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Por Publicado el: 14/03/2018Categorías: En vivo

Crítica: «Andrea Chenier» en el Liceo, los dos repartos

ANDREA CHENIER (U. GIORDANO)

Como en los viejos tiempos

Gran Teatre del Liceu de Barcelona. 12 Marzo 2018.

José M. Irurzun. Vuelve Andrea Chenier al Liceu de Barcelona, donde se representó por última vez en Septiembre de 2007. Entonces, como ahora, se ofreció un doble reparto y también como entonces repite en el foso del teatro Pinchas Steinberg. Se trata de uno de los mejores repartos que puedan hoy ofrecerse en esta ópera de Umberto Giordano, ya que el trío protagonista lo forman nada menos que Jonas Kaufmann, Sondra Radvanovsky y Carlos Álvarez. Podríamos decir que como en los viejos tiempos del Liceu. El resultado ha sido brillante, con una atractiva producción escénica, una destacada dirección musical y unas prestaciones vocales de las que levantan entusiasmo en el público.

Escena

 

La producción escénica se debe a David McVicar, siendo una coproducción del Covent Garden, el Liceu, la Ópera de San Francisco y la de Pekín. Para muchos espectadores no es una producción novedosa, ya que se pudo ver en cine desde el Covent Garden, cuando se estrenara la producción en Londres hace 3 años. Es un espectáculo brillante y muy atractivo a la vista. Es una producción de grandes decorados, que únicamente pueden moverse fácilmente en teatros muy preparados. En la escenografía de Robert Jones destacada poderosamente el primer acto en la residencia de la Condesa de Coigny, en un escenario riquísimo y espectacular. Más tradicionales los restantes actos, pero siempre bien hechos. El vestuario de Jenny Tiramani es enormemente fiel a la época de la Revolución Francesa y es un activo positivo de la producción. Adecuada la iluminación de Adam Silverman.

La dirección escénica de David McVicar está muy cuidada, aunque no tiene nada especial para llamar la atención. Señalaré el hecho de que Carlo Gerard no dirige la revuelta de criados en el primer acto, sino que se une a ellos. Otro detalle curioso es la presencia de la hija de la Legrée en el juicio, llegando a la prisión en brazos de Maddalena, para salir con su madre de la prisión. En resumen, es una producción brillante, atractiva y tradicional, que ha sido dirigida en Barcelona por Marie Lambert.

Como digo más arriba, volvía al foso del Liceu el director israelí Pinchas Steinberg, cuya actuación ha sido muy buena, mejor que la de hace 10 años. Apoyó siempre a los cantantes, ofreció una lectura vibrante y muy adecuada y sacó un estupendo partido de la Orquesta del Liceu, cuyos tiempos más oscuros están definitivamente atrás. Correcto el Coro del Liceu.

Jonas Kaufmann

El reparto vocal es uno de los mejores que hoy pueden ofrecerse de esta ópera y nada tiene de extraño que el teatro hubiera prácticamente agotado sus localidades, con notable presencia de espectadores venidos de otros lugares y que predominara en la sala un ambiente triunfalista. Como en los viejos tiempos…

El protagonista que da título a la ópera fue interpretado por el gran divo alemán del momento, Jonas Kaufmann, que por cierto había debutado el personaje en la ocasión referida de Enero de 2015 en el Covent Garden. Entonces, como ahora, lo mejor de su actuación tuvo lugar en la segunda parte de la ópera, Sin poner en tela de juicio su calidad como cantante y su adecuación vocal al personaje, en mi opinión Jonas Kaufmann no está vocalmente como estaba hace 3 años. Tuve ocasión de verle en este mismo personaje el verano pasado en Munich y mi impresión fue que no estaba al mismo nivel que antes. Más o menos es la misma impresión que he sacado en esta ocasión. No pongo en duda su calidad vocal ni de intérprete, pero la voz no corre como antes. La voz de Kaufmann no sale del escenario con la claridad que lo hacía antes, lo que se pudo perfectamente constatar, cuando cantaba con los otros dos protagonistas de la ópera. Ofreció los mejor de su actuación en la escena del juicio y en aria Come un bel dí di Maggio del cuarto acto.

La gran triunfadora de la noche fue Sondra Radvanovsky como Maddalena di Coigny. No a todos los aficionados les entusiasma la voz de esta cantante, lo que no es mi caso desde que la vi por primera vez hace 18 años como Freia en Das Rheingold. Desde entonces siempre me ha resultado una soprano poderosa y casi sin rival en algunos personajes, no habiendo abandonado nunca el puro belcantismo. Su actuación en esta representación ha sido magnífica. Su voz llegaba a la sala son una limpieza y un volumen que no estaba al alcance de ninguno de sus dos compañeros de reparto. Además de tener una voz bella y poderosa, es una gran cantante y una destacada actriz. Su interpretación de la Mamma morta le valió una de las mayores ovaciones que he podido escuchar en un teatro en muchos años.

Sondra Radvanovsky

El malagueño Carlos Álvarez fue un destacado intérprete de Carlo Gerard, que brilló de modo especial en el tercer acto, tanto en su escena con Maddalena como en el aria Nemico della patria, en la que dio una lección de canto expresivo. Su voz en el primer acto no corría como otras veces, pero todo mejoró en el tercer acto.

La mulata Bersi fue bien servida por la mezzo-soprano Yulia Mennibaeva, mientras que Sandra Ferrández me resultó un tanto ligera para la Condesa de Coigny. Buena, como siempre, la prestación de Francisco Vas como el Incredibile, auque también tuvo algunos problemas para que su voz llegara bien a la sala.

La Madelón fue interpretada por la vieja gloria búlgara Anna Tomowa-Sintow, que mostró a sus 76 años tablas y una voz envejecida, como no puede ser de otra manera.

Nuevamente, dejó una buena impresión el bajo Fernando Radó como Roucher, el amigo del poeta Andrea Chenier.

Los personajes secundarios fueron cubiertos por Toni Marsol como un correcto Fleville, Fernando Latorre en Fouquier Tinville, Manel Esteve, un sonoro Mathieu, Marc Sala, un modesto Abate, Christian Díaz, un Schmidt un tanto basto, y David Sánchez como Dumas.

Carlos Álvarez y Anna Tomota-Sintow

El Liceu estaba prácticamente lleno y el ambiente era triunfalista desde el principio de la representación. A escena abierta hubo claros signos de entusiasmo, especialmente con Sondra Radvanovsky, lo que se repitió con todos los artistas y el maestro en los saludos finales, en los que , por cierto, no hizo acto de presencia Anna Tomowa-Sintow.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 39 minutos, incluyendo un intermedio y unas breves paradas. Duración musical de 1 hora y 53 minutos, Nueve minutos de aplausos.

El reparto animó al Liceu a subir los precios de manera notable, lo que parece que estuvo justificado, teniendo en cuenta que el teatro se llenó. La localidad más cara costaba 350 euros, mientras que la butaca de platea costaba entre 205 y 279 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 74 euros.

Terminaré haciendo referencia a los aplausos a escena abierta a los 3 protagonistas de la ópera, que puede dar claridad al resultado artístico del reparto vocal. Jonas Kaufmann obtuvo 23 segundos de aplausos en el Improvisso, que fue su mejor resultado en sus intervenciones individuales. Sondra Radvanovsky fue braveada durante 2 minutos y 55 segundos tras la Mamma Morta, una de las mayores ovaciones que he escuchado en un teatro. Finalmente, Carlos Álvarez fue ovacionado durante 55 segundos tras su Nemico della Patria. Por si alguien no lo sabe, diré que unos aplausos de compromiso no pasan de 7 segundos y unos cálidos no suelen pasar de 15 segundos.

Fotos: A. Bofill

Jose M. Irurzun

SEGUNDO REPARTO

Días de mucho, vísperas de nada…

 Gran Teatre del Liceu de Barcelona. 13 Marzo 2018.

José M. Irurzun. Estas notas corresponden al segundo de los repartos programados. Tras los fastos del día anterior, me viene a la memoria un refrán español que solía usar mi padre, aunque quizá pueda resultar un tanto exagerado en esta ocasión. Me refiero al que dice: Días de mucho, vísperas de nada. Evidentemente, el reparto vocal ha estado claramente por debajo del anterior, habiéndose movido por terrenos de corrección.

Escena

Nada tengo que añadir a lo escrito el día anterior sobre la producción de David McVicar, que sigue resultando atractiva y adecuada.

La dirección musical de Pinchas Steinberg volvió a ser sólida y convincente, aunque se quedó por debajo de la del día anterior. Tiene que ser muy distinto dirigir una ópera con un reparto como el del día anterior delante de los ojos o con el de esta ocasión.

Andrea Chenier fue interpretado por el tenor canario Jorge de León, cuya voz resulta adecuada y brillante para el personaje. Su actuación se vio perjudicada por la presencia de un pronunciado vibrato, que ya apareció en su Chenier de Oviedo hace unos meses, pero que ahora me ha parecido todavía mayor. No brilló como cabía esperar en los primeros actos, ofreciendo lo mejor en el último y especialmente en el dúo final con Maddalena. Si no se corrige este pronunciado vibrato, su futuro estará comprometido.

Maddalena di Coigny era la soprano americana Julianna Di Giacomo, que ofreció una voz amplia, adecuada para el personaje, aunque su instrumento no es particularmente atractivo. Hay en su canto una cierta monotonía por escasez de colores en su voz. Sobre todo tuvo el gran problema de tener que luchar con el recuerdo de Sondra Radvanovsky el día anterior.

El barítono americano Michael Chioldi fue un buen Carlo Gerard. La voz es amplia y bien timbrada, corriendo con suficiencia. Tiene tendencia a abrir sonidos, lo que fue evidente en su interpretación de Nemico della Patria. Era su debut en el Liceu.

La nueva Bersi era la mezzo-soprano Gemma Coma-Alabert, que no pasó de la corrección.

La mezzo-soprano rusa Elena Zaremba fue la nueva Madelón y mostró una voz amplia y bien timbrada todavía, aunque también ofrece un pronunciado vibrato.

Jorge de León y Julianna di Giacomo

El resto de personajes fueron interpretados por los mismos cantantes que el día anterior.

El Liceu ofrecía una entrada que no llegaría al 90 % de su aforo. El público se mostró cálido con los artistas durante y al final de la representación.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 31 minutos, incluyendo un intermedio y algunas paradas breves. Duración musical de 1 hora y 52 minutos, prácticamente igual que el día anterior. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 223 euros, habiendo butacas de platea entre 117 y 172 euros. La localidad más barata costaba 42 euros.

Fotos: A. Bofill

Un comentario

  1. Toni 14/03/2018 a las 09:06 - Responder

    Gran crítica Sr. Irurzun. Al Sr. DIVO por lo que cuenta, no tiene ni ha tenido nunca de los jamases, el timbre y el color soleado mediterráneo de los grandes tenores del pasado. Pero a día de hoy prima el marketing, y en la era del YouTube, es ¿¿ ?? que pudiendo catar degustar y comparar lo más reciente actual y lo mejor y variado del pasado del canto tenoril, se tengan los oídos tan poco educados para hacer ciertas valoraciones tan » efusivas » de una representación de Ópera o recital, cuando realmente no lo son.

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