santo o al Oficio de Difuntos, Batic subrayó con atención las frases y los acordes más dolientes, como esos pasajes cromáticos de Gesualdo, pero sin forzar un dramatismo aún ausente de la estética de aquellos autores. Y en las más contemplativas, como en Audivi vocem de caelo de Duarte Lobo, Sperent in te de Palestrina y O magnum mysterium de Victoria, el tiempo parecía detenerse en la contemplación de los cielos, con las voces superponiéndose con delicadeza y reforzándose las unas a las otras en una atmósfera sonora inmaterial, flotante, suspendida en el tiempo y en el espacio.

























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