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Critica: "Il Giustino" y los dones del Prete Rosso
Por Publicado el: 27/04/2026Categorías: En vivo

Critica: Salome, en sus más ásperas aristas

Salome, en sus más ásperas aristas

SALOME. “Drama musical” en un acto. Libreto de Richard Strauss, basado en la traducción alemana de Hedwig Lachmann de la obra en francés Salomé, de Oscar Wilde. Reparto: Vida Miknevičiūtė (Salome); Nicholas Brownlee (Jokanaan); Michaela Schuster (Herodías); John Daszak (Herodes); Christopher Sokolowski (Narraboth); Lioba Braun (Un paje de Herodías); Jorge Rodríguez Norton, Daniel Norman, Filipp Modestov, Mathias Frey, Horst Lamnek (judíos). Dirección de escena: Damiano Michieletto. Escenografía: Paolo Fantin.  Vestuario: Carla Teti. Iluminación: Alessandro Carletti. Coreografía: Thomas Wilhelm. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Direc­ción musical: James Gaffigan. Lugar: València, Palau de les Arts. Fecha: sábado, 25 abril 2026 (se repite los días 29 de abril; y 3, 6 9 de mayo)

Salome, en sus más ásperas aristasSALOME. “Drama musical” en un acto. Libreto de Richard Strauss, basado en la traducción alemana de Hedwig Lachmann de la obra en francés Salomé, de Oscar Wilde. Reparto: Vida Miknevičiūtė (Salome); Nicholas Brownlee (Jokanaan); Michaela Schuster (Herodías); John Daszak (Herodes); Christopher Sokolowski (Narraboth); Lioba Braun (Un paje de Herodías); Jorge Rodríguez Norton, Daniel Norman, Filipp Modestov, Mathias Frey, Horst Lamnek (judíos). Dirección de escena: Damiano Michieletto. Escenografía: Paolo Fantin.  Vestuario: Carla Teti. Iluminación: Alessandro Carletti. Coreografía: Thomas Wilhelm. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Direc­ción musical: James Gaffigan. Lugar: València, Palau de les Arts. Fecha: sábado, 25 abril 2026 (se repite los días 29 de abril; y 3, 6 9 de mayo)

Escena de “Salome”

Nueva noche de ópera para los anales en el Palau de Les Arts. Si hace apenas unas semanas la catedral lírica valenciana ponía una pica en Flandes con Giulio Cesare de Händel, ahora, en asombroso cambio de registro, vuelve a tocar el cielo con una propuesta de Salome que se adentra -escénica y musicalmente- en las aristas más ácidas y expresionistas de la rompedora ópera que Strauss estrena, en diciembre de 1905, en Dresde, a partir de un libreto propio basado el texto original de Oscar Wilder. Como con Giulio Cesare, y como no podía ser de otra manera, éxito total e incontrovertible, con Les Arts lleno hasta la bandera de un público que aplaudió y vitoreó a todo y a todos con evidente entusiasmo… ¡y emoción! 

Si en las recordadas representaciones de Salome, en junio de 2010, Zubin Mehta apostaba por una visión lírica y sensual, ahora James Gaffigan (1979) desde el foso, y el director de escena Damiano Michieletto (1975), fusionan sentires y visiones en una relectura extrema y áspera, que lleva al límite el concepto y el lenguaje de una ópera que, aún hoy, doce décadas después de su estreno, escuece e impacta por su avanzada modernidad.

Incluso la famosa escena del baile de Salome se aleja de tules y sinuosidades para poner en carne viva los más sórdidos y pérfidos sentidos. No uno, sino seis tetrarcas, seis Herodes, se derriten libidinosamente, sobando no solo la carne joven y fresca de Salome, también ante la de la infantil alter ego que la duplica en una escena que estremece y lleva al límite el sentido de Wilde y Strauss.

La aguda y estupendamente narrada reinterpretación de Michieletto encuentra complemento ideal en el fabuloso y original trabajo escenográfico de Paolo Fantin, a tono con la diafanidad dramática de Wilde y el director de escena veneciano. El estudiado movimiento escénico se complementa con un marco escenográfico que habla y se expresa en idéntico lenguaje conceptual.

Escena

La plataforma circular central, que se eleva desde las profundidades donde se encuentra la cisterna en la que permanece Jokanaan, da pie a un brillante juego escenográfico. Luego, en su perímetro, surge un fuego real que parece inspirado en de la Valquiria de Carlus Padrissa (Fura dels Baus) en el mismo escenario, y que impregnara toda la sala de un olor a quemado que también sugestiona al espectador.

Ángeles/hombres alados; los dos grandes paneles laterales, y el del fondo, que enmarca muy diversas situaciones, así como la enorme esfera negra que desde las alturas parece presidir todo, hasta que desciende para convertirse en un gigantesco péndulo animado por los brazos de Salome, son elementos y situaciones de este hilvanado montaje importado de la Scala de Milán, donde se estrenó en enero de 2023. La escena final, en la que Salome, emulando a Tosca, se arroja al vació del hueco de la cisterna, apuesta por el suicidio como la más digna salida de la heroína.

Salome, en manos de Michieletto, dejar de ser una joven caprichosa emperrada con Jokanaan, para convertirse en una mujer hecha y derecha, víctima y atormentada por remotos abusos de su padrastro y tío; dueña de sus voluntades y destino. Imperativa, como la música de Strauss y la visión un Michieletto, quien se ha metido con lucidez y clarividencia en la piel y en la hiel del personaje.

También aparecen caracterizados en sus rasgos más categóricos el resto de protagonistas. Desde un Herodes que parece parodiarse a sí mismo, a una Herodías cargada de odio y rencores,  y a un Narraboth con aspecto de oficinista y vocación de perdedor. El “casto como la luna” Jokanaan tiene aquí aspecto de pordiosero,  algo que resalta -por el contraste- la percepción idealizada de Salome. Solo en su imaginación existen los “cabellos como racimos de uva”, su “boca como una rama de coral”, y su “cuerpo blanco, como la nieve de los montes de Judea”…

La excelencia y agudeza escénica encontró perfecto complemento en la brillante realización musical. James Gaffigan, en su retorno al podio del que fue director musical, ha volcado su maestría en una sonoridad apabullante, de contrastes y opulencias. También atenta al mínimo detalle. Una visión en la que la orquesta straussiana encontró fulgor, esplendor y resplandor.

Todo es escuchó y percibió en el formidable lienzo straussiano que dibujó el director estadounidense con el pincel de una orquesta suntuosa de registros y colores, entregada y sin un instante de desfallecimiento. Cien ininterrumpidos minutos de música y teatro en el que el torrente musical y vital que entraña partitura y libreto encontraron sus mejores servidores en una orquesta en estado de gloria y un maestro que, con este Strauss visceral y de referencia, bordó una de sus mejores tardes en València.

El reparto era, quizá y sobre el papel, el mejor posible en la actualidad. La soprano lituana Vida Miknevičiūtė es, posiblemente, la mejor Salome de nuestro tiempo. Voz poderosa, con fuelle, carácter y ductilidad. De agudos afilados y firmemente asentados. Tiene metida a Salome en la piel, como puso bien de relieve en una escena final sobrecogedora y total, plena de sentido teatral. A diferencia de la Salome de 2010 -la finlandesa Camilla Nylund-, Miknevičiūtė elude los matices líricos y sensuales para acercar su interpretación y vocalidad a la inminente Elektra. Inolvidable.

Jokanaan estuvo avalado por una voz tan adecuada como la del bajo-barítono estadounidense Nicholas Brownlee, quien ya deslumbró a todos en el Palau de Les Arts el año pasado con sus memorables encarnaciones del Holandés errante. En esta ocasión, ha vuelto a lucir su voz poderosa, templada, grave y cargada de oscuras resonancias, que otorgan empaque y credibilidad.

Referencial desde todos los ángulos el Herodes del gran tenor británico John Daszak, cuya vis dramática y vocal tanto recuerda a su gran paisano y colega, el inolvidable Graham Clark.  No anduvieron a la zaga la veterana Michaela Schuster como perfilada y afilada Herodías, el tenor estadounidense Christopher Sokolowski (Narraboth), y el lujazo de la mezzo Lioba Braun como paje de Herodías. Una vez más, hay que recomendar: no se pierdan esta maravilla de espectáculo. Aún puede palpitar y emocionarse con la más singular y única extraña historia de deseo y amor. Quedan entradas: 29 de abril, y 3, 6 y 9 de mayo. Justo Romero

Publicado en el diario Levante el 26 de abril de 2026.

 

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