Critica: “Il Giustino” y los dones del Prete Rosso
LOS DONES DEL PRETE ROSSO
Vivaldi: Il Giustino. Rémy Brès-Feuillet, Olivia Vermeulen, Kateryna Kasper, Robin Johanssen, Sylabonga Maqungo, Sonia Prina, Mark Milhofer, Frances Ortega Martí. Freiburger Barockorchester. Dirección musical: René Jacobs. Teatro Real, 25 de abril de 2026.

Escena de la representacion Fotografía: Javier del Real
Dentro de la selección de óperas en versión concertante y en una sola función se ha abierto la puerta en el Teatro Real a una auténtica novedad, Il Giustino de Vivaldi, ópera que nos informa bien del estilo, de las pretensiones, de las maneras que empleaba el Prete Rosso en el ramo de la ópera, en el que también fue grande. Los estudios e investigaciones más recientes han puesto de relieve que, sin dejar de ser él mismo, sin perder su característica personalidad, Vivaldi tenía también cosas que decir en el ámbito teatral en donde andaba a la búsqueda de una temática neta y clara.
Se han establecido características comunes a estas obras líricas, que son las que en buena medida pueden describir la naturaleza y valor de este Giustino y que nos explicaba en su día Catherine Michaud-Pradeilles: temática neta, importancia de los tutti, éxtasis contemplativo de los movimientos lentos, tratamiento instrumental de la voz, figuralismo heredero del madrigal, gusto por los contrastes de tempo, tonalidad e instrumentación. Por supuesto, se incorporan los affetti, movimientos del alma; y las vocalizaciones sobre palabras clave. La armonía es generalmente sencilla, con estratégicas modulaciones. En definitiva, un belcantismo propio del XVIII, que alcanzaría su plenitud con Haendel y Mozart. Y ya sabemos que las repeticiones en las arias da capo eran variadas por los mismos cantantes.
De todo ello hemos tenido amplia muestra en esta magnífica ópera sobre libreto de Nicolò Beregan estrenada en el Teatro Capranica de Roma durante el Carnaval de 1724 y de la que hemos podido disfrutar en esta lectura de la Orquesta Barroca de Friburgo a las órdenes del veterano René Jacobs, cada vez más lento de movimientos y que necesita ya de apoyos para poder desplazarse. Pero es músico de envergadura y nos ha ofrecido una muy asequible lectura de la obra, eso sí, partiendo de una exposición cauta y muy prudente de tempi. Faltó por ello viveza, contrastes, animación, acentuación vigorosa en muchos momentos. Y hubo algún que otro tropiezo instrumental, a cargo a veces de las trompetas naturales. Sin que el encaje y ajuste general fueran siempre los ideales.
La partitura, con 35 números a cuestas, que ilustra un endiablado y casi incomprensible argumento, recoge según los expertos rasgos y aun pasajes literales de óperas anteriores, siempre adaptadas a las condiciones de cada intérprete, que en el estreno eran ocho y de ellos seis eran castrati, que, como es lógico, en tiempos modernos, y en este concierto del Real tenemos un ejemplo, son sustituidos por voces femeninas. La parte de Giustino, el campesino convertido en héroe militar, fue cantado ahora en el Real por el contratenor Rémy Brès- Feuillet, de timbre de mezzo oscuro y poco brillante, que expuso siempre con intención y buen gusto.
En este sintético comentario no podemos habar de todo el reparto, pero sí queremos destacar el limpio timbre de soprano lírica de Kateryna Kasper, igual, homogéneo, dotado de un metal de excelente calidad y de un brillo muy natural, espléndida en todas sus intervenciones, como en el arioso Numi, che il ciel. Fue una modélica Arianna. Su marido, el emperador Anastasio, fue la mezzo muy lírica Olivia Vermeulen, discreta y musical. El tenor Siyabonga Maqungo, fue un ligero de amplia vocalidad. Unas palabras para Mark Milhoffer, tenor ligero sin grandes brillos, que se exhibió en la parte final como caricato de acuerdo con el movimiento escénico propuesto no sabemos por quién y que va dotando de imaginería a las situaciones. Unas solución mixta y discutible, aunque menos aventurada que la de muchos montajes modernos. Mucho éxito final. Arturo Reverter






















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