Critica: Perianes, entre Chopin y ‘Triana’ en la Sociedad de Conciertos de Alicante
Perianes, entre Chopin y Triana
TEMPORADA SOCIEDAD DE CONCIERTOS DE ALICANTE. Recital de Javier Perianes (piano). Programa: Obras de Albéniz, Chopin y Falla. Lugar: Alicante, Teatro Principal. Entrada: 1.226 espectadores (lleno). Fecha: lunes, 19 enero 2026 (repetido el martes 20, en el Auditorio Nacional de Música).

Javier Perianes en la Sociedad de Conciertos de Alicante
Javier Perianes ha regresado a la Sociedad de Conciertos de Alicante (el lunes) y al Ciclo de Grandes Pianistas de la Fundación SCHERZO (martes) con un programa de agudas exigencias artísticas y virtuosas, que ponía frente al espejo obras de tres compositores-pianistas tan cercanos como Chopin, Falla y Albéniz.
Un sugestivo juego de reflejos y matices, que tras confrontar en la primera parte del recital a Chopin y su influjo poderoso en el primer Falla (aquel que Gerardo Diego, el poeta-músico, vino en llamar “PreManuel de AnteFalla”), en la segunda se adentró en obras tan referentes del pianismo español y universal como las Cuatro piezas españolas que en 1909 Falla dedica a su admirado Albéniz, fallecido ese mismo año, y, para cerrar el recital, ¡nada menos! que cuatro Iberias del compositor camprodonés. Música en mayúsculas dicha desde el talento en plenitud que hoy es Javier Perianes.
Recital ambicioso y exigente. Estética y pianísticamente. Solo apto para un artista cuajado, capaz de hacer magia con el sonido y adentrarse en la entraña de la expresión con naturalidad y cercanía. También armado en poderoso aparato técnico. Pocos artísticas como Perianes enaltecen el virtuosismo como herramienta de comunicación y belleza. Como otros grandes líricos del teclado, de Lupu a Lipatti, focaliza la interpretación en su esencia explícita. Sin torticeras elucubraciones. La música, desnuda, impone así su ley y fluye encauzada por el talento y complicidad del intérprete.
Desde el inocente pero precioso Nocturno que Falla compone en sus años mozos en Cádiz -“siendo apenas un niño”, escribe a Jean Aubry el 3 de septiembre de 1910- a la gloria hipervirtuosa y en ritmo de sevillanas de Triana, última página del segundo cuaderno de la Iberia albeniciana, Perianes se sumergió en un finamente hilvanado itinerario.
La magia del fraseo y sus armonías y dinámicas, volvieron a ser cómplice del pulso rítmico y sus aromas populares. Frente a la ingenua y chopiniana Mazurca en do menor de Falla, dos de Chopin (la segunda de las Opus 7, y la primera de las Opus 67); frente a la más que preciosa Serenata andaluza, la magia melancólica del Vals en la menor de Chopin; frente a la leve e intimista Canción de Falla (tan imbuida del Satie de las Gymnopédies y Gnossiennes), el candor de la Berceuse de Chopin…

Imagen del concierto
Perianes, artista de la filigrana, mago del sonido, hizo maravillas con todas estas páginas y paginitas magistrales. Las configuró como un retablo unitario y sin cesuras. Perfectamente hilvanadas tonal y modalmente, en un policromo e intimo recorrido henchido de belleza y sugestión. El silencio absoluto de la platea y palcos del Teatro Principal de Alicante refrendaba el voltaje emocional de este cruce y encuentro entre Falla y Chopin, del que ambos compositores-pianistas salieron victoriosos por goleada.
Tras la pausa, Perianes saltó de la expresión sencilla y tenue al virtuosismo a borbotones de las Cuatro piezas españolas de Falla. Cantó brillantez la Aragonesa, cargó de cálidas vaporosidades la Cubana, tiñó de aires impresionistas los “paisajes” brumosos de la Montañesa y se volcó con incandescente pianismo en el “salvajismo” de la Andaluza.
Las piezas de Falla fueron preludio perfecto de Iberia. Cuatro de las cuales encontraron intérprete ideal en Perianes, en línea ya encaminada a los grandes Iberistas, desde Alicia a Orozco, con Esteban (Sánchez) por medio. Evocación llegó etérea y esencializada, envuelta -como la Montañesa– en vaporosidades impresionistas; El polo, melancólico y dramático, afligido y grisáceo; cantado “con espíritu de sollozo”, como reclama Albéniz. La copla de Almería, elocuente y sugestiva, fue enseñoreada y ralentizada por ese legato y decir tan característicos del arte perianesco, que se implicó en la apoteosis de color, melodía, ritmo y virtuosismo que es Triana.
Fue el final, feliz y exultante, de un recital de sentidos y saberes. Entre Chopin y Triana. La Sociedad de Conciertos de Alicante y el propio Perianes quisieron dedicarlo a las víctimas de la tragedia de Adamuz, a cuya memoria se guardó al comienzo un minuto de silencio. Al final, como no podía ser de otro modo, aluvión de aplausos y bravos. Perianes respondió con el regalo fuera de programa de una exultante Sevilla de Albéniz dicha festivamente a tropecientos mil por hora y el contraste del Nocturno póstumo en do sostenido menor de Chopin, que congeló el tiempo y sirvió para cerrar en intimidad la reflectante noche de espejos y contrastes.























Últimos comentarios