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Por Publicado el: 30/11/2019Categorías: En vivo

Crítica: Shostakovich por todo lo alto con Jurowski

Shostakovich por todo lo alto

Obras de Britten, Mahler, Elgar y Shostakóvich. Vilde Frang, violín. Nicola Benedetti, violín. Orquesta Filarmónica de Londres. Vladímir Jurowski, director. Auditorio Nacional. Madrid, 27 y 28 de noviembre 2019.

Jurowski-Filarm-Londres

Dos programas densos y largos los últimos de Ibermúsica con casi dos horas y media de duración. En las primeras partes, sendos conciertos de violín poco populares. Los de Britten y Elgar son muy difíciles de tocar, con bastantes reiteraciones que los prolongan innecesariamente y limitadas otras posibilidades de lucimiento para los solistas que no sean las técnicas. Razones más que suficientes para justificar su escasa programación. La Filarmónica de Londres con su director principal al frente, Vladímir Jurowski, traían dos sinfonías de las potentes: la Quinta de Mahler y la Undécima de Shostakovich, ambas de alrededor de una hora de duración. De hecho, y muy especialmente en el caso de esta última, habría bastado previamente la adición de una breve pieza para permitir el acceso a la sala a los rezagados. Se trabaja durante el día y se llega con cierto cansancio a los conciertos, siendo una pena exigir el intenso esfuerzo de las citadas partituras de violín a públicos como el de Ibermúsica antes de las dos sinfonías capitales.  Pero claro, los londinenses habían de rendir homenaje a los compositores británicos. Bien es cierto que no existía esta única razón, pues Britten y Shostakovich compartieron preocupaciones por  las guerras que asolaron su tiempo vital. En particular las de Rusia y, curiosamente, la nuestra. Pero, en fin, éste es otro tema.

Mejor el Britten de Vilde Frang  que el Elgar de Nicola Benedetti, a pesar de que esta última concedió propina -donde sí pudo lucir fraseo- y la primera no. El de Elgar necesita un violinista de la talla de Kreisler, quien lo estrenó en 1910 con el propio compositor en el podio, o de un Menuhin, protagonista de una grabación histórica cuando contaba sólo dieciséis años y también bajo la batuta de Elgar.

Vladímir Jurowski es un director serio en conceptos y sobre el podio, que dirige con partitura, batuta y gestos tan precisos como económicos. Será el próximo titular de la Ópera de Munich en la difícil sucesión a Kirill Petrenko, aunque cuenta con el plácet de la orquesta. No fue su Quinta de Mahler una lectura de referencia, aunque reunió nivel, porque quedó algo epidérmica e incluso hubo sus más y sus menos en el ajuste y empaste orquestal. Tuvo vuelo raso el célebre adagietto y primó el efectismo sobre la intensidad expresiva de esta atormentada sinfonía.

Otra cosa fue “El año 1905”. Ésta si queda entre las referencias. Absolutamente ejemplar el juego de tensiones dramáticas, con una orquesta que parecía dibujar la calma opresiva de la Plaza del Palacio de Invierno o toda la teatralidad de la revolución del 9 de enero. Una exhibición virtuosística en lo instrumental y de profundidad en su contenido. Sinceramente, ¡qué pena no haber llegado este día al descanso para disfrutar únicamente a Shostakovich! Gonzalo Alonso

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