El gran enigma: el nuevo destino de Paco Lorenzo y el CNDM, ¿grandes cambios en Cultura?
El hermetismo con el que Paco Lorenzo deja sus funciones al frente del CNDM alienta las especulaciones sobre el nuevo destino del gestor musical, que ha realizado una extraordinaria labor en estos últimos años. El otrora pupilo de Enrique Rojas ha consolidado la institución como un faro que irradia música y cultura, con especial atención a la recuperación del patrimonio histórico español, desde el centro hasta la periferia, en colaboración con pequeños ciclos que han visto crecer su oferta gracias a una inteligente labor cooperadora. ¿Quién se beneficiará, ahora, de su talento y en qué nuevas manos recaerá la delicada misión de consolidar su labor en la institución dependiente del ministerio de Cultura?

Amaya de Miguel y Francisco Lorenzo en una presentación del CNDM (c) Elvira Megías
El ecosistema musical español, con todo lo amplio que pueda parecer en estos últimos tiempos en que ha ganado presencia, diversidad y algo de músculo, no ofrece grandes oportunidades a los principales nombres de la gestión musical, poseedores no solo del conocimiento sino de los contactos, la imprescindible agenda.
Aquí prima sobre todo el minifundio de ciclos pequeños, festivales de tres días, donde su condición casi artesanal concede oportunidades a las mentes más inquietas, pero escasa proyección y rara vez unas condiciones aceptables. Quien verdaderamente aspire a vivir de la gestión, precisa situarse en los grandes proyectos, los que pagan salarios no demasiado atractivos (salvo en un par de excepciones), muy alejados de los niveles de remuneración europeos (no digamos ya norteamericanos o asiáticos), pero que al menos ofrecen una cierta estabilidad económica.
En los casos de las primeras instituciones, el modo de acceso suele regirse, desde hace unos años, por los concursos públicos. A estas horas, ya se sabe de sobra cómo funcionan aunque prime el disimulo: la transparencia que se pretende en la práctica suele quedar aparcada cuando entran en juego los intereses de la política.
“Si no te llama la persona adecuada y te dice que te presentes, mejor es que no pierdas el tiempo intentándolo. Lo más que vas a conseguir es rellenar de prestigio una convocatoria, que casi siempre es lo que se pretende. El puesto tiene destinatario desde el primer minuto”, comenta una persona que conoce bien los entresijos por haberse sometido a sus caprichosos vaivenes en un par de ocasiones, e incluso haber valorado su impugnación en un caso muy concreto.
Eso sin contar que en los últimos tiempos las cuestiones de género también ocupan un lugar relevante en la última toma de decisiones, siguiendo la corriente dominante que en ocasiones busca equilibrar la balanza histórica, aunque eso pueda significar desplazar el péndulo completamente hacia el extremo contrario haciendo abstracción de los méritos reales, lo que esencialmente debería primar.
Con otro inconveniente particular, además. En la medida en que la vida musical española se ha descentralizado, los nuevos reinos de taifas en los que se han convertido algunos organismos autonómicos solo suelen conceder el plácet a las propias personas del terruño. Obsérvese de cerca el proceder de un par de las llamadas comunidades de las llamadas históricas.
En Cataluña, aspirar a un gran cargo institucional, de despacho y secretaria, prácticamente está vedado a quienes no hubieran tenido la suerte de nacer en esa comunidad. Y en el País Vasco ocurre algo similar, sobre todo si los nombramientos dependen de fuerzas nacionalistas que ya influyen hasta sobre la propia programación de algunas de las históricas citas musicales, como se está viendo en algún connotado certamen donostiarra.
Con este panorama, un profesional como Paco Lorenzo, que ha desempeñado el cargo con probadas dosis de trabajo, rigor e imaginación no debería tener problemas para lograr un nuevo puesto acorde a sus virtudes, quizá en el extranjero. Pero a buen seguro que el hombre, fiel a las buenas costumbres españolas, desea seguir aportando sus sólidos conocimientos, reconocida bonhomía y estrechos contactos internacionales al enriquecimiento de la vida cultural de su propio país.
Y en ese sentido, hay algunos destinos en el horizonte, bien distantes entre ambos, que empiezan a a sonar con fuerza para él. La gerencia de la Sinfónica de Tenerife (la orquesta que puso en el mapa su gran amigo y maestro, Enrique Rojas) o la dirección artística de ABAO (la ópera, su gran pasión) podrían situarse, en el primer caso a corto plazo, en el otro tampoco tan lejano, entre sus inmediatos cortejadores. O el Maestranza sevillano, donde también se sugieren próximos aires de cambio.
¿Y en la sede el Auditorio Nacional, que pasará mientras tanto con el CNDM? ¿Quién se hará cargo de la herencia de Lorenzo, que en estos últimos tiempos ha tenido que lidiar con el debilitamiento de la oferta de su joya, el “Universo barroco”, ante el empuje de las óperas en concierto del Real y las nuevas apuestas de ciclos privados como Impacta o la Filarmónica, que casi lo han vaciado de contenido, y la disputa por mantener la primacía del “Ciclo de Lied” de la Zarzuela, tras la salida del aún consternado Antonio Moral?
En el ambiente flota el nombre de un buen profesional, en busca de un destino más adecuado a sus bien acreditadas virtudes (hizo un gran trabajo, nunca bien reconocido, en Mallorca): Carlos Forteza, que contaría con todo el apoyo del ministerio.
Mientras Paco Lorenzo no suelta prenda, pero se deja querer, ambos enigmas se resolverán en breve. C.W.






















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